Ni con Irán, ni con la UE: China nunca será un aliado
En 1950, Mao Tse-tung envió tropas chinas a lidiar con sus "hermanos" norcoreanos contra Estados Unidos por el control de la península coreana. Mao acababa de instaurar la República Popular y la unión ideológica entre movimientos socialistas asiáticos era fuerte. Las tropas comunistas chinas, desgastadas por la guerra contra los japoneses y la guerra civil, estaban dispuestas a acudir en la ayuda de su aliado norcoreano, pese a la situación precaria y débil de la República Popular.
La situación ha sido completamente la opuesta hace unos días, cuando Estados Unidos e Israel decidieron atacar a Irán. China ha condenado el ataque, pero no ha hecho –ni va a hacer– mucho más. Los intelectuales más transatlánticos han hablado en estos últimos años de un "eje de autocracias" —China, Rusia, Corea del Norte, Irán, Venezuela— que supuestamente ponía en peligro el orden democrático mundial. Pero China ni saltó a ayudar a Maduro, ni lo hará ahora con Irán. Tal y como ha hecho con el nuevo gobierno venezolano, si el de Irán cayera, Pekín se adaptaría de forma pragmática a las nuevas autoridades y volvería a hacer negocios con ellas. Putin es una historia diferente: la mayor frontera de China es con Rusia, un flanco norte crítico para la seguridad de Pekín. Si hubiera un cambio de régimen antichino en Moscú, veríamos una remilitarización de Siberia.
La China actual no es la Unión Soviética. Los rusos tenían objetivos ideológicos universalistas, de extender su modelo a nivel internacional promocionando guerrillas y movimientos subversivos. Mao siguió un patrón similar, y apoyó insurgencias en el sudeste asiático y el Índico. Pero China de las últimas décadas es una criatura muy distinta: sus intereses son puramente nacionales. Los grandes conflictos territoriales que tiene China están en su periferia inmediata -Taiwán, el Himalaya, el Mar del Sur de China-, vinculados a su narrativa patriótica y sentimiento de inseguridad territorial. China no se meterá en una guerra proxy por Irán, ni llevará tropas sobre el terreno a Oriente Medio, como hicieron los soviéticos o los americanos. De cara a meterse en conflictos exteriores, Pekín es una potencia extremadamente conservadora.
China es muy recelosa de firmar alianzas formales con nadie. Incluso la tan abombada "amistad sin límites" con Moscú no tiene ninguna validez real. China se adapta a la realidad del mundo —de forma pragmática o cínica, dirán unos u otros— mirando principalmente por sus intereses. La mirada de China es fundamentalmente nacionalista. Pese a continuar gobernado por un Partido Comunista, Pekín es escéptico con todo lo que suene como valores universales o misiones internacionalistas. Carece de ambiciones napoleónicas o de creación de un imperio global.
Al mismo tiempo, la falta de ese universalismo, ese pragmatismo maleable, hace que cualquier esperanza de los europeos de tener en China un socio convencido y estable sea más bien un espejismo. Si los iraníes no pueden contar con China ante un ataque, tampoco nosotros podemos contar con ella si nuestros objetivos no encajan con sus intereses. En cualquier caso, por muchos giros de guión que pueda realizar China, ahora mismo Pekín parece un paraíso de estabilidad y predictibilidad en comparación con Estados Unidos.