Nos gustan las explicaciones simples: “Empecé a usar un anticonceptivo hormonal y dejé de tener ganas de sexo”. Pero el deseo es probablemente uno de los fenómenos más complejos de la sexualidad humana. Influyen las hormonas, sí, pero también el estrés, la calidad de la relación, la salud mental, la carga mental, el descanso o el momento vital.
Durante años hemos normalizado el hecho de que las mujeres tomemos hormonas casi sin cuestionárnoslo –porque, claro, los métodos anticonceptivos hormonales solo existen para nosotras–. La píldora a menudo se ha recetado con un entusiasmo sorprendente, no solo como anticonceptivo, sino también para regular los ciclos, tratar el acné o aliviar los dolores menstruales. Ha sido una herramienta fundamental para la autonomía de muchas, pero eso no quiere decir que no podamos preguntarnos cómo nos afecta.
Es evidente que los anticonceptivos hormonales pueden influir en la libido. Hay mujeres que notan una pérdida importante del deseo, otras que no perciben ningún cambio y otras que, precisamente, disfrutan más del sexo porque desaparece el miedo a un embarazo no deseado o el dolor. Cada cuerpo responde de manera diferente.
El problema es que durante demasiados años muchas mujeres que experimentaban estos cambios no se sentían escuchadas. Y ahora corremos el riesgo contrario: pensar que cualquier bajada del deseo es culpa de las hormonas, y tampoco es eso.
De esta manera, siempre que las circunstancias lo permitan, os animo a observar cómo os sentís, preguntaros qué os funciona y qué no, y tomar decisiones de manera consciente. Durante demasiado tiempo otras personas han decidido sobre nuestros cuerpos. Quizás ha llegado el momento de recordar que las máximas expertas en vuestro cuerpo, vuestro placer y vuestro deseo sois vosotras. Y eso también es salud sexual.