Un viaje a las entrañas de la tierra
De las Marcas italianas a un pueblo andaluz: cuatro cuevas que son un espectáculo de la naturaleza y un refugio ante las altas temperaturas
A la Odisea de Homero, Ulises y sus acompañantes entran en la cueva del cíclope Polifemo y quedan atrapados; en Las aventuras de Tom Sawyer, el protagonista y su amiga Becky se pierden dentro de la cueva de McDougal, una gruta de Misuri que se conoce como la cueva de Mark Twain; la visita a las cuevas marinas de Fingal, en la isla escocesa de Staffa, inspiró la apertura de Las Hébridas del compositor alemán Felix Mendelssohn... Desde tiempos inmemoriales, el mundo subterráneo en general y las cuevas en particular han fascinado a los humanos: son una puerta secreta a las entrañas de la tierra, un espacio de transición entre dos realidades, un lugar oscuro, misterioso y, muchas veces, también sagrado. Descubrir una cueva inexpugnable siempre se celebra como una gesta humana, pero sobre todo es un recordatorio de la capacidad creadora de la naturaleza cuando dispone de agua, roca calcárea y miles de años. Además, cuando el calor del verano se intensifica, una cueva es el mejor refugio climático.
Por el humo de un cigarrillo
La naturaleza es uno de los grandes atractivos de la región italiana de Las Marcas, que tiene como capital la ciudad portuaria de Ancona, encarada al mar Adriático. A 60 kilómetros de allí, se encuentra el parque natural de la Gola della Rossa e di Frasassi, donde se alza el Monte Valmontagnana. En el interior se esconde un complejo kárstico extenso descubierto el 25 de septiembre de 1971 por un grupo de jóvenes espeleólogos de Ancona. La expedición la dirigió Giancarlo Cappanera después de que Rolando Silvestri, uno de sus alumnos, le insistiera en que había visto unos pequeños agujeros que parecían entrar montaña adentro. Silvestri tenía razón: detrás de uno de ellos, que ampliaron retirando tierra y piedras a mano, encontraron una cavidad de unos 15 metros cuadrados. Parecía que la aventura acababa allí mismo, pero antes de volver a casa, decidieron descansar allí un rato. Dos de los jóvenes encendieron un cigarrillo. Cappanera se dio cuenta de que el humo se dispersaba muy rápidamente a pesar de que la entrada era muy pequeña. Esto le hizo pensar que quizás detrás de alguna de las paredes de aquella cavidad había corrientes de aire. A partir de este hallazgo y en diversas jornadas de expedición épicas, el grupo de Cappanera consiguió llegar al corazón del Monte Valmontagnana, un lugar mágico que bautizaron como la Grotta Grande del Vento y que con la posterior conexión con la vecina Grotta del Fiume, descubierta en 1948, pasaron a denominarse Grotte di Frasassi.
Quien visita hoy estas cuevas no entra por el mismo lugar que aquellos espeleólogos intrépidos, sino por un túnel artificial de 223 metros inaugurado en 1974. La primera visión, sin embargo, es exactamente la misma que tuvo Maurizio Bolognini el 10 de octubre de 1971, el primero en bajar por una escalerilla metálica de 120 metros y pisar tierra firme. Él y sus compañeros se encontraron en un espacio tan inmenso que bautizaron como Abisso Ancona. "Deslumbrados por las vistas espléndidas e inmaculadas que se nos presentaban delante, por todas partes y en todas direcciones, vagamos en silencio, caminando sobre unos suelos de cristal impolutos que nuestro corazón no quería pisar, pero que nuestras piernas violaban sin parar, impulsadas por el ansia de seguir los descubrimientos de nuestros ojos", recordaba Capanera en un escrito del día que pisaron el Abisso Ancona, tan grande que en algunos puntos alcanza hasta los 200 metros de altura.
Actualmente, un sistema de escaleras y pasarelas –de 1,5 kilómetros de longitud– permite explorar las diferentes salas, donde estalagmitas y estalactitas se convierten en esculturas naturales con nombres tan sugerentes como Los Gigantes, El Camello, La Osa, la Espada de Damocles (una estalactita de 7,40 metros de altura y 1,50 m de diámetro) y el Obelisco (con estalagmitas de 15 metros de altura que surgen del centro de la Sala 200). En el interior de la cueva, que mantiene una temperatura constante de 14 grados durante todo el año, también hay lagos de agua cristalina y pozos donde se acumula el agua de un goteo milenario. La excepcional acústica de las cuevas de Frasassi la han convertido en el escenario de diferentes actuaciones como un concierto de Navidad de Andrea Bocelli, que se retransmitió en directo a todo el mundo el 18 de diciembre de 2020, en plena pandemia.
