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Vinilos, casetes y cámaras de carrete: ¿por qué vuelven los gadgets de los 80?

La saturación digital, la necesidad de contacto físico, y también series como 'Stranger Things', impulsan a los jóvenes a volver al consumo cultural en formatos tradicionales

Avril Pardos Casado
29/03/2026

BarcelonaEn plena era del streaming y de las pantallas omnipresentes, una parte creciente de la juventud está mirando atrás. Vinilos, casetes, cámaras de carrete o cintas VHS, formatos que hace solo unos años parecían condenados a la desaparición, vuelven a circular entre los jóvenes como objetos de consumo cultural y símbolos de identidad. Lejos de ser una moda pasajera, el fenómeno refleja una relación cada vez más compleja entre la generación digital y la tecnología que domina su día a día.

Este retorno a los soportes físicos forma parte de la tendencia del physical media: la recuperación de formatos culturales tangibles en un contexto en el que la mayor parte de los contenidos se consumen a través de internet. 

Los datos muestran que el fenómeno no es anecdótico. Según el último informe de la patronal de la música en España, Promusicae, con datos de 2025, las ventas de vinilos crecieron un 30% respecto al año anterior, y el CD ha frenado su caída libre con un crecimiento del 9,1%.

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Incluso el casete, un formato que se daba por extinto, experimenta un crecimiento, impulsado en parte por artistas de gran popularidad como Taylor Swift y bandas de escena indie o alternativa como Inhaler, que publican ediciones limitadas para sus fans.

El fenómeno no se limita a la música. En el campo de la fotografía, diversos informes de tendencias del 2025, como el de la CIPA, la asociación japonesa de fabricantes de cámaras, la web oficial de usuarios de cámaras digitales Nikon, apuntan que las cámaras analógicas de segunda mano y nuevas compactas de película están recuperando demanda.

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Este renacimiento de las herramientas analógicas responde a una combinación de factores culturales, psicológicos y generacionales. La nueva fascinación por los formatos físicos habla, sobre todo, de la necesidad de recuperar una relación más tangible con la cultura.

La saturación digital

Una de las explicaciones principales del fenómeno es el cansancio ante un entorno cada vez más digitalizado. La sobreestimulación digital, provocada por el uso constante de pantallas que mantiene el cerebro en alerta permanente y puede generar fatiga, ansiedad o problemas de atención.

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Los datos en Cataluña reflejan esta situación. Según la última encuesta sobre salud y bienestar del Departamento de Salud de la Generalitat con datos del 2025, 2 de cada 9 adolescentes catalanes admiten hacer un uso problemático o compulsivo de las pantallas. Al mismo tiempo, un estudio de la Autoridad Catalana de Protección de Datos indica que 2 de cada 3 catalanes querría reducir el tiempo que pasa en internet, pero asegura que no puede hacerlo por motivos laborales o sociales.

En este contexto, el retorno a los formatos analógicos puede funcionar como una forma de reequilibrio. El psicólogo Àlex Letosa, director del Centre Camina y miembro de la Sección de Psicología Clínica del Colegio Oficial de Psicología de Cataluña, explica que el fenómeno tiene una dimensión emocional profunda, pero también señala una necesidad de contacto con los objetos. “El cerebro humano necesita tocar, coleccionar, dar valor a los objetos y esto el streamingno lo da”, explica el psicólogo. 

El retorno a estos formatos también es una forma de respuesta al exceso tecnológico. “Es una reacción psicológica a la saturación del mundo digital, este mundo es muy poderoso y tiene muchas ventajas, pero nos ha invadido”, dice Latosa.

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El tecnoantropólogo Jordi Colobrans coincide en este diagnóstico. Para él, existe una auténtica “fatiga digital” provocada por la presión constante de las pantallas y las redes. Ante este entorno, algunos jóvenes optan por recuperar formas de consumo cultural más pausadas. Colobrans destaca especialmente la dimensión ritual de los formatos antiguos. Según explica, muchos prefieren este tipo de consumo porque da sentido al momento y convierte cada pieza en una experiencia única. Este proceso, dice, “ayuda a reducir la ansiedad de consumo constante generada por las plataformas digitales”.

