Un inmigrante besa la arena de la playa de Ceuta después de llegar nadando, el jueves 30 de julio.
02/08/2026 - 21:01 h.
Escritor
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Es oportuno recordar que Marruecos, como régimen político, es una monarquía autoritaria –una dictadura– y que el monarca actual, Mohamed VI, además de un millonario excéntrico, también ha demostrado ser un tiburón de los negocios, mucho más ambicioso y avaricioso, y también más hábil, que su padre, Hassan II, un vividor que se entendía de maravilla con Juan Carlos I. Mohamed VI (y ahora también su heredero, Mulai Hassan, que cada día asume más cotas de poder, debido a las ausencias y los problemas de salud de su padre) ha ido a lo suyo, y posee una fortuna que Forbes calcula que es de más de 5.000 millones de euros, la primera de Marruecos y la quinta del continente africano. El monarca alauí es más rico, por ejemplo, que el británico. Solo en lo que respecta a residencias oficiales conocidas, Mohamed VI es dueño de doce palacios con más de mil sirvientes que cuestan más de un millón de euros cada día. No hace falta decir que esto solo son, desde su perspectiva, simples gastos corrientes. Con todo esto se quiere decir que hablamos de un régimen profundamente corrupto que tiene intención de perpetuarse. Un linaje real del que pende el vasto y poderoso fondo de inversión Al Mada, que controla sectores clave como la banca, la minería, la agricultura, las telecomunicaciones y la distribución.El régimen alauí utiliza los recursos de su país en beneficio propio, comenzando por su situación geoestratégica y por la misma población marroquí (más de setenta muertos en esta última crisis en Ceuta). Conviene no olvidar que las maniobras geopolíticas de este régimen van directamente ligadas al enriquecimiento de la familia real y de su extensa red de socios, cómplices, propagandistas y aduladores. Por ello, como ha recordado Tesh Sidi (diputada de Sumar nacida en un campo de refugiados saharauis), las crisis migratorias como la actual o como la del 2021 no se pueden entender sin la triangulación de intereses entre Marruecos, Israel y los EE. UU. Con España haciendo el papel de comparsa que va de la colonización al reconocimiento del plan de autonomía marroquí para el Sáhara Occidental, el momento más duro y más bajo de la política exterior de Pedro Sánchez.Aún más duro y más bajo porque no ha servido para nada. Marruecos continúa utilizando las crisis migratorias como herramienta para desestabilizar Europa a través de España cada vez que conviene, cosa que refuerza los discursos xenófobos o populistas como los que propugnan Vox y, a su manera, el PP. Solo hay que ver una entrevista reciente a Abascal en la que subraya que Marruecos “no es el enemigo”, al revés de lo que ha predicado tradicionalmente. ¿Soluciones? Pocas. Como ha dicho el diplomático Joan Manuel López Nadal, una posibilidad que tiene el estado español, a la larga, es descolonizar Ceuta y Melilla (y pedir, a cambio, la descolonización del Sáhara por parte de Marruecos), pero eso, efectivamente, ya serían palabras mayores. ¿Una lección? Como escribía Cristina Mas en un análisis en este diario, “hace mucho tiempo que sabemos que no es buena idea subcontratar un régimen sin garantías democráticas para vigilar tus fronteras, y ahora se vuelve a demostrar”.

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