Guerra en Sudán

Tres años de la guerra más ignorada: "Se están cometiendo crímenes atroces"

El conflicto en Sudán, que sufre la crisis de desplazados más grande del mundo, llega al tercer aniversario con las esperanzas depositadas en la cumbre de Berlín

Barcelona"Antes de la guerra, tenía una buena vida. [...] Un día un proyectil cayó en casa. Mató a mi padre y a mi madre al instante". Este es el testimonio recogido por Médicos Sin Fronteras de Amna, una niña de trece años que ahora vive con su hermana, de quince años, en el campo de refugiados de Tawila, en Darfur. Como ella, 14 millones de personas han sido desplazadas a Sudán por culpa de la guerra. Como sus padres, unas 150.000 personas han muerto víctimas del conflicto.

Lo que comenzó como un intercambio de disparos entre las Fuerzas de Apoyo Rápido y las Fuerzas Armadas del país, en tres años se ha convertido en una catástrofe multidimensional: ha provocado la peor crisis humanitaria del mundo, ha causado episodios devastadores de limpieza étnica y ha dejado el país dividido de facto, con un batiburrillo de actores regionales implicados que dificultan cualquier salida al conflicto.

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"La situación humanitaria en Sudán es a estas alturas extrema", dice a ARA la coordinadora de emergencias de Médicos Sin Fronteras desde Darfur. Muriel Boursier insiste en "la escala" de la catástrofe que ha disparado las necesidades sobre el terreno: la guerra ha desmantelado los servicios esenciales, como la atención sanitaria, la protección, la seguridad alimentaria y la seguridad básica. Según datos de la Cruz Roja Internacional, entre el 70% y el 80% de las infraestructuras de salud no están operativas. El Programa Mundial de Alimentos da asistencia a más de 3,5 millones de sudaneses en las regiones de Darfur y Kordofán, donde se ha confirmado la situación de hambruna. Pero crece la preocupación por mantener esta asistencia: la financiación no llega y el escenario puede agravarse por la subida de precios derivada del conflicto en Oriente Medio.

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Más allá de los términos humanitarios, Boursier ha constatado que la guerra es extrema en "los niveles de violencia vividos por la población civil". "Se están cometiendo crímenes atroces desde ambos bandos. La lucha entre las dos facciones militares está arrastrando al país hacia un abismo mortal", sostiene Solomon Dersso, director del think tank Amani Africa desde Etiopía.

A pesar de todo, Sudán continúda siendo una guerra casi invisible a ojos de la comunidad internacional. "Vivimos un momento histórico con un récord global de conflictos", dice Dersso, que lamenta que la magnitud de lo que ocurre en Oriente Medio y en Europa "chupa la atención mundial y eclipsa a Sudán". Pero para el investigador asociado del CIDOB Òscar Mateos también es un problema de percepción occidental. Advierte que a menudo lo abordamos "desde una mentalidad profundamente racista, sin entender sus raíces".

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Una guerra entre antiguos aliados

El conflicto más inmediato es el resultado del enfrentamiento entre dos actores –las Fuerzas de Apoyo Rápido (FSR) en Sudán y las Fuerzas Armadas– que en su momento fueron aliados para derrocar el gobierno anterior, de Omar al-Bashir. Los hombres que capitaneaban cada rama militar, el general Mohamed Hamdan Dagalo y el general Abdel Fattah al-Burhan, respectivamente, no estaban de acuerdo con la dirección que debía tomar el país ni con la arquitectura que debían tener las fuerzas militares.

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El 15 de abril de 2023 comenzaron los disparos, que de inmediato escalarían en un conflicto nacional con la implicación de muchos actores regionales. A día de hoy, el ejército del país –bajo las órdenes de Abdel Fattah al-Burhan– controla la mayor parte del norte y del este, mientras que las FSR, con Hamdan Dagalo, controlan el oeste. En aquella zona se encuentra Darfur, que ha sido el escenario de algunos de los crímenes más duros de toda la guerra. Su capital, el-Fasher, cayó en manos de las FSR a finales del año pasado, después de 18 meses de asedio. Cuando el personal humanitario pudo entrar, encontraron indicios de asesinatos masivos que Human Rights Watch ha calificado de "campaña de limpieza étnica".

Boursier, que se encuentra justamente en esta región, alerta que cada vez atienden a más civiles: "Son niños y mujeres que no toman parte en el conflicto". Y explica que "la violencia sexual ha sido una característica" de la guerra que se ha utilizado como arma por parte de hombres de ambos bandos. "Hemos tratado a más de 3.000 mujeres en Darfur, solo en los lugares donde tenemos presencia, sin contar el resto del país o las víctimas que por miedo o vergüenza no lo explican", relata.

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La virulencia del conflicto se ha generado en una "atmósfera de impunidad casi total", a juicio de Dersso, que ha sido tolerada y fomentada por los aliados regionales. "Uno de los factores que hace que esta guerra sea tan destructiva y difícil de resolver es el extraordinario nivel de implicación de actores regionales y extraregionales", sostiene. Tanto los Emiratos Árabes, que financian las FSR, como Egipto, que apoya al ejército sudanés, están profundamente implicados y tienen intereses en el país. Pero también hay que tener en cuenta "el papel de empresas de seguridad privadas rusas y del Kremlin", añade Mateos. Para el experto etíope, la fragmentación de Sudán es tan profunda que "la propia existencia del país" está en peligro. Por la vía militar, ninguna de las dos partes tiene opciones de conseguir una victoria total.

Sin un fin a la vista

Mientras tanto, el ostracismo mediático también ha condenado a Sudán al silencio diplomático: la resolución del conflicto se encuentra en una vía muerta. Este miércoles, comienza en Berlín una cumbre que podría ser una oportunidad para poner fin al conflicto. Se prevé que participen medio centenar de representantes –entre los que habrá presencia de Alemania, la Unión Africana, la Unión Europea, Francia, el Reino Unido y los Estados Unidos– que también mirarán de conseguir vías de financiación para la ayuda humanitaria. Pero las expectativas son bajas. Al menos, las relativas a la resolución política. Las Fuerzas Armadas de Sudán y una de las milicias rivales ya han dicho que no participarán.

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"Podemos esperar resultados escasos. La misma sociedad civil ha desacreditado y deslegitimado la configuración de la cumbre, y muchos actores que participan tienen poco interés e incentivos en encontrar un acuerdo de paz constructivo", afirma Mateos. Pero para Dersso, la importancia de Berlín es sobre todo "sacar la guerra a la luz" y movilizar la opinión pública internacional. "Es el lugar donde debería empezar un giro estratégico. Si la cumbre sirve para poner el foco en los civiles, se abrirán nuevas posibilidades de resolución", defiende.