La crisis de la soledad en China
Hace unas semanas, el polemista por excelencia de China, Ai Weiwei, regresó a Pekín después de años en el exilio. Hablando con periódicos occidentales de su visita, dijo que en China autoritaria se había sentido más acogido que en Alemania democrática. Por las calles de la capital china, los vecinos comenzaban conversaciones amistosas e informales con él. En Alemania, por contraste, casi nadie le invitó a casa a cenar durante los diez años que vivió allí.
En mis viajes a China, yo también he vivido esa espontaneidad de las interacciones sociales. Cuando paseo por las calles de una ciudad o pueblo chino, sé que probablemente surgirá algún encuentro interesante. También sé que yo soy sólo un visitante. Que mi mirada no está marcada por la rutina de vivir en el país, sino por la excepcionalidad del viaje. Y que en buena parte de la población china, el gran sentimiento que les invade en su día a día es el de la soledad.
El tema aparece habitualmente en las conversaciones. La mayoría suelen ser jóvenes que viven en zonas urbanas. Hace unos años, en el noreste de China, una chica me dijo que llevaba años viviendo en su ciudad y no tenía ni un solo amigo. Pensé que era un caso excepcional. Pero cada año conozco a más chinos que viven una situación similar. Hace unas semanas, se hizo viral que una de las apps más descargadas en China se llama "¿Estás muerto?" y sirve para avisar a tus contactos si hace días que no das señales de vida. La economía de la soledad en China crece cada año, con restaurantes ofreciendo el plato comunitario por excelencia, la olla caliente, para comensales individuales, o con chicas chinas teniendo relaciones amorosas con muchachos hechos con inteligencia artificial.
Dentro de la rueda del esfuerzo infinito
China es un gran poder geopolítico y económico. Pero su sociedad se ha fragmentado. En 2000 un 3% de la población vivía sola, mientras que la cifra ha subido ahora al 20%. Durante las últimas décadas, más de 250 millones de personas se han marchado del campo chino en dirección a las ciudades, en la mayor migración de la historia. Este movimiento humano ha servido para industrializar China y liberar a las mujeres del control familiar. Pero también ha roto los lazos comunitarios y sistemas de cuidado y ayuda mutua social que habían existido en China durante siglos. Los hijos chinos marchan ahora a vivir a ciudades a decenas de kilómetros de los padres, en un modelo similar al de Estados Unidos –otra sociedad que sufre una crisis de soledad.
Los jóvenes chinos urbanos, además, están agotados. Muchos se sienten dentro de una rueda infinita de esfuerzo (el llamado neijuan). Trabajan largas jornadas laborales para ahorrar para comprar un piso, requisito para casarse. Pero la economía china no va como antes incluso es más caro. Algunos han renunciado directamente al matrimonio, el pilar social que aguantó la estructura social china durante siglos. Las bodas en China han caído más de un 60% desde 2013. La natalidad también ha disminuido a la mitad. Muchas mujeres ya no quieren casarse. Los solteros se compran mascotas. La mayoría de estos jóvenes chinos crecieron siendo hijos únicos. Su soledad parece que va a durar años.