Por qué son tan importantes las elecciones de Hungría
Referente y aliado de Putin y Trump en Europa, y figura clave de la extrema derecha continental antieuropeísta y antiinmigración, Viktor Orbán es mucho más que una incomodidad para la Unión Europea: es el enemigo interno que ha puesto en duda los valores fundacionales de la UE y ha cortocircuitado su sistema de gobernanza por unanimidad. Su eventual derrota este domingo en las urnas supondría, pues, un respiro y una inyección de confianza europeísta, tanto para dejar claro a Rusia el apoyo a Ucrania como para mostrar al presidente estadounidense los límites de su influencia en el Viejo Continente y, en tercer lugar, para desinflar el auge ultra.
Pero, a pesar de las encuestas favorables al opositor Péter Magyar y su partido, Tisza, la verdad es que cuesta creer que Orbán pueda perder: hace dieciséis años que ostenta un poder cada vez más personalista, ha extendido su clientelismo a todos los terrenos –incluido, por supuesto, el mediático– y ejerce un férreo control sobre el país. Por tanto, habrá que esperar a la tarde de este domingo para ver si se ha producido el milagro o si la empobrecida población rural –como en Cataluña o España, el sistema electoral no es proporcional y da más peso a las pequeñas poblaciones– y los 600.000 exiliados con derecho a voto –sobre un censo de 8 millones– salvan al primer ministro y siguen votando a su partido, Fidesz, que hasta ahora ha obtenido supermayorías.
En cualquier caso, el optimismo en Bruselas es prudente. Entre otras cosas porque, incluso en la eventualidad de un cambio, Magyar tampoco es para tirar cohetes. No queda claro que el líder opositor, si llega al poder, se distancie más de Moscú que Orbán, ni que esté dispuesto a dar apoyo a Kiev o a combatir de verdad el euroescepticismo tan arraigado entre la ciudadanía de su país. Habrá que ver dónde se sitúa. Difícilmente puede ser más duro que Orbán, pero tampoco se le puede esperar una sintonía con Bruselas. Ahora mismo, Budapest ya no está sola en su disidencia y cuenta con la compañía de países como Eslovaquia y Chequia.
El caso es que la guerra de Ucrania ha tenido un protagonismo notabilísimo durante la campaña, con Orbán calificando a Zelenski de "peligroso" y haciéndolo salir en los carteles incluso más que a él mismo. No hay nada como elegir a un buen enemigo. ¿Por qué Zelenski? Pues porque en la Hungría de Orbán, porque él así lo ha cultivado, hay mucho miedo: miedo a la guerra, miedo a Putin –más vale tener a los rusos de amigos–, miedo a perder subsidios, miedo a la inmigración... El miedo manda. La mayoría de ciudadanos entrevistados por la enviada especial del ARA, Núria Vila, también tienen miedo de dar su nombre. El estado de derecho húngaro se ha debilitado mucho. El autoritarismo populista de Orbán, basado en una combinación primaria de cristianismo conservador y fútbol, ha cambiado la sociedad: en función del resultado electoral, veremos hasta dónde ha llegado esta transformación y hasta dónde es reversible.
Las elecciones de Hungría son, por tanto, muy relevantes. Este domingo, el país se juega la posibilidad de poner fin a la era Orbán e iniciar un cambio de rumbo, ni que sea tímido, y Europa se juega la posibilidad de poner freno al avance de la ultraderecha, de reforzar la defensa de Ucrania y, de paso, de enviar un mensaje tanto a Putin como a Trump.