Perú mira al futuro por el retrovisor: una elección para el retorno a dos pasados opuestos
La heredera política del dictador Fujimori y el sucesor del expresidente de izquierdas Castillo se disputan la segunda vuelta
BarcelonaEn unos comicios, lo habitual es que los partidos miren hacia el futuro. Tampoco es extraño mirar al presente si lo que se busca es renovar la presidencia o una mayoría en el Parlament. En determinados contextos, algunas formaciones, por el futuro, buscan evocar el pasado. Lo que es menos frecuente es que la ciudadanía llegue al colegio electoral y encuentre que las dos opciones que tiene para votar evocan diferentes pasados de la historia de su país, por muy diferentes que sean. Es el escenario en el que se encuentra el Perú este domingo, que celebra la segunda vuelta de las elecciones presidenciales.
que dirigió el Perú entre 1990 y 2000quien dirigió el Perú entre 1990 y 2000en 2022 él mismo disolvió el Parlamento y estableció un estado de excepciónEs la cuarta vez que Keiko Fujimori se presenta a los comicios. Esta vez Roberto Sánchez es su rival. Él también evoca la figura de un expresidente, en este caso de Pedro Castillo, de signo político contrario, que gobernó el país entre julio de 2021 –después de ganar Keiko Fujimori en las urnas– y diciembre de 2022. Actualmente se reivindica como el "presidente secuestrado" del Perú, después de que en 2022 él mismo disolviera el Parlamento y estableciera un estado de excepción para romper el bloqueo que le imponía el legislativo a cualquier medida que pretendía impulsar. En el momento del autogolpe, los poderes fácticos no se pusieron de su lado y acabó encarcelado. La izquierda considera que Castillo, que se ha convertido en un símbolo para los sectores más empobrecidos del país, especialmente para los pueblos originarios, fue expulsado del poder por las élites que representa actualmente Fujimori, la cara del neoliberalismo extremo y la derecha autoritaria en el Perú.
"Podemos decir que el partido de Sánchez es de izquierdas porque tiene un discurso de justicia social e inclusión de los sectores marginados, pero no está nada ideologizado", retrata Ana Ayuso, investigadora sénior para América Latina del Cidob. "De hecho, hay hasta quien discute que sea un partido de izquierdas", añade Martí. Rodrigo Gil, politólogo del Instituto de Estudios Peruanos, define el partido de Sánchez como "una izquierda que plantea una crítica frontal al centralismo de la capital". "Se basa en el personalismo de Castillo. Sánchez lo emula incluso físicamente, usando un sombrero como el que usaba el expresidente", detalla Gil. De hecho, el vínculo entre el candidato y el expresidente es tan estrecho que Sánchez ha anunciado que pasará la noche electoral haciendo una visita a la cárcel donde Castillo está encarcelado.
Una población desencantada
El duelo entre los círculos conservadores y la resistencia y revuelta electoral de los sectores empobrecidos y olvidados despertaría pasiones en prácticamente cualquier contexto. Pero a pesar del enfrentamiento y la polarización entre dos bandos de signo político contrario, la campaña electoral no ha dado grandes titulares. "Los candidatos no han movilizado grandes ilusiones, miedos o expectativas, lo que transmite el estado de ánimo del país en los últimos años", ilustra Gil.
Perú ha tenido diez presidentes en ocho años, y esta inestabilidad ha hecho que buena parte de la población se haya desconectado de la política. Además, a pesar de que los datos macroeconómicos se mantienen estables, la mayoría de la ciudadanía no ve una mejora de sus condiciones materiales en un país en el que el 70% de la población vive del trabajo informal. La preocupación por la inseguridad provocada por organizaciones criminales, a menudo relacionadas con el tráfico de droga, ha sido uno de los grandes temas que han planeado en la campaña, pero ya hace tiempo que la cuestión ocupa la agenda política del país y las propuestas para hacerle frente se van alternando –con más o menos éxito a la hora de implementarlas– dependiendo de quién ocupe la presidencia y controle el Congreso, donde el fujimorismo tiene un gran peso.
La mayoría de encuestas apuntan una ligera ventaja de la candidata de la derecha, que se ha ido incrementando a medida que han pasado las semanas. Pero los pronósticos en el país tienen un margen de error bastante amplio. A estas alturas, todos los expertos consultados coinciden en asegurar que es complicado pronosticar quién ganará los comicios. La ola reaccionaria global puede beneficiar a Fujimori, pero Sánchez ha moderado su discurso en los últimos días y ha presentado un nuevo plan de gobierno, diferente del que había puesto sobre la mesa al inicio de la campaña, con el que intenta convencer al elector antifujimorismo de que con una propuesta como la anterior, mucho más centrada en reforzar el papel del estado, quizás no le votaría. Será este electorado, sobre todo formado por lo que se conoce como clase media, el que incline la balanza.