Radiografía de Marruecos: crecimiento a dos velocidades y una monarquía semiautoritaria
El desarrollo del país deja atrás a la juventud, que sufre más paro, y no hay señales de apertura política
BarcelonaMarruecos proyecta estabilidad, modernización, nuevas y grandes infraestructuras punteras, un estadio que rivaliza con el Santiago Bernabéu para acoger la final del próximo Mundial de fútbol y alianzas regionales lo suficientemente fuertes para enterrar la cuestión del Sáhara Occidental. Pero detrás de esta fachada, hay una sociedad marcada por el paro juvenil, la desafección política, las desigualdades territoriales, la crisis de los servicios públicos y el cambio demográfico. Es la realidad de la que intentaron huir este verano las decenas de miles de marroquíes que vieron una salida en Ceuta.
Crecimiento a dos velocidades
En los últimos veinte años Marruecos ha protagonizado un acelerado crecimiento económico: en 2018 inauguró el primer tren bala de África, entre Tánger y Casablanca, que alcanza los 320 kilómetros por hora; el puerto de Tánger se ha convertido en el más importante del Mediterráneo y hay planes para ampliar 3.000 kilómetros su red de autopistas, además de tener una posición de liderazgo en la inversión en hidrógeno verde, que supera los 30.000 millones de euros. Está previsto que en 2028, a punto para el próximo mundial de la FIFA, se inaugure el estadio de fútbol Hassan II en Casablanca, con 115.000 asientos, que será el más grande del mundo. Además, en los últimos años se han construido fábricas de coches y de aviones atraídas por la mano de obra barata y es uno de los principales fabricantes mundiales de fertilizantes gracias a los fosfatos del Sáhara Occidental ocupado. Pero la realidad cotidiana de millones de marroquíes está lejos de esta imagen de prosperidad.
El año 2025 se cerró con una tasa de paro oficial del 13%, y de un 37% en el caso de los jóvenes. A principios de 2026 el Alto Comisariado del Plan, el instituto oficial de estadística, cambió el sistema de cómputo y los datos ya no son comparables. Sea como sea, los que tienen trabajo en muchos casos solo pueden optar a empleos precarios. Por eso, el 30 de julio muchos restaurantes de Fnideq (Castillejos) o Martil, localidades cercanas a Ceuta, se quedaron sin camareros que literalmente dejaron las bandejas sobre los mostradores y salieron corriendo detrás de la multitud que caminaba hacia el enclave español. El salario medio de un maestro es de unos 600 euros y el de un médico ronda los 1.200 euros.
Según un informe reciente del Banco Mundial, la debilidad estructural más grave de la economía marroquí es "su insuficiente capacidad para crear puestos de trabajo a la escala de lo que demanda su creciente población en edad de trabajar". Aproximadamente dos tercios del total de las inversiones provienen del sector público, mientras que los empresarios son reticentes a realizar inversiones a largo plazo por la existencia de oligopolios y la falta de competencia.
Más desempleo
El resultado es que a pesar del crecimiento económico, el empleo está en caída libre desde hace un cuarto de siglo. Cuando el rey Mohamed VI llegó al trono, en 1999, era del 55% y ahora es del 37%. El país se desarrolla, pero sus jóvenes no tienen más oportunidades laborales, sino menos. Según los cálculos de los economistas, cada año se deberían crear 370.000 puestos de trabajo que no existen.
El desempleo se ceba entre la juventud en el mundo rural, que además sufre directamente el cambio climático. El Mediterráneo se calienta un 20% más rápido que la media del mundo y en el sur avanza la desertización. La sequía ha destruido más de un millón de puestos de trabajo entre 2015 y 2024. Las mujeres también lo tienen más difícil: su tasa de actividad (19% en 2024) ha caído nueve puntos en el último cuarto de siglo.
Y las perspectivas no son precisamente favorables, porque con el barril de petróleo Brent por encima de los 100 dólares, difícilmente una economía ultradependiente de las importaciones de hidrocarburos podrá generar empleo a corto plazo, por mucho trabajo que genere el Mundial de fútbol de 2030.
