Burkina Faso: vivir la revolución por internet
Ocultos en un hotel de Uagadugú, en Burkina Faso, el fotoperiodista Guillem Trius y yo nos encontramos con el periodista Serge Oulon un día de otoño de 2023. El país vivía bajo un régimen militar cada vez más autoritario. Con el reto de conseguir recuperar el control total del territorio, en disputa con grupos yihadistas, Ibrahim Traoré, de 34 años, se presentaba como un líder revolucionario después de un golpe de estado en septiembre de 2022. Burkina Faso es un país marcado por los golpes de estado y las revoluciones, en sus intentos de huir de la esfera de influencia francesa desde su independencia política en el año 1960. El líder que llegó más lejos, el militar Thomas Sankara, dirigió el país entre 1983 y 1987, antes de ser asesinado en un golpe de estado que instaló en el poder a otro militar, Blaise Compaoré, más cercano a París, y que gobernó con mano de hierro hasta 2014.¿Era posible que Traoré fuera el nuevo Sankara? Oulon respondió que no. "Sankara era una persona inteligente, que estimulaba los debates con los políticos y su entorno. Traoré no quiere contradicción alguna. Sankara, además, no colocaba a gente de su familia en el gobierno. Traoré sí". Unos meses después, Oulon fue secuestrado en la puerta de su casa por diez hombres armados vestidos de civil. Unas horas más tarde, agentes de inteligencia se llevaron el móvil y el ordenador. Casi dos años después, en mayo pasado, unapublicación de Reporteros Sin Fronteras nos dio una buena y una mala noticia: no estaba muerto como creíamos, pero estaba preso en la capital, donde había sufrido torturas de todo tipo.Desde nuestra entrevista con Oulon, el gobierno de Traoré ha ampliado las penas de prisión contra la homosexualidad, ha prohibido ONG y partidos políticos, ha alargado su estancia en el poder hasta 2029. Hace poco declaró que los africanos no necesitaban la democracia, una posición idéntica a la de algunas metrópolis para dar apoyo a dictaduras sanguinarias cercanas a sus intereses. Continúa teniendo apoyo entre los burkineses, pero cada vez hay más críticas –privadas– al altísimo nivel de represión. Dos miembros de un movimiento anticolonialista y crítico con Francia fueron detenidos durante dos años. Los seguidores de Traoré en el extranjero, muy activos en las redes sociales, han dedicado este tiempo a explicar los triunfos de la revolución en vídeos que acumulan millones de visitas: Burkina Faso ha rechazado los préstamos del FMI y el Banco Mundial, ya no vende oro a los países occidentales y ha tomado el control total del sector minero. Tienen pensado, junto con sus aliados, abandonar el franco CFA, la moneda que liga el destino de 14 países africanos a las decisiones de Francia y el Banco Central Europeo.Control exterior
Esta narrativa, muy popular, es una combinación de verdades a medias y mentiras. Burkina Faso está en un programa de ajuste del FMI desde septiembre de 2023. El primer comprador de oro de Burkina Faso es Suiza. El cambio del código minero ha hecho que Burkina Faso pase de tener el 10% de la propiedad de los proyectos a tener un 15%, y es solo aplicable a los nuevos contratos. La deuda ha aumentado un 50% desde la llegada de Traoré al poder, y la mayoría de los préstamos ya vienen de la zona CFA a un interés que ronda el 7% anual. En los informes semestrales del FMI, el ministro de finanzas local afirma que no piensan salir del CFA. La economía ha crecido de forma considerable por el aumento de los precios del oro, pero este factor macroeconómico raramente genera ingresos a los burkineses más pobres, ya que la mayoría de las minas siguen en manos de multinacionales extranjeras. El gobierno sigue sin controlar todo el territorio, y los ataques de los yihadistas comienzan a extenderse hacia el sur, afectando Ghana y Benín. Casi cuatro años después de la llegada de Traoré al poder, los burkineses corren un peligro más: quedarse atrapados en los deseos revolucionarios de la izquierda de otros lugares, que aplaude los éxitos del gobierno de Burkina Faso sin tener que sufrirlos.