Jerome Powell, un servidor público contra Trump

Nunca un presidente de la Reserva Federal se había visto obligado a grabar un vídeo para trasladar un mensaje dramático dirigido a la ciudadanía de Estados Unidos como el que ha hecho Jerome Powell esta pasada madrugada. En un país y en un entorno internacional en el que casi todo el mundo ha optado por plegarse a los deseos de Donald Trump o, al menos, intentar no enervarlo más de la cuenta, Powell ha decidido plantarle cara y decir la verdad, es decir, que la investigación federal que le han abierto por un supuesto desvío de fondos en unas obras de la institución no es más que un "y" el objetivo que deje de realizar su trabajo según sus conocimientos técnicos y se limite a hacer caso de los deseos del presidente.

Se trata de un enfrentamiento sin precedentes que afecta a la credibilidad de la política monetaria de Estados Unidos y, por extensión, a la de toda su economía. Lo que está en juego, según Powell, es "si la Fed será capaz de seguir estableciendo los tipos de interés en base a evidencias y condiciones económicas, o si en su lugar la política monetaria estará dirigida por la presión o la intimidación políticas". Debe tenerse en cuenta que la independencia política de la Fed, además de estar consagrada en la ley fundacional de 1913, ha sido siempre uno de los signos de identidad de la economía estadounidense. Es la forma que un país especialmente castigado por los pánicos financieros encontró para asegurar una política monetaria basada en objetivos claros (maximizar el empleo y controlar los precios) y libre de injerencias. Este pilar fundamental de la arquitectura económica norteamericana, y por tanto mundial, es el que ahora está en peligro. Y lo está porque Donald Trump no cree en el sistema de check and balances olos contrapesos en su poder. Actúa con la arbitrariedad de un monarca absoluto del siglo XVIII pero utilizando métodos que recuerdan las dictaduras de los años 30.

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Y ante ello, un funcionario honesto, que ha recibido el apoyo de los anteriores presidentes de la Fed, ha decidido no plegarse a sus deseos, negarse a seguir sus órdenes o dimitir, y declararse en abierta rebeldía contra quien pretende castigarle con la cárcel. Powell ha declarado que "el servicio público a veces exige mantenerse firme ante las amenazas", pero en el fondo su mensaje incluye una advertencia muy seria en la población estadounidense: si la Fed deja de hacer sus previsiones y de tomar sus decisiones de acuerdo con datos reales y con una metodología seria, toda la credibilidad del sistema económico estadounidense caerá.

Lo que dice Powell es que ya no se trata de estar a favor o en contra de Donald Trump, sino que según qué decisiones pueden condicionar el futuro económico del país durante años o décadas. Y eso sin entrar en el violentamente de la democracia y de las leyes que supone someter a un funcionario a una presión que, seguro, muchos no habrían soportado. Por eso, la integridad de Powell representa hoy un rayo de esperanza.