¿Es realmente el sexo una necesidad biológica?
Durante años hemos oído que el sexo es una necesidad biológica. Como comer, dormir o respirar. Pero alerta: es un mito. Nadie se ha muerto nunca por no follar.
Cuando el cuerpo necesita algo para sobrevivir, lo deja bastante claro. Si necesitas comer, tienes hambre. Si necesitas dormir, tienes sueño. Si necesitas respirar… bueno, aquí el cuerpo no es muy sutil. Las necesidades fisiológicas generan una alerta porque, si no las cubrimos, nos va la vida. Con el sexo esto no pasa, o si más no la señal que recibimos ni es desagradable, ni nos mata. Puedes pasar años sin practicarlo –o toda la vida– y continuar perfectamente vivo.
De hecho, hay muchas personas que no tienen sexo, ya sea por elección o por circunstancias de la vida, y eso no implica ningún problema de salud por sí mismo. Somos fruto del sexo, sí. Pero eso no convierte practicarlo en una obligación biológica individual.
El problema de este mito es que a menudo se utiliza para presionar. Sobre todo en contextos heterosexuales, en los que durante mucho tiempo se ha justificado que los hombres “necesitan” sexo casi como si fuera una urgencia médica. De aquí salen frases míticas como “¿cómo me dejarás así?”. Pues fácil: marchando a casa. Nadie entrará en combustión espontánea por acumulación de deseo sexual.
Esto no quiere decir que el sexo no pueda ser importante. Lo es para mucha gente. Pero una cosa es desearlo y otra necesitarlo para sobrevivir. Lo que sí está ampliamente reconocido por la psicología como una necesidad humana es el vínculo, el afecto, la intimidad o sentirnos queridos y validados.
Así que no, el sexo no es una necesidad biológica. Es una experiencia, un deseo, una forma de placer y de conexión. Y precisamente por eso debería nacer de las ganas, no de la presión.