Hospitales colapsados: el brote de Ébola más grave en años desborda el Congo
Equipos humanitarios descargan materiales y personal en la región a contrarreloj ante una variante que no tiene vacuna ni medicación y un brote descontrolado
BarcelonaEl brote de Ébola detectado en la República Democrática del Congo colapsa desde hace días los hospitales del noreste del país. Con 177 muertes sospechosas y 750 casos también bajo la lupa, que se suman a unos niveles de detección por ahora indeterminados, pero que todo apunta que son elevados, se postula como el tercer brote más grave de la historia de este virus, y por ahora está lejos de ser controlado. La variante, llamada Bundibugyo, solo se había detectado en dos ocasiones, en 2007 y en 2012, y a pesar de que no queda claro que sea más contagiosa que otras, las condiciones en que se ha producido el brote hacen temer que las cifras de casos y de muertes escalen en los próximos días y que sea complicado detener la expansión del virus.
que se ha mostrado "profundamente preocupado" por el broteque se ha mostrado "profundamente preocupado" por el brote, ha declarado la emergencia sanitaria internacionalel virus ha estado circulando y no se ha detectadoel virus ha estado circulando y no se ha detectado. Uno de los primeros casos identificados fue el de una enfermera en Bunia, capital de Ituri, hecho que hace pensar que se habría contagiado atendiendo a pacientes a quienes no se detectó el virus. La zona cero, sin embargo, se cree que está a unos 90 kilómetros, en la ciudad de Mongbwalu.
¿Si el Congo es un país habituado a los brotes de Ébola –este es el 17º brote que afronta desde el año 1976, cuando se detectó el virus por primera vez–, por qué ha tardado tanto en confirmar que estaba circulando nuevamente? Más allá de factores como la alta movilidad en la región y las limitaciones en el acceso a los servicios de salud, también ha influido la variante. "La Bundibugyo es una variante con la que los sistemas de diagnóstico no funcionan adecuadamente", explica Javier Martínez-Picado, investigador ICREA en IrsiCaixa. Como se trata de una variante poco habitual, estos sistemas no son tan fiables a la hora de detectarla como sí que lo son con otras. "Inicialmente, algunos diagnósticos dieron falsos negativos o resultados indeterminados, y eso ha retrasado la detección", detalla Martínez-Picado.
La demora en la detección ha propiciado una elevada propagación, y ha provocado un colapso cada vez mayor de los hospitales, sobre todo en la provincia de Ituri. "Las unidades de aislamiento están llenas, y la gente no puede venir a los hospitales para recibir tratamiento", explicaba este jueves Florent Uzzeni, coordinador de emergencias de Médicos Sin Fronteras (MSF) en la provincia congoleña de Ituri, en declaraciones a la prensa. Además de falta de espacio, los materiales sanitarios también escasean, y las particularidades de la provincia, ubicada en una zona remota al este del Congo con una situación humanitaria que ya era complicada, dificulta la llegada de material y personal.
"Estamos intentando poner en marcha cuanto antes mejor centros de tratamiento específico de Ébola", relata a l'ARA Manuel Albela, consejero de epidemiología de MSF. "Son estructuras que funcionan aparte de los hospitales para descongestionarlos. Todos los pacientes sospechosos de Ébola que necesitan hacer un aislamiento son desviados a estos centros, donde tenemos materiales y recursos específicos", explica Albela, que alerta que la situación actual recuerda las primeras semanas de la epidemia de 2014, la peor de la historia, que provocó 11.325 muertes. Entonces, la epidemia, que en aquel caso afectó especialmente a Guinea, Sierra Leona y Liberia, duró dos años y fue causada por la variante Zaire.
Menor mortalidad pero sin vacunas
De entre las pocas cosas que provocan cierta esperanza entre los expertos es que la variante Bundibugyo es de las menos mortales, como mínimo en base al comportamiento que tuvo en los brotes de 2007 y 2012. La mortalidad de esta especie del virus del Ébola se sitúa alrededor del 30%, y enlaza con las cifras del actual brote. En cambio, la variante Zaire es la más letal, y causa la muerte de entre el 60% y el 90% de los pacientes que contraen el virus. Pero el optimismo que podría generar este hecho queda eclipsado por la cantidad de casos sospechosos que se están identificando. "Nunca habíamos visto tantos casos de Ébola de la variante Bundibugyo, y tampoco han sido nunca tan de golpe y porrazo", advierte Albela.
Con todo, además del retraso en la detección y las particularidades de la zona donde se ha declarado, el brote también preocupa porque no existen vacunas ni antivirales para la variante Bundibugyo. Hasta ahora se han hecho más avances a nivel clínico a la hora de abordar otras variantes más frecuentes como la Zaire, responsable de la mayoría de brotes de Ébola a lo largo de la historia, incluido el de 2014. Según la OMS, se están estudiando dos opciones de vacunas, pero todavía se encuentran lejos de ser autorizadas: una está a las puertas de los ensayos clínicos en personas, y la segunda ni siquiera se ha probado con animales. Como pronto, la agencia de las Naciones Unidas sitúa un horizonte de entre seis y nueve meses para conseguir una autorización de emergencia.
Menos recursos para la retirada de los EUA
En esta ocasión, la comunidad internacional afronta un reto añadido a la hora de abordar la propagación del virus y los avances en la investigación científica: la retirada de los Estados Unidos de la OMS, que comenzó a ser efectiva este enero, y el recorte de presupuesto de programas de ayuda al desarrollo y humanitarios, también impulsada por la Casa Blanca. "La OMS tiene capacidad de actuar, pero sí que está debilitada porque Washington no está contribuyendo de forma activa", retrata Martínez-Picado.
A pesar de que se ha especulado sobre la posibilidad de que en el retraso en la identificación del brote haya influido esta nueva situación, la mayoría de expertos del sector aseguran que todavía es demasiado pronto para establecer una causa-efecto, pero coinciden en señalar que la disminución de presupuesto y recursos para la prevención y la investigación científica aumentan las probabilidades de que una epidemia como la actual se descontrole.