Además, existe un factor de control. En un mundo dominado por los algoritmos, los formatos físicos permiten recuperar una cierta autonomía: “Tener el objeto en la mano y decidir cuándo disfrutarlo tiene un valor”, explica Colobrans. El retorno a lo analógico también es una manera de reivindicar la libertad frente a un ecosistema digital que tiende a crear dependencia.

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El hilo entre generaciones

Más allá de la saturación digital, el fenómeno también tiene una dimensión familiar. Muchos jóvenes descubren los formatos analógicos a través de padres, abuelos o hermanos mayores que aún conservan estos objetos en casa.

Es el caso de Pablo Muñoz, un fotógrafo de 21 años aficionado a las cámaras analógicas. La curiosidad por las fotografías antiguas de la familia lo condujo hacia los formatos analógicos y, con el tiempo, ha empezado a comprar cámaras de carrete. El proceso, dice, es radicalmente diferente del digital: “Con la fotografía analógica empiezas a entender de verdad cómo funciona la fotografía”. Pero las cámaras no son las únicas herramientas del estilo que consume: “También soy aficionado a los casetes, tenemos un reproductor en casa y mi madre me enseñó a utilizarlo”, explica Muñoz. Aquella primera experiencia lo llevó a descubrir una manera diferente de escuchar música.

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Una situación similar explica Blanca Martínez, de 21 años, que colecciona productos analógicos desde pequeña. En su casa, la música y el cine siempre se han consumido en formatos físicos y la rutina familiar ha acabado marcando su manera de consumir cultura. Para ella, los formatos CD “son una manera de acercarse más a los artistas y la música en sí”. También recuerda con especial afecto la colección de películas que tenía en VHS. “El proceso de reproducción me gustaba mucho y, si pudiera, volvería”, dice Martínez.

Estas experiencias muestran cómo los formatos analógicos también funcionan como puente entre generaciones. Aquello que para los padres era tecnología cotidiana, para los hijos se ha convertido en un objeto cultural cargado de significado.

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La nostalgia vicaria

Otra de las claves del retorno de las herramientas analógicas es la influencia de la cultura popular, el fenómeno conocido como nostalgia vicaria. Series y películas ambientadas en décadas pasadas generan en los jóvenes una conexión emocional con épocas que no han vivido y que solo conocen a través de la ficción.

Producciones audiovisuales muy populares de los últimos años han tenido un papel determinante en este proceso. La serie Stranger Things (2016-2026) es a menudo considerada el “paciente cero” de esta nueva fiebre. Ambientada en los años ochenta, la serie utiliza objetos como walkmans o cintas de casete como partes centrales de la trama. 

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También el cine comercial ha contribuido a esta recuperación. La trilogía de Guardianes de la Galaxia convirtió el casete en un elemento central de la narrativa a través del Walkman del protagonista y la recopilación musical Awesome Mix Vol. 1. Antes del estreno de la primera película en 2014, el casete estaba prácticamente desaparecido; después de la entrega, las ventas de la banda sonora obligaron a las discográficas a reanudar la fabricación de este formato.

La televisión también ha influido en el retorno de la fotografía analógica. La serie Euphoria apostó por una estética visual propia de la película fotográfica. Para conseguir este efecto, su equipo de producción convenció a Kodak para volver a fabricar la película Ektachrome, un tipo de rollo que había dejado de producirse en 2012. 

Estas producciones han convertido los objetos analógicos en símbolos culturales y estéticos para una nueva generación. Clara Ruz, de 21 años, lo ha vivido de cerca. Empezó a escuchar música en vinilo gracias a su abuela y, con el tiempo, ha visto cómo esta afición se ha extendido. “Desde que se han puesto de moda series como Stranger Things muchos de mis amigos compran vinilos”, explica. Para ella, este interés creciente tiene un efecto positivo: hace que estos formatos sean más accesibles. 

El retorno de las herramientas analógicas entre los jóvenes no es solo un ejercicio de nostalgia. Es una manera de redescubrir la cultura en un momento en que todo parece accesible de manera inmediata. Entre el algoritmo y el tocadiscos, cada vez más jóvenes parecen apostar por una experiencia cultural más lenta, tangible y personal.