El acuerdo con Irán no es ninguna victoria para Donald Trump
BarcelonaA medida que pasan las horas y se filtran más detalles sobre el memorándum acordado entre Irán y Estados Unidos, parece más claro que se trata de una victoria de la diplomacia persa sobre la norteamericana. El acuerdo, que se firmará el viernes, ha sido recibido con alegría por los mercados porque prevé la reapertura inmediata del estrecho de Ormuz al tránsito de petroleros, pero la letra pequeña deja a Donald Trump en muy mal lugar. Solo hay que ver la reacción de los medios israelíes, que lo consideran prácticamente una rendición ante el régimen de los ayatolás.
Según se ha sabido, el acuerdo incluye el cese de las operaciones de Israel en Líbano, el levantamiento del bloqueo naval, un plan para que Irán pueda acceder a 300.000 millones de dólares para reconstruir los daños provocados por la guerra, la suspensión de las sanciones a la exportación de petróleo, la liberación de 24.000 millones de fondos iraníes que estaban congelados en el extranjero y la retirada de las fuerzas norteamericanas desplegadas alrededor del golfo Pérsico. A cambio, Teherán reafirma su compromiso de no fabricar armas nucleares y se abre un período de 60 días para pactar los detalles de lo que todo apunta que será un acuerdo muy similar al que firmó Barack Obama en 2015.
¿Para llegar a este punto, hacía falta poner todo Oriente Medio patas arriba y provocar una crisis del petróleo y una subida generalizada de precios en todo el planeta? El problema para Trump es que ahora, además de convencer a su opinión pública de que todo ello ha valido la pena, tendrá que buscar la manera de obligar a su supuesto aliado, Benjamin Netanyahu, para que se retire de Líbano. Netanyahu ya se ha apresurado a decir que no está de acuerdo con el plan y que no piensa retirarse del sur del país vecino mientras no tenga garantías de que Hezbollah ha sido desarticulado. Y, de hecho, tampoco está claro que la guerrilla chií obedezca ciegamente las órdenes de Teherán. Todo ello dibuja un escenario muy inestable, una paz frágil, y un dirigente, Donald Trump, que busca desesperadamente la manera de salir del avispero en el que él mismo se metió el pasado febrero.
Para empezar, nadie cree que los 60 días que se han dado las partes para llegar a un acuerdo sobre la cuestión nuclear sean suficientes. Obama y la UE necesitaron más de un año para perfilar un pacto que tiene una elevada complejidad técnica. Aun así, el memorándum dice que este período se puede prorrogar indefinidamente y que durante todo este tiempo no podrá haber ningún tipo de ataque. Es decir, el régimen teocrático iraní tiene ahora la sartén por el mango y aprovechará la situación de fuerza obtenida en el campo de batalla para reforzarse internamente. Muy lejos quedan las palabras de Trump, al inicio de la guerra, cuando dijo que exigía una "rendición incondicional" de Irán. Y se confirma el error de cálculo de pensar que este conflicto podría tener una resolución al estilo Venezuela y colocar un gobierno títere en Teherán. Trump ha chocado con la dura realidad de Oriente Medio y, además, se ha distanciado de quienes eran sus grandes aliados en la región: Israel y las monarquías del Golfo.