Cuerpo y mente

Homero ya hacía terapia: la 'Odisea' como mapa de una mente herida

La psicóloga clínica Sam Akbar hace una relectura del viaje de Ulises como una teoría viva sobre trauma, resiliencia e identidad

.
13/07/2026
4 min

¿Qué nos enseña Homero sobre la psicología humana? Este es el punto de partida de Mentalidad Odisea (Kitaeru), escrito por la doctora Sam Akbar. El libro nace de su doble experiencia: la de filóloga clásica formada en Oxford y la de psicóloga clínica que ha trabajado durante años con personas supervivientes de violencia extrema.

Durante mucho tiempo, estas dos disciplinas le parecieron completamente separadas, pero fue cuando se sentó a escribir el libro que se dio cuenta de que siempre habían estado relacionadas. “Cuanto más lo miraba, más veía que es la psicología moderna la que ha ido a remolque de Homero, y no al revés. Toda gran literatura tiene una gran psicología en su núcleo”, remarca.

En este sentido, en la Odisea se describe la mente humana con una precisión clínica sorprendente. Akbar lee conceptos que hoy ocuparían manuales enteros de psicología: aceptación radical, crecimiento postraumático, terapia narrativa, regulación emocional. Para ella, Ulises llorando en la playa no es solo una escena épica: es la imagen de un hombre desbordado que aún no ha podido integrar en su interior toda su experiencia.

“El héroe perfecto es psicológicamente inútil”, afirma. Y aquí es donde el relato de Homero rompe con la narrativa clásica de la fortaleza. Ulises no es fuerte porque no cae, sino porque cae de manera repetida y, a pesar de todo, sigue adelante. Es polytropos, dice Homero: múltiple, contradictorio, inestable. Un hombre capaz de sabiduría y de destrucción a la vez.

Este es un punto central en la lectura que Akbar hace de la resiliencia. En su experiencia clínica, trabajando con personas que han vivido guerras, torturas o desplazamientos forzados, la supervivencia no tiene nada de épica individual. “Lo que sostiene a las personas no es una fortaleza interior excepcional, sino la conexión con los demás”, asegura.

La Odisea, leída así, deja de ser la historia de un héroe solitario para convertirse en una red de vínculos: los feacios que escuchan, Atenea que guía, Penélope que mantiene en pie Ítaca, Telémaco que sostiene. “Los antiguos griegos ya sabían aquello que a menudo olvidamos: que somos más fuertes con aliados, y que la curación pasa en la relación entre nosotros, no en soledad”, afirma. Por otra parte, la xenia, la hospitalidad sagrada hacia el extranjero, aparece como una categoría moral y política que atraviesa siglos.

Volverse a conocer

Otro de los puntos del poema homérico es el regreso a casa, el nostos, que la tradición ha leído como un final feliz. Pero desde el punto de vista clínico, este regreso se parece más a una desorientación que a una reconciliación. “Cuando Ulises llega a Ítaca, ni él mismo reconoce el lugar ni el lugar lo reconoce a él”, apunta. No hay restauración del antiguo yo, sino confrontación con una identidad que se ha transformado.

Aquí aparece una idea clave de la psicología contemporánea: la integración de la identidad. Volver no es recuperar lo que éramos, sino aprender a vivir con lo que nos hemos convertido. En este sentido, el viaje de Ulises no es solo geográfico, sino interno: una excavación lenta y dolorosa dentro de uno mismo.

El libro también dialoga con otra tensión de nuestros tiempos: la promesa de confort y la pérdida de sentido. Akbar asegura que el burnout, la ansiedad y la desconexión no son signos de debilidad, sino consecuencias previsibles de vivir en un mundo que ofrece constantemente lo que en el libro llama el efecto Calipso: el confort seductor de una vida que parece perfecta desde fuera, pero que nos exige renunciar a nuestro yo auténtico. “Ulises es miserable en el paraíso, llora en una hermosa isla con una diosa inmortal, porque lo que parece una vida ideal no tiene nada que ver con quién es realmente ni con lo que le importa”, apunta. Esta imagen nos ayuda a entender por qué conseguir lo que “tenías que querer” puede dejarte vacío por dentro.

Aceptar lo que deba ser

Por otro lado, el dolor es inevitable, pero el sufrimiento surge cuando nos resistimos a ese dolor. Ulises lo ejemplifica en la Odisea cuando dice “que esto también venga”, una actitud de apertura radical a lo que deba ser. En la práctica, el trabajo de Akbar con los pacientes consiste en identificar qué está realmente bajo nuestro control y redirigir ahí la energía, empezando por cosas pequeñas: como Ulises, que responde a su impotencia construyendo una barca con sus propias manos. “No hay solución total, pero sí acciones posibles”, remarca.

El poema homérico también nos enseña que la búsqueda de una decisión perfecta sin costos es una forma de parálisis. El episodio de Escila y Caribdis es central porque no hay una solución elegante: Ulises debe elegir entre una pérdida limitada y previsible –seis hombres devorados por Escila– o el riesgo de destrucción total si se acerca a Caribdis. No hay tercera opción. “Algunas situaciones solo ofrecen diferentes tipos de pérdida, por tanto, la parálisis por buscar una opción sin costo es la peor decisión posible”, dice Akbar. Solo los valores son lo que permiten orientarse.

Al final, la Odisea nos habla de muchas congojas de nuestro tiempo: la incertidumbre, el agotamiento prolongado, la tentación de quedarse en la seguridad de lo conocido en lugar de arriesgarse. Y no son sentimientos nuevos. Son, como ya entendía Homero, la condición permanente de ser humano. “Y el hecho de tener un poema de hace tres mil años que los describe con tanta precisión es, en sí mismo, una fuente notable de consuelo”, concluye la autora.

stats