México cierra en falso el choque con España por el pasado colonial
Sheinbaum, que necesita aliados para hacer frente a Trump, rebaja el enfrentamiento con la casa real a pesar de no haber conseguido un perdón formal ni una reparación real
-
CAT -
ENG
BarcelonaHace un año, la imagen que ilustra esta pieza habría sido imposible. Es del 25 de junio, cuando medio mundo vivía pendiente del Mundial de fútbol, que se disputaba, en parte, en México. En ella aparecen la presidenta del país, Claudia Sheinbaum, y Felipe VI, y se tomó durante la visita del monarca español al Palacio Nacional del país latinoamericano, en un encuentro que fue "muy cordial", según la mandataria mexicana. Suponía la culminación de un proceso de acercamiento entre la corona española y México, y dejaba atrás años de tensiones por el pasado colonial español tras algunos avances que quedan lejos de las peticiones que motivaron el choque.
Durante este último año, España ha reconocido "mucho abuso" en la colonización de América, matizando la posición histórica que ha mantenido durante siglos sobre la época colonial. El primero en remover las costuras del discurso oficial fue el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, el pasado octubre. En la inauguración de una exposición en Madrid titulada La mujer en el México indígena, hecha en colaboración con la administración mexicana, el titular de Exteriores habló de "claroscuros" en la historia y reconoció "dolor e injusticia" hacia los pueblos originarios. En marzo, Felipe VI, durante una visita a la misma exposición, admitió "mucho abuso" a pesar del "afán de protección" que, según afirmó, tenían los Reyes Católicos.
Dos días después, la presidenta mexicana invitó al monarca español a asistir al Mundial de fútbol en México. Hasta entonces, las relaciones con la casa real eran tensas. Por ejemplo, Sheinbaum no invitó a Felipe VI a su toma de posesión en protesta por la actitud del monarca y de la institución respecto al pasado colonial. En el trasfondo de todo ello está la petición de unas disculpas formales que en 2019 hizo el expresidente mexicano López Obrador a la corona española. Felipe VI no respondió a la carta en la que México hacía la solicitud, y las relaciones quedaron tensas durante años, si bien en ningún momento se han roto.
Las disculpas no han llegado. Tampoco se ha celebrado una ceremonia conjunta "al más alto nivel", como pedía la carta, de reconocimiento de los agravios. De hecho, las palabras del rey fueron con la boca pequeña, en un vídeo de seis minutos colgado en las redes sociales en el que Felipe VI recorría la exposición en Madrid y hablaba con los organizadores. Aún menos se ha acordado y redactado un relato compartido de la historia en común de los dos territorios, tal como también solicitaba la misiva. "La reparación debería implicar crear políticas públicas de memoria. Habría que hacer instituciones y espacios de investigación y debate permanentes en los que se aborde el expolio, el esclavismo y la reparación de estos hechos", añade Jordi Guixé, historiador y director del Observatorio Europeo de Memorias de la UB. No se ha hecho nada de todo esto.
Los equilibrios de Sheinbaum
Con todo, México ha rebajado la insistencia en reparar el pasado. "En estos momentos es más importante para el país mantener y diversificar sus alianzas internacionales. Sheinbaum no quiere tensiones con otros países, porque ya tiene bastante con los Estados Unidos y el viraje del continente hacia la derecha", retrata Palmira Tapia, politóloga del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) de México. Trump mantiene un enfrentamiento con el gobierno de izquierdas mexicano que implica la imposición de aranceles, la externalización de las fronteras y acusaciones al ejecutivo de Sheinbaum de no hacer lo suficiente para combatir el tráfico de drogas. Son presiones similares a las que inflige a otros estados de América Latina, donde sus palabras han acabado con intervenciones directas, como en Venezuela, o indirectas, por ejemplo con presiones en contextos electorales, como ha ocurrido en Brasil o en Argentina.
En el caso de México, los analistas suelen apuntar que es menos probable que las presiones escalen hasta una intervención militar. Desestabilizar un país con tantos kilómetros de frontera directa con los EE. UU. sería especialmente arriesgado. Pero en el contexto actual, Sheinbaum necesita reforzar sus alianzas, y con Pedro Sánchez la unión es relativamente sencilla. La mexicana y el español se han erigido en dos de los principales referentes de la izquierda mundial, y la mandataria mexicana fue una de las principales invitadas a la cumbre progresista de abril celebrada en Barcelona.
Con el arrinconamiento en el continente del proyecto político que representa Sheinbaum, la cuestión de las disculpas –o, cuando menos, de un reconocimiento de los hechos del pasado– ha ido perdiendo voz en las instituciones de los países. Quedan lejos las acusaciones de genocidio de Gustavo Petro, expresidente colombiano, o Nicolás Maduro, presidente venezolano depuesto por los Estados Unidos. Los nuevos gobiernos de derecha y extrema derecha en la mayoría de los casos no solo no ponen esta exigencia sobre la mesa, sino que incluso algunos alaban la conquista española. Javier Milei, en Argentina, ha recuperado el Día de la Raza como nombre oficial de la festividad del 12 de octubre en el país, y considera un "disparate" que España tenga que pedir perdón, porque la llegada de Colón a América marcó "el inicio de la civilización en el continente", asegura.
Más allá del contexto internacional, Sheinbaum, heredera de López Obrador, representa un sector más moderado en algunas cuestiones respecto a su predecesor, a pesar de que ambos formen parte del mismo espacio político, señala Tapia. Unas diferencias que a la hora de gobernar se concretan en un estilo más técnico y menos confrontativo. "La petición de disculpas la vimos con López Obrador y ya no la volveremos a ver más", concluye la politóloga mexicana.