El Versalles del Canigó
El viaje en el Tren Amarillo desde Latour-de-Carol hasta Vilafranca de Conflent es un lujo: no solo por el paisaje, sino porque al llegar a destino se puede pasear por esta ciudad medieval fortificada en el siglo XVII por el ingeniero militar Vauban. Ahora bien, para huir del calor, las cuevas de Les Canaletes son la mejor opción: como ocurre con las de Frasassi, mantienen una temperatura constante de 14 grados durante todo el año. El acceso a una primera cueva se descubrió por casualidad en 1951 y, solo tres años más tarde, comenzaron las primeras visitas. Ahora bien, la popularidad de esta cueva a los pies del macizo del Canigó se disparó en 1984, cuando se hizo público el descubrimiento de nuevas galerías tan monumentales que recibieron el sobrenombre turístico del Versalles subterráneo. La belleza de las cuevas de Les Canaletes se va revelando progresivamente: se comienza en la Galería de los Pórticos y continúa en la Sala Blanca, un espacio cubierto de calcita donde las estalactitas y estalagmitas conviven con cortinajes y pilares inmaculados. La visita continúa hacia la Red de Angkor, a través de salas tan majestuosas como la Nave, el Lago de los Atolones, el Templo de Angkor –donde las formas caprichosas de la roca recuerdan un palacio jemer de la selva tropical camboyana, pero donde también hay una formación calcárea bautizada con un nombre tan explícito como la Sagrada Familia–, la Cúpula Roja y el Balcón de las Tinieblas, una especie de mirador que cierra el recorrido.
Un río navegable subterráneo
Las cuevas de Sant Josep de la Vall d’Uixó, en la provincia de Castellón, ya eran conocidas en la prehistoria: se han encontrado restos arqueológicos y muestras de arte rupestre justo en la entrada (unos trazos gruesos de pintura roja de estilo esquemático). Su gran reclamo, sin embargo, es que albergan uno de los ríos navegables subterráneos más largos de Europa. Aquí reside su gran misterio: todavía hoy no se sabe bien dónde nace esta agua que viaja por las entrañas de la sierra de Espadà y que aflora al exterior a través de una fuente que también recibe el nombre de Sant Josep. La cueva, con una temperatura estable de 20 grados, fue documentada a finales del siglo XIX cuando, por encargo del Ayuntamiento de la villa, se adentraron un ingeniero y un barquero para averiguar el curso del río. Actualmente, sus extraordinarias formaciones calcáreas –la Medusa, la Cascada de la Flor, el Portal de Belén y las Banderas, entre otras– se contemplan a través de un paseo en barca a lo largo de 800 metros de agua cristalina (en 1960, cuando se inauguraron las obras que hicieron el río navegable, solo eran 380). Aun así, una pequeña parte del recorrido se debe hacer a pie. Los más aventureros pueden optar por hacer la visita en kayak y llegar hasta parajes más escondidos.
La primera gran maravilla
Un mes y medio después de estallar la Primera Guerra Mundial, en un pueblo de Huelva, en Andalucía, se inauguraba una de las primeras cuevas turísticas de Europa: la gruta de las Maravillas de Aracena. Aunque la leyenda atribuye el descubrimiento a un pastor, la realidad es que unas prospecciones mineras alertaron de su existencia a mediados del siglo XIX. A diferencia de las anteriores, esta es una cueva freática formada por la acción erosiva-disolutiva del agua sobre los mármoles del Cerro del Castillo y con una temperatura estable entre 16 y 19 grados. Aparte de los lagos subterráneos, destaca la gran variedad de estalactitas, estalagmitas, columnas, coladas, pisolitos y cortinas de las galerías –superpuestas en tres niveles– que han recibido nombres tan evocadores como Sala de las Conchas, Baño de la Sultana, Cristalería de Dios, Sala de los Desnudos, Brillantes… Para celebrar el centenario de las cuevas, desde 2014 se ofrece una visita especial con reserva previa que permite conocer dos zonas nuevas: La Marmita de los Gigantes y Los Banquetes.