Cómo revertir las listas de espera
En un contexto de creciente presión poblacional –en la Cataluña de los 8 millones, cada año se suman 100.000 nuevos usuarios al sistema médico–, hoy en nuestro país hay más de 200.000 personas a la espera de una operación, más de 200.000 pendientes de una prueba y más de 500.000 haciendo cola para una primera visita con un especialista. Estas cifras, a las que ha tenido acceso el ARA, ya hablan por sí solas, pero para evaluar realmente la magnitud de la cuestión hay que fijarse es en el tiempo de espera.
En el caso de intervenciones importantes, después de la covid-19 se ha hecho un esfuerzo notable, de manera que, de las personas que tienen que pasar por quirófano, solo 1.318 llevan más de un año esperando. Estamos, pues, en porcentajes similares a los del 2019. En cambio, lo que ocurre con las pruebas diagnósticas y con las visitas al especialista es bastante más grave: los catalanes esperamos de media 80 días en el primer caso y 102 días en el segundo, cuando el tiempo máximo fijado es de 30 días si es un caso de prioridad preferente y de tres meses si es prioridad ordinaria. En la actualidad, las especialidades más saturadas son alergia, otorrinolaringología, urología y traumatología. Los testimonios que recogemos en el dossier del diario son expresivos de las contraindicaciones médicas y psicológicas que en muchos casos comporta tanto tiempo de demora.
Es verdad que el sistema catalán es bastante transparente en cuanto a la información sobre las listas de espera, cosa que no ocurre en otras latitudes del Estado, en especial en Madrid, donde impera la opacidad. Las cifras de Ayuso no son creíbles. Hay que recordar que, durante la pandemia, la notificación de contagios y defunciones relacionados con la covid ya levantó polvareda, con Madrid de nuevo como epicentro de la polémica. El maquillaje de datos sigue a la orden del día: es una tomadura de pelo y una falta de respeto a los enfermos.
Así pues, el hecho de que Cataluña sea la comunidad más exhaustiva a la hora de contabilizar sus déficits de atención a los pacientes tiene más que ver con una notable falta de transparencia de los demás que con la realidad factual: quien más declara puede parecer que es quien peor funciona. Todo indica que no es así. La sospecha es que el recuento de algunas comunidades deja mucho que desear. Pero hacer valer el "y tú más" no resulta nada consolador.
Sea como sea, hay que poner remedio a la situación. ¿Cuál es la solución a este problema enquistado? Como resulta bastante evidente, y atendiendo a la queja recurrente de los profesionales, el camino de salida en buena parte pasa por un incremento de los recursos humanos y económicos. El sindicato Metges de Catalunya hace tiempo que alerta de la falta de profesionales en el sistema. También resulta evidente la necesidad de fortalecer la atención primaria y, en paralelo, la coordinación entre los CAP y los hospitales. Estamos, en conjunto, ante un sistema sanitario que vive en tensión por la demanda y que, por tanto, hace tiempo que exige una transformación que no acaba de llegar.
Lo que hace falta, pues, es ponerse manos a la obra para fortalecer el sistema y revertir las esperas. Y no solo para responder médicamente como es debido a la ciudadanía, sino también para garantizar el prestigio de la sanidad pública catalana, que ahora mismo empieza a tambalearse.