¿Cómo podemos hacer rentable la gestión de los bosques?
BarcelonaA menudo cuando vemos fotos antiguas de pueblos de montaña hay algo que nos llama la atención: se ven muchos menos árboles que ahora. En efecto, hasta mediados del siglo XX la madera era el combustible principal que calentaba las casas y había todo un sector económico que se dedicaba a ello. Con el cambio de paradigma energético y la introducción de los combustibles fósiles y la electricidad, el bosque y la madera dejaron de ser negocio, y el resultado es que la masa forestal se ha multiplicado de tal manera que hoy ocupa el 70% del territorio en Cataluña. Se consume menos madera y, además, la que se consume es mayoritariamente de fuera, en concreto un 80%.
Ante estos datos, y con la experiencia de los devastadores incendios que este verano han afectado el Empordà y Castellón, además de otros puntos de España, como Madrid y Andalucía, y de Europa, la pregunta es obligada: ¿es posible aumentar el consumo de madera autóctona con el objetivo de mejorar la gestión de los bosques y extraer combustible potencial para el fuego? La respuesta a esta pregunta no es sencilla. Primero porque hay que asumir que si la madera se importa es porque la de fuera es más barata; por lo tanto, aquí haría falta algún tipo de subvención para no repercutir el precio en el consumidor. Y segundo porque ahora mismo el sector de la madera, y en consecuencia los recursos que destina la Generalitat, es relativamente pequeño, de manera que haría falta un cambio de paradigma importante, del cual la administración debería ser la principal fuerza tractora.
El cambio debe venir en dos direcciones: del lado de la producción y del lado del consumo. Los expertos señalan que se podría multiplicar el uso de biomasa para calentarnos, empezando, por ejemplo, por las escuelas y otros edificios oficiales que hoy consumen gas u otros combustibles fósiles. Pero también en las casas particulares. Solo si hay demanda de un producto se podrá montar –o en este caso recuperar– un sector a su alrededor. Y aquí es donde todos nosotros, como consumidores, podemos incidir.
En todo caso, es evidente que si queremos tener unos bosques gestionables debemos hacerlos también rentables y, por tanto, habitables para la gente que quiera dedicarse a ello. Las grandes masas forestales pueden ser agradables a la vista o para las fotos, pero son una bomba a punto de explotar en un contexto de subida de las temperaturas a causa del cambio climático. La apuesta por el sector forestal también tiene muchas otras ventajas que la hacen especialmente necesaria: fija a la gente al territorio y reequilibra la economía.
Es muy improbable que en el futuro vuelva a haber tantos pastores como antiguamente, ni un campo con tantos campesinos, pero debe haber suficiente gente trabajando en el territorio para que este no se deteriore y pase de ser una postal a convertirse en una amenaza para los mismos humanos y toda la flora y fauna que habita en él. Consumir madera catalana puede parecer un eslogan fácil, pero a la larga es probable que se convierta en una necesidad medioambiental.