Mejores salarios significan mejores pensiones
Es evidente que un nivel salarial alto y una carrera laboral larga se traducen en unas pensiones más elevadas o como mínimo suficientes para una vida digna después de la etapa de vida activa. Y más si las prestaciones públicas, que tienen un tope, se actualizan en relación al índice de precios de consumo (IPC). Hay un elemento importante que explica una buena parte de la evolución que han experimentado las prestaciones en los últimos años, y es la desaparición del antiguo índice de revalorización, que limitaba las subidas al 0,25% anual. Este tope que estableció el gobierno de Mariano Rajoy (PP) hacía que la remuneración que recibían los pensionistas quedara congelada en términos reales, es decir, que no ganaran poder adquisitivo, sobre todo en las etapas en las que la inflación era más elevada. Una vez el gobierno de Pedro Sánchez (PSOE) recuperó en 2022 la revalorización en relación al IPC –que se calcula en noviembre de cada año respecto al de un año atrás con una subida que se aplica el enero siguiente–, la actualización anual ha mejorado.
La evolución durante las últimas dos décadas revela que las pensiones han ganado poder adquisitivo en el total del período, aunque algunos años no lo han hecho. En concreto, se han duplicado en estos 20 años. Y han superado a lo largo de este período los salarios, que han sufrido aún más años de pérdida de valor en relación al índice general de precios, especialmente en las etapas de la crisis después de 2008 y con las consecuencias de la pandemia de la covid. Lo que es cierto es que la incorporación como pensionistas de los baby boomers –la población nacida entre finales de los años 50 y mediados de los 70 del siglo pasado– tiene un importante impacto en el sistema de prestaciones públicas.
Se trata de personas que formaron parte de un boom demográfico y que además han tenido una larga vida laboral y salarios elevados durante la parte final de su vida activa, lo que pesa en el cómputo de la pensión que se cobrará. De aquí que la pensión media de las nuevas incorporaciones en julio se disparara hasta los 1.707,23 euros, lo que supone una proporción mayor del salario medio que la que supone la prestación media del sistema (1.574,9 euros), que también crece a consecuencia del incremento del número de nuevos beneficiarios, según se desprende de los datos facilitados por la Seguridad Social.
Lo que revelan los datos es que solo con unas vidas laborales largas y estables y con unos niveles salariales (los salarios, a diferencia de las pensiones, no tienen topes) que ganen poder adquisitivo se fortalecerá el sistema de prestaciones públicas de jubilación. La precarización laboral, la inestabilidad en los puestos de trabajo y la apuesta por unos salarios bajos que no permiten ni comprar ni alquilar una vivienda solo empequeñecerán un modelo que nació con vocación de solidaridad intergeneracional. Los trabajadores en activo pagan a través de las cotizaciones sociales en sus nóminas las pensiones de los que se jubilan y generan los derechos futuros a recibirlas.