Gente 10/02/2022

La real (y complicada) tarea de divorciarse

La particular ‘interrupción matrimonial’ de la infanta Cristina e Iñaki Urdangarin es la última versión de una larga lista de disoluciones matrimoniales que han afectado a todas las generaciones de todas las casas reales

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LA PAREJA EJEMPLAR  Después de la separación de Elena y Jaime de Marichalar, la hija pequeña del rey, Cristina, y Urdangarin se convirtieron en la pareja ejemplar.

BarcelonaEn las familias reales pasa lo mismo que en las familias plebeyas: el amor y el desamor llegan sin avisar a todos sus miembros. El problema es que cuando el segundo hace acto de presencia en el seno de una familia real, es mucho más difícil deshacer el lío de haberse casado, tanto por la atención mediática a la que los afectados viven sometidos como por la necesidad de que este desamor no se convierta, por la vía del cotilleo, en un cataclismo para el aprecio que le tiene el pueblo. Con todo, la historia de las casas reales está llena de rupturas matrimoniales. A continuación repasamos los casos de los royals que han fracasado en su matrimonio y que se han atrevido a hacerlo público.

Carolina de Mónaco

La hija mayor de Rainier de Mónaco tenía solo 21 años cuando decidió casarse con Philippe Junot. Sus padres aceptaron a regañadientes la voluntad de su hija, que se había enamorado del experto en finanzas internacionales e inversor de profesión mientras disfrutaba de las discotecas de París cuando se trasladó allí para estudiar filosofía, carrera que nunca acabó. Él entonces tenía 38 años y no era de ninguna familia real, como les habría encantado a los padres de ella y al micropaís que poseían. Habían pretendido a Carlos de Inglaterra, pero los gélidos Windsor encontraban demasiado bohemia mediterránea en aquella joven de la Costa Azul para el cargo que le esperaría. Carolina y Junot se divorciaron solo dos años después y sin hijos. La Santa Sede no les concedió la nulidad en un primer momento, pero diez años de lucha contra el Tribunal de la Rota lo pudieron todo. Mónaco quería poder reeditar una boda fully equipped para la chica.

Con 26 años, Carolina se volvió a casar. El afortunado fue Stéfano Casiraghi, con quien tuvo tres hijos. El matrimonio acabó en tragedia cuando él murió en un accidente náutico. Con los años, se volvió a casar. El tercero fue Ernesto de Hannover, cabeza de la familia aristocrática más importante de Alemania. Se casaron el 1999 y el 2009, con una hija en común, decidieron que vivirían separados pero no divorciados. Así, ella sigue siendo tratada en los eventos oficiales internacionales con el rango de reina y no con el de princesa, que es el que le correspondería por su posición jerárquica secundaria respecto al trono monegasco.

Las hermanas de Beatriz de Holanda

Divorciarse no es nuevo. Las dos hermanas de la reina emérita holandesa, Beatriz, ya se divorciaron hace tiempo. Mientras la monarca siguió manteniendo las buenas maneras con el padre de sus hijos, sus germanas, cuando tuvieron bastante, lo echaron todo a rodar. La primera fue Irene, que se casó el 1964 con Carlos Hugo de Borbón-Parma, pretendiente carlista al trono español. Duraron 17 años y el 1981 se divorciaron oficialmente. Destacó en aquel tiempo la tutela compartida de sus hijos. Holanda todo lo puede. La otra hermana de la reina Beatriz, Cristina, ciega de nacimiento, se casó con un exiliado cubano llamado Jorge Pérez Guillermo. Estuvieron juntos desde 1975 hasta 1996. Ella perdió sus derechos dinásticos para casarse. La actual reina consorte, Máxima, no es la primera integrante política de los Orange de orígenes transatlánticos. Una vez más: Holanda siempre ha sido pionera.

