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El hijo de la princesa Mette-Marit cumplirá pena en palacio con una pulsera telemática en el tobillo

La decisión llega después de una condena de cuatro años de prisión por violación y otros cargos y deja a este no-príncipe noruego 'recluido' en una finca de más de 120 hectáreas

Marius Borg en la fiesta de celebración de los 18 años de la princesa Ingrid en el 2022
19/07/2026
5 min

BarcelonaNadie se habría imaginado que aquella pelea entre el hijo mayor de la princesa Mette-Marit de Noruega y su novia acabaría desembocando en el asunto judicial más grave que ha afrontado jamás la monarquía del país escandinavo. En agosto de 2024, lo que inicialmente se interpretó como una discusión en el ámbito doméstico de Marius Borg Hoiby acabó comportando, al poco tiempo, una denuncia por agresión que, además, no fue la última. Aquel hecho que primeramente interesó más bien a la prensa rosa se convirtió, a posteriori, en un asunto político de alcance internacional con las cuatro detenciones consecutivas del joven, que entonces tenía 26 años. Cada paso que daba la investigación dejaba más al descubierto la gravedad de todo lo que había estado pasando en la familia real noruega con Hoiby. El joven no es formalmente miembro de la monarquía, pero desde los cuatro años, cuando su madre se casó con el heredero del trono, Haakon, ha vivido como si formara parte de la familia real.

Testimonios de antiguas parejas del hijo de la princesa Mette-Marit obligaron a la policía a revisar con más profundidad su entorno, cosa que provocó que el caso escalara aún más. No obstante, el punto de inflexión lo marcó el vaciado del móvil de Hoiby, que se convirtió en una fuente de hechos delictivos. Aparecieron indicios de hechos tan graves como violaciones, tráfico de drogas, conducción temeraria y otros presuntos delitos que finalmente no prosperaron judicialmente. Aun así, el escándalo ya no tenía marcha atrás.

Si el contenido del móvil fue grave para su salud judicial, también lo fue para su imagen pública. Para la suya y también para la de su poderosa familia, que había conseguido –vete a saber cómo– que nada de aquello se supiera durante años. Si quedaba tocado ante los tribunales, también de cara al gran público, ya que toda aquella polémica sirvió para que la prensa abriera la veda contra él y comenzara a publicar temas que tenía archivados desde hacía tiempo. Temas que aumentaban la sensación general de impunidad de Hoiby, que dejaba en muy mal lugar a la familia real, que perdía a marchas forzadas la imagen de responsables públicos ejemplares que pudieran tener.

Reincidente a dos días del juicio

Después de todo este alboroto llegó el juicio. Fueron siete semanas de información continua que degradaba la institución monárquica noruega y el futuro de Hoiby como persona adjunta. El momento más grave ha llegado en junio de este año, cuando el juez lo sentenció a cuatro años de prisión después de ser declarado culpable de dos violaciones, maltratos y violencia en el ámbito de la pareja contra una de sus exparejas, agresiones, amenazas, drogas e incumplimientos de medidas judiciales. Se libró de otras dos acusaciones de violación y de parte de la pena que le pedía la Fiscalía, que había solicitado siete años de prisión. La sentencia también incluyó una orden de alejamiento respecto a una de las víctimas y la obligación de indemnizar a todas las personas perjudicadas con una cifra total de 60.000 euros.

Marius Borg Hoiby ya estaba en prisión preventiva cuando llegó la condena. Dos días antes del inicio del juicio lo volvieron a detener por una agresión, amenazas con arma blanca y el quebrantamiento de una orden de alejamiento dictada a favor de una expareja. Aquellos nuevos hechos, que tuvieron lugar a principios de febrero y se añadían a los que se iban a juzgar, motivaron que el tribunal ordenara el ingreso en prisión inmediato porque confirmaban las sospechas del tribunal de que había un elevado riesgo de reincidencia. Aquellos nuevos hechos se incorporaron al procedimiento penal y el número total de cargos aumentó de 38 a 40.

¿Ya no hay riesgo?

Aquel riesgo de reincidencia parece que ahora se ha esfumado de golpe. Tal como hemos sabido esta semana, su equipo legal recurrió contra la sentencia y, mientras el Tribunal Superior no se pronuncie y la sentencia no sea firme –cosa que se calcula que podría pasar en 2027–, ha solicitado cumplir la prisión preventiva en su domicilio. Es decir, en el palacio real de Skaugum, que es donde residen los príncipes herederos con sus dos hijos en común, la heredera Íngrid Alexandra y su hermano pequeño, el príncipe Sverre Magnus. Era previsible que él lo pidiera, pero no lo era tanto que esto le fuera concedido, como finalmente ha pasado.

Hoiby, de 29 años, podrá estar las cuatro semanas próximas fuera de la prisión de alta seguridad de Illa en la que estaba recluido para volver a instalarse en la finca pública que financian todos los noruegos con sus impuestos a los príncipes herederos. Residirá con una pulsera telemática en el tobillo para asegurarse de que la policía pueda proteger más fácilmente a todas sus víctimas. A menos que Hoiby y la sobreprotección que le ha amparado antes y durante su juicio corran más rápidamente que el aviso de este sistema electrónico, cuando las víctimas de Hoiby puedan quedar nuevamente desprotegidas.

La Fiscalía, en contra

La fiscalía no ha tardado en oponerse públicamente a la decisión de la sala 250 del Tribunal de Distrito de Oslo. "Ha recurrido contra la decisión y solicita que se aplique la pena ahora suspendida, lo que significa que considera que Hoiby debería quedarse en prisión hasta que el Tribunal de Apelación haya examinado el recurso", ha publicado la cadena pública noruega, NRK. El ministerio público ve demasiado probable que Hoiby cometa nuevos delitos y apunta que aún podría representar una amenaza para la llamada "mujer de Frogner", que es como la prensa se ha referido siempre a una de sus víctimas, usando el barrio de Oslo donde ella vive para no utilizar datos que la identifiquen más aún.

Por su parte, los abogados defensores consideran que el riesgo de reincidencia se ha reducido. El abogado defensor de Hoiby, Petar Sekulic, ha argumentado, según ha publicado Aftenposten, que este riesgo disminuye con el uso de una pulsera electrónica, que tiene un efecto disuasorio elevado. En cualquier caso, el principal objetivo de Hoiby es que todo salga muy bien durante las próximas cuatro semanas, ya que esta reclusión en palacio –expresión que es un oxímoron como un templo si tenemos en cuenta que tiene más de 120 hectáreas– tiene una vigencia de solo un mes. Y no le conviene complicar aún más las cosas al tribunal, que ya se la ha jugado bastante con una medida socialmente polémica por el trato ventajoso que ha supuesto para Hoiby. Lejos de apagarse y dejar sitio a la reconstrucción de la imagen de la monarquía, parece que este caso continúa avanzando sobre el filo de la navaja. ¿Puede ser que Hoiby, que no formará nunca parte de la línea sucesoria, acabe consiguiendo que ninguno de sus hermanos tampoco ocupe nunca el trono?

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