La Generación Z ahogada
Hace justamente un año estalló el movimiento Gen Z 212, tras la muerte de ocho mujeres que se habían sometido a una cesárea en el hospital Hassan II de Agadir. La revuelta juvenil de la generación postmilenial (nacida entre 1995 y 2010), que se identificaba con la Generación Z adjetivada con el prefijo telefónico internacional de Marruecos, cristalizó la rabia por la degradación de los servicios públicos y la falta de oportunidades. Sus reivindicaciones eran claras: más inversión en educación y en sanidad, menos gasto suntuoso en los estadios del mundial, el fin de la corrupción y el nepotismo, y puestos de trabajo para la juventud. El movimiento, que tomó por sorpresa al aparato represivo del régimen, se organizó a través del servidor Discord, una plataforma de juegos en línea con un servicio de mensajería cifrada, donde su página superó los 250.000 usuarios en un solo día. Una semana más tarde sacó a cientos de miles de jóvenes a la calle con el lema "Menos estadios y más hospitales".
Un mes después el rey Mohamed VI proclamó en el parlamento que "no debe haber contradicción entre los programas sociales y los grandes proyectos nacionales" y el gobierno ordenó aumentar el gasto en sanidad y educación hasta los 140.000 millones de dirhams (unos 13.000 millones de euros, un 16% más que el año anterior). Pero eso solo era la zanahoria que colgaba del bastón: seis mil detenidos, de los cuales más de 2.000 han sido condenados a penas de más de 15 años de prisión, según la Asociación Marroquí de Derechos Humanos.
Como apunta Miguel Hernando Larramendi, catedrático de estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Castilla-La Mancha y miembro de la junta del Centro de Estudios Árabes Contemporáneos, "las protestas de la Generación Z son una manifestación del malestar de los jóvenes por la diferencia entre sus expectativas y su realidad, por la falta de horizontes y por el paro". Destaca también que, al margen de las cuestiones geopolíticas, el hecho de que al día siguiente del discurso del rey en el que destacaba la estabilidad y el desarrollo del país en sus 17 años en el trono, 80.000 personas intentaran salir del país cuestiona el nuevo modelo de desarrollo.
Autoritarismo con elecciones
La mayoría de estos jóvenes no tienen ninguna intención de participar en las elecciones legislativas del próximo 23 de septiembre. Desde el 2002, la abstención electoral –especialmente elevada entre los jóvenes– es una tendencia creciente en Marruecos: la participación pasó del 58,3% al 50,2% en 2021, y además el porcentaje de votos nulos suele ser alto (un 22% en 2011 en plena oleada de revueltas en el mundo árabe). Saloua Zerhouni, profesora de ciencias políticas en la Universidad Mohamed V de Rabat lo atribuye a la desconfianza en el sistema político. "Los partidos son percibidos como corruptos, ineficaces y desconectados de las preocupaciones de la población. Y también hay una falta de interés por las elecciones, consideradas irrelevantes o sin un impacto real en la vida cotidiana. De hecho, para comprender la abstención electoral sería útil recordar qué sentido tiene el voto en regímenes donde las elecciones son espacios de competición controlada y donde votar no ofrece incentivos a la hora de seleccionar quién gobernará y tomará las decisiones". La baja participación se disimula porque se calcula de acuerdo con los inscritos en el censo electoral y no al conjunto de la población en edad de votar.
En Marruecos el gobierno es votado, pero la monarquía tiene la última palabra. "La peculiaridad del sistema político marroquí es que el polo monárquico controla todos los resortes del poder. Quien decide es el rey y su entorno y el gobierno es un ejecutor", explica Laura Feliu, decana de la facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma de Barcelona. "La monarquía tiene también un papel religioso muy importante, aunque algunos sectores islamistas lo cuestionan, pero las mezquitas también están bajo su control", añade. El rey controla la policía, los servicios de inteligencia y también el ejército (ni siquiera existe un ministerio de Defensa) y también las políticas públicas en última instancia. Por eso puede salir de las crisis combinando la represión con medidas sociales. "La prensa independiente ha ido desapareciendo en los últimos años y las voces críticas han sido silenciadas o tienen que trabajar desde el exterior a través de las redes", añade.
