La desconexión informativa se dispara
En una década se ha agravado la fatiga por la actualidad que empuja a muchas personas a dar la espalda a las noticias y ya afecta al 42% de la población
BarcelonaHace diez años solo un 5% de las personas declaraban estar poco o nada interesadas en las noticias, pero en tan solo una década el porcentaje se ha triplicado hasta el 15%. Si se miran específicamente las cifras españolas, se ha pasado del 1% de 2016 al 10% de este año. Son datos de la macroencuesta del Reuters Institute, que también preguntaba cuánta gente desconecta de las noticias a menudo o alguna vez: del 29% se ha subido al 42% (y del 26% al 37% en el caso español). Todo ello evidencia que cada vez más una parte sustancial de los ciudadanos deciden dar la espalda a la actualidad. Es lo que se llama fatiga informativa, que tiene afectaciones en la salud democrática de los países y, comprensiblemente, se ha convertido en uno de los principales quebraderos de cabeza para los medios de comunicación.
De hecho, según este informe, el 80% de españoles de entre 18 y 24 años aseguraban en 2016 que en la semana precedente habían consumido noticias en páginas web. Ahora ya solo lo hacen un 38%. Se podría pensar que los consumos se han mudado a otras ventanas (y pantallas), pero esto por sí solo no explica este cambio brusco: también bajan –aunque sea en grado más reducido– la televisión, la radio e incluso las redes sociales. Solo suben los pódcasts y los servicios de IA, pero alcanzan unos porcentajes que no compensan las caídas de los medios tradicionales. En la era de los contenidos, la información cotiza paradójicamente a la baja.
Cataluña no sale recogida específicamente en el informe del Reuters Institute, pero los estudios locales sobre la materia sugieren que este fenómeno global también afecta a los jóvenes de aquí. La cátedra Futuros de la Comunicación de la UPF –en la que participa el ARA– impulsó una investigación que incluía una encuesta a 1.060 personas de entre 18 y 24 años con el objetivo de detectar cuáles son los factores que empujan a desconectarse de las noticias. El argumento más repetido en estas franjas de edad es que si algo es importante ya te lo encuentras gracias a los algoritmos que te ponen delante lo que (consideran que) te interesa. Con menos importancia, los jóvenes también consignan como factor la sensación de sobrecarga por el exceso de noticias y el impacto sobre la salud mental y emocional por la acumulación de noticias desagradables o crispadas.
No todas las perspectivas son funestas, sin embargo. La crisis de confianza en los medios y los periodistas, que era uno de los factores sugeridos, no es una de las respuestas más destacables, ni siquiera porque se trata de una generación que ya ha crecido apoyándose en las redes y sus recomendaciones automáticas para configurar su experiencia mediática. “Teniendo en cuenta que nuestros datos muestran que la confianza en medios y periodistas no predice la evitación entre los jóvenes, pensamos que con centrarse solo en recuperar confianza no es suficiente”, explica al ARA Laura Pérez Altable, coautora del informe.
Para la académica, hay diversas líneas de trabajo a partir de las cuales adaptar formatos, lenguajes y canales: “Deberíamos mitigar la sobrecarga informativa, ya que en la lucha por la atención, saturar acaba expulsando a la audiencia más joven. Se debe apostar por la curación y la jerarquización clara. También habría que trabajar la dimensión emocional, con periodismo constructivo o de soluciones, que no niegue la complejidad de los problemas, pero que integre avances e historias humanas dentro del relato para evitar la sensación de impotencia”.
Para Pérez Altable, la estrategia implica “tomarse en serio que el 50% de los jóvenes creen que la información relevante ya les llegará por las redes": "Esto obliga a tener una presencia estratégica y responsable en estas plataformas, combinada con pedagogía y educación mediática en las escuelas sobre por qué la mediación periodística aporta valor que el algoritmo no puede sustituir”, añade.
Un problema, muchas soluciones
Aunque el fenómeno de la desconexión informativa es global, las recetas para mitigarlo no tienen por qué ser tan compartidas. Esta es la opinión de Nic Newman, uno de los investigadores del Reuters Institute y autor principal del Digital News Report entre 2012 y 2025. “Es cierta la tendencia general, que vemos en casi todos los países, de ver cómo crece la proporción de gente que dice que evita las noticias –explica a este diario–. Pero los motivos son diferentes en cada país, aunque hay un factor que sí es universal, y es la sensación de negatividad: vivimos con la noción de que cada noticia es peor que la anterior, y eso hace que determinada gente intente racionar la cantidad de malas noticias que recibe”.
Esto tiene mucho que ver con la polarización que han alimentado las redes. Los algoritmos están diseñados para conseguir maximizar el tiempo de pantalla del usuario, y un ingrediente esencial para conseguirlo es provocarle alguna reacción visceral. “La polarización hace que haya gente desencantada de la política, que siente que el sistema ya no les funciona, y que como el debate es crispado decidan evitarlo”, dice Newman. “Esto es particularmente válido para los jóvenes, y lo vemos en países como Estados Unidos y el Reino Unido, donde hay niveles elevados de evitación de noticias, y hasta cierto punto también en España, que es un país políticamente polarizado. Nos encontramos gente que nos explica que evitan las noticias porque provoca discusiones”, añade.
