Descubrimiento

La majestuosa sala de conciertos retro que vuelve a brillar

Las Vegas, en Sant Feliu de Guíxols, es un local fascinante que mantiene la estética de los años 80 y una programación ecléctica

La sala de conciertos Las Vegas de Sant Feliu de Guíxols
27/03/2026
3 min

San Félix de GuíxolsDe la misma manera que los turistas que suben por primera vez por la sombría calle de la Força de Girona quedan deslumbrados cuando aparece ante ellos la imponente catedral con la fuerza escenográfica de su escalinata barroca, el público y los músicos que entran por primera vez en la sala de conciertos Las Vegas, en Sant Feliu de Guíxols, poco se imaginan que detrás de una fachada modesta emergerá un local de una majestuosidad retro que los transportará a los años 80, con tres barras bien surtidas, mesas y sillas de acabados dorados con disposición de anfiteatro, dos escenarios interiores y una plácida terraza, todo ello con una capacidad para casi 900 personas. Quizás Luz de Gas (un poco más pequeño) es uno de los pocos locales equiparables, aunque por su longeva historia hay quien compara Las Vegas con la Sala Apolo o La Paloma. El local se construyó en 1962, pero sus orígenes se remontan a una terraza al aire libre dedicada a espectáculos para los primeros turistas que comenzó a funcionar en 1958 con el mismo nombre. El actual director, Marc Recolons, aún va más atrás, cuando explica que su tatarabuelo fue un auténtico pionero del cine en las comarcas gerundenses que a principios del siglo XX comenzó a hacer proyecciones de cine mudo en una carpa de circo en Llagostera, con un proyector comprado a los Lumière en la Exposición Universal de París. El abuelo y dos hermanos regentaron más adelante cines, entre otras localidades, en Calonge, Palamós, Palafrugell o Figueres (aquí también con el nombre de Las Vegas).

El cantautor norteamericano Fantastic Negrito, ganador del Grammy al mejor álbum de blues contemporáneo, actuó el verano pasado en la sala Las Vegas.

De Antonio Machín a Lluís Llach

Las Vegas de Sant Feliu abrió sus puertas con espectáculos de variedades en verano y cine en invierno. La inauguración oficial, en 1963, corrió a cargo de Antonio Machín y a lo largo de los primeros años por la sala pasaron artistas como Charles Aznavour, Joan Manuel Serrat, Rita Pavone, Paco de Lucía o Lluís Llach. Serrat estrenó allí la canción Me’n vaig a peu en el año 1967. “Tuvo quince años de plenitud y a mediados de los años 70 empezó a perder empuje”, explica Recolons. En los años 80 se hizo la reforma actual, con el look de sala de baile discoteca. “No nos planteamos tocarla, porque ya tiene la categoría de clásico, una pátina retro que gana con el tiempo, aunque sí que la hemos dotado de un equipamiento técnico moderno”, advierte el director, que cogió la gestión en 2019. La familia Recolons mantuvo la propiedad del local, aunque la dirección había ido cambiando de manos.

La sala Las Vegas, de Sant Feliu de Guíxols, organiza el ciclo de comedia Sonats.

La apuesta por la comedia

La polivalencia del espacio y el eclecticismo de la programación impregnan todavía la sala. “Somos supertransversales y diversos porque queremos que todo el mundo encuentre su espectáculo, y así podemos funcionar cada fin de semana los 12 meses del año”, explica Recolons.

La sala 2 les permite aforos más reducidos, de unas 180 personas, y la terraza, con unas 85 plazas y compatible con otro espectáculo simultáneo en el interior, es también un buen complemento de cara al verano. El dinamismo de la programación es sorprendente: hacen cada año entre 60 y 80 actuaciones de música en directo, unos 15 espectáculos de comedia, y los miércoles y los domingos mantienen la tradición de los bailes de salón. También hacen sesiones de salsa y bachata, así como de música electrónica. Esta semana, además, comienzan la música en directo en la terraza, los domingos a la hora del vermut.

El proyecto al que Marc Recolons dedica más esfuerzos últimamente es el ciclo Sonats, una apuesta por la comedia que organiza la sala pero que también salta a escenarios de Santa Cristina d’Aro y Palafrugell. “Si estás en Barcelona o en Girona tienes un público potencial mucho más grande, aquí nos cuesta mucho y nos lo tenemos que trabajar más”, reconoce Recolons.

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