El aumento del precio de la vivienda se extiende como una mancha de aceite
BarcelonaHace muchos años que se habla del encarecimiento del precio de la vivienda, sobre todo en la ciudad de Barcelona, pero ahora los datos demuestran que este aumento se ha extendido como la pólvora por todo el territorio. De hecho, si analizamos el crecimiento del precio del metro cuadrado por municipios en los últimos 10 años, Barcelona se sitúa por debajo de la media, que es del 63%, con un 61,5%. ¿Y cuáles son los municipios donde más ha crecido? Pues aquí nos encontramos con sorpresas como Badia del Vallès, donde los precios se han disparado un 168% a causa, sin embargo, de la entrada de muchos pisos protegidos al mercado libre. Y después habría casos como los de Argentona (120%), Viella (112%), Arenys de Munt (110%), Montmeló (106%) y Sant Cugat (101%).
Lo que nos dicen los datos es que el crecimiento se ha notado más en lugares en los que en 2015 el precio era más barato que la media (Badia, Argentona, Montmeló, etc.) y que en los últimos años ha recibido población de lugares donde la vivienda era más cara, ya sea de Barcelona o de ciudades como Mataró, y en otros que son destinos turísticos con mucha segunda residencia (Viella) o que se han especializado en segmentos de alto poder adquisitivo (Sant Cugat). Esto es así porque Cataluña es, a pesar del efecto arrastre de una gran capital mediterránea como Barcelona, un país policéntrico, con una red de ciudades de más de 100.000 habitantes con sus respectivas áreas metropolitanas que, por un lado, reciben población barcelonesa expulsada por los precios y, por otro, expulsan a la propia hacia poblaciones más pequeñas. Es este efecto cadena el que está provocando una subida generalizada de precios en todo el territorio.
De aquí la importancia de una buena planificación a la hora de construir las 200.000 viviendas que prometió Salvador Illa en su discurso de investidura. Hay que identificar las zonas con más demanda y con potencial de crecimiento para evitar que la gente tenga que marcharse de sus barrios, alejarse de los centros de trabajo y pasar a utilizar una red de transporte público que es totalmente insuficiente. Las políticas de contención de los precios del alquiler son necesarias pero están teniendo un efecto limitado en una Cataluña que no se había preparado adecuadamente para el actual crecimiento demográfico.
Siempre ha habido zonas y poblaciones especialmente caras y codiciadas por el sector inmobiliario, pero se combinaban con otras que, a cambio, mantenían un precio relativamente bajo en la Cataluña interior y en el área metropolitana. Y esto ofrecía una vía de salida a personas que, por algún motivo, sufrían una sacudida económica. Lo que hay es un proceso de gentrificación a gran escala, impulsado tanto por la llegada de recién llegados como por el tirón internacional de la marca Barcelona, que ahora se puede multiplicar por el efecto Sagrada Familia.
La parte positiva es que hay consenso político sobre el hecho de que el acceso a la vivienda es el gran reto que afronta la sociedad catalana. La negativa es que no hay los consensos necesarios para alinear a todos los actores involucrados.