No es cuestión solo del tono, sino también de volumen. De hecho, en los últimos años varios medios, incluido el ARA, han apostado por reducir la producción informativa en contra de la inercia dictada por las redes, para centrarse más en contenidos relevantes. Hay un tímido desplazamiento, en este sentido, de la manera de medir el éxito de un proyecto editorial: los medios que aspiran a vivir de los lectores más que de la publicidad ya no priorizan tanto el clic en bruto –volátil y susceptible de dopaje– como el tiempo de lectura. Estas estancias largas en la página del medio se consiguen concentrando los esfuerzos en hacer menos piezas pero que interpelen más.
“Si nos limitamos a hacer más podcasts, más newsletters, más noticias... todo este volumen abruma a la gente –dice Newman–. “Se trata de hacer un poco menos, pero con más sentido. Pero es un reto complicado, porque las plataformas presionan y te piden volumen. El ecosistema es parte del problema”. En este sentido, y pensando específicamente en los jóvenes, recomienda también hacer piezas explicativas que permitan entrar en un asunto aunque se tenga la sensación de haber llegado tarde.
En el estudio de Reuters, en oposición al realizado entre jóvenes por la UPF, sí aparece la desconfianza en los medios como una de las razones más frecuentes para justificar este alejamiento (35%), junto a la saturación de los contenidos (35%) y el impacto emocional negativo que provoca el contacto continuado con la actualidad. Esto indica una brecha generacional, a juicio de los autores. “Por encima de los 45 años la población todavía tiene el hábito de mirar las noticias, y lo ha mantenido mayoritariamente –analiza Newman–. Los ciudadanos se sienten implicados en seguir la actualidad y lo sienten incluso como un deber cívico, porque consideran que las noticias son importantes para la sociedad”.
El investigador se muestra escéptico sobre esta noción de que las noticias ya nos vienen a buscar. Considera que muchos de los feeds de las redes sociales son, en realidad, escapismo. Contrariamente a la noción de vivir hiperconectados y bajo un bombardeo informativo constante, si el usuario no hace clic en cuestiones políticas o de actualidad, su algoritmo tenderá a aislarlo de las noticias. “Lo que sí detectamos es que la gente deja de confiar en periodistas y medios de comunicación para depositar su confianza en personas individuales y creadores de contenidos. Por eso están gravitando hacia podcasters que, de alguna manera, mezclan un poco de política con comedia o humor. Y, claro, hay todo un ecosistema de creadores que no necesariamente se suscriben a los estándares periodísticos”, dice Newman.
¿Quién sufre más la fatiga?
Los países que escapan más a esta tendencia son los nórdicos, como Finlandia, Suecia y Noruega, donde hay sociedades en general menos politizadas, tienen unos niveles de lectura y educativos más elevados y también unos índices de confianza en los medios tradicionales saludables.
En un informe del Instituto de Al Jazeera sobre la evitación de noticias, se consigna una fecha clave en esta prevalencia de la fatiga informativa: “Aunque no es un fenómeno nuevo, el escepticismo en torno al periodismo se intensificó durante la pandemia del coronavirus, porque los activistas antivacunas y difusores de teorías de la conspiración cuestionaron la veracidad y la exactitud de los hechos sobre la covid-19 y la información proporcionada por los medios e incluso los gobiernos”, afirman.
Aparte de la edad, también el género influye: las mujeres tienden a desconectar más de la actualidad, y aquí se apuntan dos factores. El primero es que tienen más conciencia sobre el bienestar personal y los sesgos machistas de la sociedad, que las mantiene más alejadas del poder que los hombres. De hecho, según Benjamin Toff, Ruth Palmer y Rasmus Kleis Nielsen, autores del libro Avoiding the news, cuanto más techo de cristal hay para las mujeres en un determinado mercado más alto es el índice de desconexión informativa entre la población femenina.
El otro gran factor es el económico. “Las personas de nivel socioeconómico más bajo tienen mucha más probabilidad de ser evitadores de noticias consistentes que aquellas que están en una posición económica más ventajosa”, se explica en el libro. “Por ejemplo, en nuestra encuesta en Estados Unidos, solo el 11 % de los evitadores de noticias tenían un título de grado universitario, mientras que entre los que tenían un consumo de noticias por encima de la media el porcentaje llegaba casi al 50 %. Se observaron diferencias similares con respecto a los ingresos familiares: los evitadores de noticias tenían casi el doble de probabilidades de estar en paro (28 %) en comparación con los usuarios medios de noticias (17 %) o los que hacen un consumo elevado de noticias (8 %)”.
“La política está rota –concluye Newman por su parte–. La gente joven ya no compra la polarización, ni el viejo esquema de este dice X y el otro le contesta Y. Los medios no pueden ser vistos como parte del mismo sistema. Hay que repensar cómo cubrimos informativamente la política”.