Educación: ¿ninguna posibilidad de acuerdo?

Un grupo de docentes en huelga corta la salida de la Ronda de Dalt
11/05/2026
2 min

Los docentes hacen este martes el primero de tres días de huelga general en un mes, a los que se añadirán otras jornadas de paros territorializados. Será el final de curso más educativa y organizativamente complicado en muchos años. Habrá que ver cuál es el seguimiento de los maestros y cómo se lo toman las familias. ¿Seguirán, los unos y los otros, el ritmo de unas protestas tan extensivas e intensivas, tan exigentes? Es verdad que hay un sentimiento de cansancio y decepción en el colectivo profesional que ha llevado a esta situación, pero resulta igualmente lógico y natural pensar que la mayoría desean el retorno a la normalidad: el clima de protesta también desgasta, y a medio plazo puede hacerse insostenible.

En cuanto al Gobierno, de momento, tras el acuerdo alcanzado con los sindicatos minoritarios del sector educativo (CCOO y UGT), no parece que tenga mucha capacidad presupuestaria para ir mucho más allá en la negociación ni ningún incentivo para sentarse en una mesa donde al otro lado hay una alternativa de máximos. El sindicato mayoritario, la USTEC, que lidera la protesta, afronta el conflicto con una cintura negociadora estrecha. Su portavoz nacional defiende en el ARA que solo un aumento mínimo de 400 euros mensuales por docente llevaría a desconvocar las huelgas.

La USTEC mantiene, pues, el pulso al ejecutivo de Illa, al que ve debilitado de cara al colectivo de maestros y de cara a la sociedad debido a la polémica infiltración de agentes de los Mossos d'Esquadra en una asamblea educativa de preparación de las protestas, y también por la entrada de agentes policiales de paisano en algunos centros conflictivos. En efecto, el Gobierno, en estos dos casos, ha actuado como mínimo de manera precipitada y se ha explicado muy mal.

Esto no ha hecho más que empeorar las cosas. El enquistamiento resulta tan evidente como preocupante. Si no se produce un giro de guion ahora mismo improbable, difícilmente habrá pax educativa antes del verano. Y con toda seguridad iremos hacia una reanudación de curso en septiembre en los mismos términos con que se habrá acabado este: confrontación laboral, huelgas, pérdida de días lectivos, frustración entre los maestros, impotencia de la administración, preocupación en las familias... Resulta difícil pensar que los resultados académicos no se resentirán. El clima enrarecido no ayuda a los maestros a hacer su trabajo ni a los chicos y chicas a tomarse en serio el aprendizaje. Es el peor escenario posible. ¿Hasta cuándo seguiremos en esta pendiente de confrontación sin horizonte?

La crisis educativa en Cataluña es profunda. Es, de hecho, una crisis global multifactorial –cambios tecnológicos, cambios de hábitos familiares, precarización social, pérdida de autoridad de padres y maestros, nuevas metodologías no siempre bien asumidas, etc.– que, sin embargo, en otras latitudes se está abordando con espíritu positivo y propositivo, pero que aquí, debido a la mezcla de las cuestiones laborales con las estrictamente educativas, nos está llevando a un callejón sin salida cada vez más peligroso. La espiral del conflicto no augura nada bueno.

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