¿Quién nos dice qué comer? Los estudios de nutrición se reivindican en la era de los algoritmos
En medio de consejos virales, mitos alimentarios y recetas generadas con IA, el grado universitario en Nutrición Humana y Dietética y los másteres en Nutrición se consolidan para formar profesionales de la salud y de la comunicación, más especializados y preparados para distinguir la evidencia científica del ruido digital
Coges el móvil y entras a TikTok. Una influencer señala un yogur a cámara y dice que parece saludable, pero que en realidad es un engaño de la industria. Un creador de contenido asegura que el ayuno intermitente le ha cambiado la vida. Otro vídeo de treinta segundos convierte el gluten en el gran enemigo a batir. Acabas de mirarlos, cierras la aplicación, te sientas al ordenador y abres una herramienta de inteligencia artificial para que te prepare una dieta hecha a medida. Nunca habíamos recibido tantos mensajes sobre qué conviene comer, qué hay que evitar y cómo hay que hacerlo. Pero, en medio de esta avalancha de información, distinguir la evidencia científica del ruido digital se ha convertido en una tarea cada vez más compleja.Esta situación no es anecdótica. Un análisis impulsado por Dublin City University y MyFitnessPal sobre más de 67.000 vídeos de TikTok concluyó que solo un 2,1% del contenido sobre nutrición se ajustaba a las directrices de salud pública y nutrición. Es en este contexto que la formación de grado y de postgrado en nutrición se reivindica, principalmente en el entorno de las profesiones sanitarias. Si la base para ejercer es el grado en Nutrición Humana y Dietética, los másteres permiten profundizar en ámbitos cada vez más complejos, como la nutrición personalizada, la nutrición deportiva, la salud pública o la alimentación y la salud planetaria. En Cataluña, las universidades públicas ofrecen diversas posibilidades en estos ámbitos.El reto de los mitos y las pantallas
En las consultas de dietistas-nutricionistas, hace tiempo que se detecta el impacto de las redes sociales y la IA. “Percibo una sociedad con más información nutricional, pero también más confusión, donde los pacientes tienden a reaccionar de manera polarizada: o adoptan dietas extremas, o están bloqueados ante cualquier cambio”, resume Mar Gassó, dietista-nutricionista en el BCN Diabetes & Endocrine Institute (IBADE). Según explica, en los últimos años estos hábitos incluso “se han radicalizado”, y hay personas que restringen grupos de alimentos o tienen menos miedo a dietas milagro.
A la vez, cada vez ve más pacientes que llegan a consulta con autodiagnósticos o recomendaciones obtenidas a través de herramientas de inteligencia artificial, “poco personalizadas y, en muchos casos, incorrectas”. En este contexto, añade, una parte creciente del trabajo de los profesionales ya no es solo pautar una dieta terapéutica o dar recomendaciones nutricionales, sino también deshacer malentendidos: “Una parte fundamental de nuestro trabajo es la educación nutricional, pero también invertimos mucho tiempo de consulta en desmentir mitos, fomentar el pensamiento crítico y ayudar a las personas a discernir entre información rigurosa y pseudociencia”, apunta.Pero la desorientación alimentaria no se queda en la consulta: también afecta al conjunto de la sociedad. En este sentido, Gemma Salvador, dietista-nutricionista de la Agencia de Salud Pública de Cataluña, recuerda que “casi el 80% de la salud de las personas viene determinada por los entornos y los estilos de vida”. Por eso, asegura que la alimentación no se puede entender solo como una decisión individual, sino también como una cuestión atravesada por el contexto social, económico y educativo. Salvador insiste, además, en que los hábitos saludables se deben trabajar “desde la primera infancia” y no solo en la escuela, sino también con las familias y en otros espacios de socialización. En este marco, defiende que disponer de profesionales formados específicamente en nutrición humana y dietética en los equipos de atención primaria de salud “ha representado un gran avance para el entorno sanitario”.Un perfil cada vez más transversal
Más allá de la consulta privada, los dietistas-nutricionistas han ido ganando presencia en ámbitos como la atención primaria, los hospitales, los centros escolares, la investigación y los organismos de salud pública. De hecho, tal como recuerda Gemma Salvador, Cataluña es pionera en incorporar estos profesionales a la atención primaria, junto a otros perfiles como fisioterapeutas o referentes de bienestar emocional. Pero no es solo una cuestión de salidas laborales. En paralelo, la nutrición se ha ido convirtiendo en un campo más complejo, atravesado por nuevos debates sobre microbiota, metabolismo, sostenibilidad, personalización de las dietas y cambio de conducta. Es en este doble contexto que los másteres se han consolidado como una vía de especialización para afinar conocimientos y orientar mejor el perfil de los profesionales de la salud.
Así lo defiende Anna Arola, coordinadora del máster interuniversitario en Nutrición y Metabolismo (URV y UB), que recuerda que hoy “sabemos que la nutrición va mucho más allá de cubrir necesidades energéticas o evitar déficits” y que tiene “un impacto directo en procesos moleculares y metabólicos que influyen en la salud”. En los últimos años, explica, han cobrado importancia cuestiones como el papel de la microbiota intestinal, la relación entre dieta y salud mental, o la idea de que no solo importa qué comemos, “sino también cuándo comemos”. Todo ello, apunta, obliga a formar profesionales de la salud capaces de entender esta nueva complejidad y convertirla en herramientas útiles para mejorar la comunicación y la atención a la ciudadanía.Una mirada similar, pero con un acento más sistémico, es la que plantea Anna Bach-Faig, directora del máster universitario de Alimentación Saludable y Sostenible de la UOC. Según explica, en la última década este ámbito “ha pasado de una mirada principalmente clínica a un enfoque de salud planetaria, que conecta la salud de las personas con la de los ecosistemas y los sistemas alimentarios”. Por ello, defiende, hoy ya no es suficiente con dominar la bioquímica de un nutriente: también hace falta entender de estrategias educativas, cambio conductual, cultura alimentaria, políticas públicas y comunicación. En este sentido, sostiene que los estudios de posgrado en nutrición deben servir para formar profesionales capaces de abordar la alimentación “no solo” desde lo que comemos, “sino cómo y con qué impacto sobre la salud humana, la comunidad y el medio ambiente”.El valor de la especialización
En este contexto de desinformación, la utilidad de los másteres en nutrición no se explica solo por el aumento de salidas profesionales o por la sofisticación científica del campo, sino también por la necesidad de afinar criterio. “La especialización es una de las cosas que realmente marca la diferencia profesional”, sostiene Mar Gassó. De hecho, recuerda que, “como pasa en medicina”, las nutricionistas a menudo también derivan pacientes según su especialidad, porque “es imposible dominar todos los campos de la nutrición”. La dietista-nutricionista de IBADE defiende que los másteres y postgrados aportan un valor diferencial claro porque permiten profundizar en ámbitos concretos y abordar los casos con más seguridad y eficacia. Todo ello, en una época en la que también “es imprescindible desarrollar pensamiento crítico para discernir la evidencia del marketing”, señala.Gemma Salvador, de la Agencia de Salud Pública de Cataluña, profundiza en este último aspecto: detrás de muchos mensajes sobre alimentación también hay intereses comerciales. “La nutrición es una ventana de negocio muy grande”, advierte. Por eso insiste en la importancia de que quien orienta a la ciudadanía sobre alimentación y salud esté “formado y acreditado”. En este punto, la idea es clara: la base profesional es el grado en Nutrición Humana y Dietética; los másteres llegan después, como vía de especialización. Como resume Gassó, “ser nutricionista hoy implica mucho más que dar pautas dietéticas”.