Una 'marea azul' abre la puerta a la 'trumpización' de América Latina
El apoyo a la intervencionismo de los Estados Unidos deja de ser un tabú entre los partidos de derechas, pero continúa generando oposición entre la población
BarcelonaColombia, el Perú, Chile, la Argentina, el Ecuador, el Paraguay, Panamá, Costa Rica, Guatemala y El Salvador. Una marea azul ha mutado desde 2023 el mapa político de América Latina. Lo que hace pocos años parecía una nueva marea rosa –la forma en que se denominó la ola de gobiernos de izquierda en el continente a principios de los años 2000– tan solo ha durado una legislatura. Ahora, el giro ideológico es aún más brusco. Si hace 15 años los sudamericanos viraron hacia la derecha, ahora, siguiendo la tendencia global, lo hacen hacia la extrema derecha, allanando el camino a los planes de Estados Unidos de volver a situar la región como el patio trasero de Washington.
Los últimos han sido el Perú y Colombia. Keiko Fujimori y Abelardo de la Espriella, respectivamente, asumirán pronto la presidencia de sus países, y se sumarán a la lista de líderes ultraconservadores en el continente alineados con Washington con nombres como José Antonio Kast (Chile), Nayib Bukele (El Salvador) y Javier Milei (Argentina). El apoyo mutuo de la derecha y la extrema derecha con Estados Unidos ha quedado patente en las campañas electorales que han dado la victoria a estas opciones políticas, pero sobre todo se constató en el encuentro en Miami que Donald Trump organizó en marzo, cuando los mandatarios latinoamericanos y el magnate neoyorquino presentaron lo que bautizaron como Escudo de las Américas, una alianza de 12 líderes de la región fieles al trumpismo.
Si bien las formaciones de derechas en el continente se han alineado tradicionalmente con Washington, este posicionamiento a menudo quedaba en un segundo plano en los discursos públicos, ya que el rechazo a una tutela por parte de la Casa Blanca ha sido en las últimas décadas un sentimiento ampliamente extendido entre la población latinoamericana. "Lo políticamente incorrecto era decir que estabas alineado con los EE. UU. Pero ahora, entre las formaciones políticas de la derecha esto ha dejado de ser un tabú", expone a el ARA Melisa Deciancio, investigadora de Flacso y Conicet.
Ahora bien, a pesar de que la población dé apoyo en las urnas a opciones políticas que abogan por una colaboración estrecha con la Casa Blanca, en la mayoría de países la figura de Donald Trump genera desconfianza. Según datos del Pew Research Center, en la Argentina, Chile y el Perú, entre un 60 y un 70% de la ciudadanía desconfía del presidente estadounidense.
Que la ciudadanía no simpatice con la figura de Trump no quiere decir necesariamente que vea con malos ojos a Estados Unidos. En Colombia, el 60% de la población tiene una opinión favorable respecto al vecino del norte. Un porcentaje que en Perú se sitúa en el 51%, en Argentina baja hasta el 44% y que en Chile se queda en el 37%. Tal como demuestran los datos, hay que tener en cuenta que es "muy difícil" leer América Latina como un todo, sobre todo cuando se trata de opiniones entre la ciudadanía, tal como advierte Palmira Tapia, politóloga del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) de México.
En todo caso, lo que es un hecho es que los triunfos de la extrema derecha –con líderes que en diferente medida y forma se asimilan a Donald Trump y se alinean con él– proliferan en el continente, sobre todo cuando se trata de comicios presidenciales. "El hiperpresidencialismo de la región favorece a los candidatos que se presentan como outsiders de la política, que hacen campañas muy centradas en un hiperpersonalismo", retrata Deciancio. Un caso paradigmático es Colombia. En junio la extrema derecha ganó las presidenciales, pero en primavera el partido del hasta ahora presidente, Gustavo Petro, de izquierdas, logró la victoria en las dos cámaras del país.
Más allá de las implicaciones que pueda tener el voto a formaciones pro-Trump, los motivos que llevan a la ciudadanía a votar por estas opciones raramente tienen que ver con la política exterior o el posicionamiento defendido por el candidato respecto de Estados Unidos. Tapia señala que, si bien los comicios no se pueden entender sin la intromisión abierta de Trump apoyando a ciertos candidatos y condicionando ayudas o créditos a victorias concretas, lo que realmente determina el voto suelen ser dinámicas y problemáticas internas, además de una intención de castigo a los partidos que habían gobernado hasta ahora. "Sería cautelosa ante la idea de que hay una derechización del electorado latinoamericano. La mayoría de países donde gobierna la extrema derecha todavía se encuentran en la primera legislatura en la que esta opción política alcanza el poder, y habrá que ver qué pasa cuando acaben el primer mandato", advierte recordando el caso de Brasil y Jair Bolsonaro.
Brasil y México aguantan el pulso
De hecho, en medio del auge de la extrema derecha en el continente, Brasil y México –las dos economías más grandes de la región– mantienen ejecutivos de izquierdas con un discurso claramente contrario a la intervención de Washington. A nadie se le escapa que la realidad de estos dos países es muy diferente de la de estados como Venezuela y Cuba que, con ejecutivos más a la izquierda, han acabado adoptando políticas alineadas con los intereses de los Estados Unidos.Aunque cuantitativamente solo son dos estados, los países gobernados por Lula da Silva y Claudia Sheinbaum aportan juntos más del 60% del PIB regional, según datos del FMI de 2025, y sus dirigentes forman parte de la socialdemocracia global que hace bandera de la oposición al presidente estadounidense.
Más allá del peso en la economía de la región, factores como la proximidad geográfica de México a los Estados Unidos –a quien no conviene que el país vecino se desestabilice– o la diversificación de socios comerciales internacionales que ha llevado a cabo Brasil, mirando a China, hacen que Washington tenga que hacer equilibrios entre la retórica y la colaboración con los dos estados, en un momento de influencia creciente de Pekín en el continente, una de las principales amenazas a los planes de Trump de controlar la región. Un triunfo de la derecha en estos dos países sería el empuje final para que Washington reeditara sin grandes escollos la doctrina Monroe. Por ahora, sin embargo, Sheinbaum es la presidenta mexicana con más apoyo en las urnas de la historia reciente del país y Brasil celebra elecciones en otoño con Lula encabezando todas las encuestas.