Irene de Orange el día que se casó con Carlos Hugo de Borbó-Parma

Elena de Borbón

Llevar el apellido Borbón y habitar en un matrimonio en ruinas parece inevitable. Todo empezó en 1911, cuando la niña María Eulalia de Borbón se convirtió en la primera Borbón divorciada legalmente. Desde que la hija de Isabel II decidió dar este paso, la lista de separados borbones es interminable. Viniendo al terreno más reciente posible, destaca que, de los hijos del rey Juan Carlos y sus dos hermanas –10 personas en total–, solo continúan casados el rey Felipe VI y un primo. Y los que no se han divorciado es porque no se han casado, porque sus relaciones informales también han acabado en fracaso. De todos estos, y a la espera de ver cómo acaba el culebrón entre Cristina e Iñaki Urdangarin, el divorcio más recordado es el de la infanta Elena y Jaime de Marichalar. Los rumores de crisis se intensificaban progresivamente hasta que la Zarzuela no pudo aguantar más la presión y tuvo que ceder. Suenan todavía las palabras que eligieron para no pronunciar la palabra divorcio, que temían que los convertiría automáticamente en vulgares mortales. Lo resolvieron refiriéndose como un “cese temporal de la convivencia”. El ridículo del eufemismo que se inventó la Casa Real el 2007 se convirtió en un divorcio legal en 2009. Querían hacer lo que mediáticamente se conoce como una detonación controlada. Como si esto fuera posible en un caso así... A ninguno de los dos se les ha conocido ninguna nueva pareja.

Luís de Luxemburg

En marzo de 2006, Luís de Luxemburg tenía solo 19 años y se acababa de convertir en padre. Es el tercer hijo de los Grandes Duques de Luxemburgo, pero les dio su primer nieto. El pequeño Gabriel, nacido en Suiza –¡no en su país!–, era fruto del amor del príncipe luxemburgués por Tessy Antony, una joven un año mayor que él a la que había conocido en un viaje oficial para visitar un destacamento del ejército luxemburgués en Kosovo, donde ella era la única da participante. Seis meses después del nacimiento de su primer hijo, en palacio ya les habían organizado una boda. También velozmente, él renunció a los derechos dinásticos para él y sus descendentes. El amor con la hija de un fontanero y una ama de casa que hacía de soldado duró hasta el 2017, pero los papeles los firmaron el 2019. La ruptura ha sido pacífica entre ellos pero agitada por el que hace la suegra, de la cual Tessy no ha disimulado tener un agrio recuerdo. Él está comprometido de nuevo desde el 2021. Ella continúa implicada en las tareas solidarias de antes de divorciarse. Porque el título de princesa se lo han quitado, pero el de solidaria, no.

Lluís de Luxemburg con su primer hijo, Gabriel

Andrés de York

A pesar de que el divorcio más sonado surgido de la casa Windsor es el de Carlos y Diana, el del príncipe Andrés no se queda atrás. A pesar de que del primero todavía se habla actualmente y ha dado para hacer series, libros, películas y es cultura pop en estado puro, el segundo fue todavía más escandaloso. La espuma, sin embargo, no creció tanto como en el primero porque no afectaba al futuro rey del Reino Unido. El hijo preferido de la reina Isabel II se casó el 1986 con Sarah Ferguson, pero cuando llegó el 1992, “un annus horribilis” en palabras de la misma monarca, la prensa ya iba llena de rumores de infidelidad del uno y de la otra. No acabó aquel año que ya se estaban separando. El divorcio, que quizás era una opción que por la buena relación que todavía tienen nunca habría llegado, se precipitó después de una bomba publicada por el Daily Mail: unas fotos de ella en las cuales el millonario norteamericano John Bryan le lamía los dedos de los pies mientras ella estaba en topless. La moralista familia real tuvo que escenificar un gran descalabro, pero la realidad es que no le pidieron nunca que devolviera el título de duquesa de York. El 2019 se descubrió que vivía en Royal Lodge, la casa donde vive el príncipe Andrés. Esto 27 años después de separarse. Separarse.

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