Además, en el caso de Marruecos la dinastía alauí ostenta también la máxima autoridad religiosa, lo que lo convierte en una figura sagrada que no se puede criticar. "Se puede criticar al gobierno, pero no la figura del rey, y es muy difícil saber la percepción del monarca entre la población porque todo el mundo sabe que a su alrededor hay delatores", añade. Mohamed VI es poco activo en la vida pública, tiene problemas de salud y en los últimos años ha protagonizado algunos escándalos, como cuando en agosto de 2022 se viralizó un vídeo en el que se le veía aparentemente borracho por las calles de París junto a los hermanos Azaitar, los luchadores de artes marciales que se han convertido en figuras inseparables. Hace tiempo que se especula con la sucesión al trono del príncipe Moulay Hassan, nacido en 2003, pero no se acaba de concretar.
A las urnas el 23 de septiembre
Un estudio de la asociación Los Ciudadanos de junio revela que, si bien el 66,6% de los marroquíes considera importante votar, solo el 13,6% cree en el resultado. Una encuesta de Sunergia señala que el 38,7% de las personas consultadas ni siquiera están inscritas en el censo electoral. La participación y no tanto el resultado es lo más interesante de las legislativas que se celebrarán de aquí a menos de dos semanas.
La crisis de legitimidad del gobierno saliente se cristaliza en la figura de Aziz Akhannouch, primer ministro desde 2021 y la segunda fortuna más grande del reino por su imperio de gasolineras y el agroalimentario Akwa Group. En enero Akhannouch anunció que no aspiraría a un tercer mandato, una decisión que, según algunos observadores, habría llegado por decisión de Palacio. Muchos marroquíes volverán a recordar el día 23 el chiste del popular humorista Bziz, que decía de las primeras elecciones con Mohamed VI: "el fraude, esta vez, será limpio y transparente".
El Sáhara y las alianzas internacionales
En el ámbito diplomático Marruecos ha conseguido con su alianza con los Estados Unidos e Israel asegurarse un apoyo clave en su principal disputa: el Sáhara Occidental, la colonia española que ocupó a finales del franquismo. Donald Trump reconoció –en un tuit– la soberanía marroquí sobre este territorio, contraviniendo el derecho internacional, un paso que después han seguido diversos gobiernos europeos, incluido el de Pedro Sánchez. También ha mostrado más desacomplejadamente su alianza con Israel, que es histórica, a pesar del apoyo popular a Palestina, que ha crecido con el genocidio de Gaza. "Mohamed V fue el artífice de la construcción del estado nación moderno marroquí, Hassan II profundizó las alianzas de Marruecos con Occidente y el principal hito de Mohamed VI es el reconocimiento de la soberanía marroquí del Sáhara Occidental por los EE. UU. y las capitales europeas", explica Moussa Bourekba, investigador del Cidob.
La colaboración de Rabat con Israel siempre ha sido estrecha, y se ha destapado con investigaciones como la de Forbidden Stories que implicaba a Marruecos en el uso del software espía Pegasus del grupo israelí NSO, infiltrado en los móviles de miles de periodistas y activistas.
"El país se consolida como una potencia geopolítica y la puerta de entrada de las inversiones en África, pero con la persistencia de las desigualdades entre el campo y la ciudad, el paro juvenil, la mitad de los jóvenes que se plantea emigrar, la forma en que se está erigiendo en potencia regional es cuestionable", añade Bourebkba.
Cambio demográfico: una sociedad en transición
Más allá del blindaje del sistema político y la dinámica económica hay una sociedad que avanza mucho más rápido que las instituciones. Esto se expresa en el cambio demográfico y del modelo tradicional de familia. Los marroquíes se casan más tarde, tienen menos hijos, viven más años y pasan de la familia extensa a la nuclear. La edad media del matrimonio ha subido hasta los 26 años en el caso de las mujeres (ahora masivamente escolarizadas) y los 33 para los hombres, y la mitad de los solteros dicen que no quieren casarse. Las familias han pasado de una media de 4,6 miembros en 2014 a 3,9 en 2026, lo que se explica por la caída de la fecundidad (1,98 hijos por mujer, menos de los que harían falta para mantener la población). Marruecos deja atrás el modelo de una sociedad muy joven, de familias numerosas y crecimiento demográfico rápido.