Asia

Cómo China se está aprovechando del caos Trump para reivindicarse como centro geopolítico

Xi Jinping saca rédito del momento de inestabilidad global y se presenta como un mandatario fiable y defensor del multilateralismo

El presidente de los EE. UU., Donald Trump, visita China y se reúne con Xi Jinping.
4 min

PekínLas visitas en menos de una semana de Donald Trump y Vladímir Putin a Pekín han puesto a China en el centro de gravedad de la diplomacia mundial. Parece que todos los caminos conducen a Pekín, ya que Trump y Putin han sido solo los últimos y más relevantes de una larga lista de visitantes. En los últimos meses, Xi Jinping ha recibido al presidente francés, al canciller alemán, al primer ministro irlandés, al del Reino Unido, al de Corea del Sur, al de Canadá... Pedro Sánchez también ha estado en la lista y su encuentro con Xi Jinping coincidió con la del príncipe heredero de Abu Dabi, un ejemplo más de la intensa agenda del presidente chino.

ha conseguido que el mundo mire hacia China para buscar estabilidadha conseguido que el mundo mire hacia China para buscar estabilidad en un contexto internacional marcado por las guerras y la crisis energética.

La prensa china, estatal y dependiente del gobierno, se ha apresurado a presumir que Pekín emerge como "epicentro de la diplomacia mundial". En el Global Times destacaban el análisis del profesor Li Haidong, de la Universidad de Asuntos Exteriores de China, que aseguraba que el paso por Pekín de los líderes de los cuatro países con asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU era “un reconocimiento colectivo del peso global de China”.

El gigante asiático se reivindica como aquello que siempre ha creído ser: el centro del mundo. Zhōngguó –que significa el país del centro– es el nombre chino del gigante asiático. Esta explosión diplomática y la exhibición orgullosa que China hace de este protagonismo contrasta con la situación de hace unos años. Era la llamada política del “guerrero lobo”, que consistió en agresivas respuestas diplomáticas a cualquier crítica, que llevó a China al aislamiento. La pandemia de la covid-19 intensificó este aislamiento, ya que el gobierno chino reaccionó con un cierre total de fronteras, duras medidas de cuarentena para la población y la exigencia de que no se culpase a China por ser el origen de la crisis sanitaria. Ahora todo parece cambiar y Xi Jinping hace ostentación de la emergencia de China y de su papel estabilizador.

A pesar de la propaganda, el peregrinaje de mandatarios internacionales no es nuevo. Los líderes de la Unión Europea viajan a menudo a China en busca de acuerdos comerciales atraídos por su gran mercado. En cambio, la visita de Donald Trump sí que se puede calificar de excepcional, ya que hacía casi una década que un presidente estadounidense no hacía un viaje oficial al país. La coincidencia en escasos días con la estancia de Putin ha sido casual. Fue Trump quien retrasó las fechas de su viaje previsto para abril a causa de la guerra en Irán.

Comercio o diplomacia

A pesar de la atracción que ejerce Pekín, es exagerado hablar de cambio de ciclo y de que Asia sea ya definitivamente el centro del mundo. De hecho, sufre directamente las crisis o los problemas que continúan proviniendo de Occidente, en este caso, de los Estados Unidos, el agente desestabilizador. Habrá que ver si Xi Jinping es capaz o tiene interés en llevar a cabo alguna mediación diplomática. Hasta ahora no se ha visto su intervención en Gaza, Ucrania o Irán. La política china es refractaria a involucrarse en conflictos que no le afectan directamente.

Con todo, Irán es un verdadero problema para China. El cierre del estrecho de Ormuz impacta en su economía, ya que casi la mitad de las importaciones de gas y petróleo del gigante asiático pasan por allí. Además, el ataque de Estados Unidos a Irán afecta la red de intereses que ha tejido China con los países del Golfo. Xi Jinping ha pedido la reapertura del estrecho y se cree que ha intercedido ante Irán para que negocie, pero poca cosa más puede hacer.

Los ataques de Trump a Venezuela, a Irán y, posiblemente en el futuro, a Cuba ponen de manifiesto que Xi Jinping tampoco tiene muchas armas de disuasión. Las visitas de Trump y Putin han sido actos de relaciones públicas, pero sin grandes resultados económicos. Xi Jinping se ha comprometido con Trump a aumentar las importaciones de productos agrícolas y otras materias. Los nuevos acuerdos se van anunciando a cuentagotas, como la compra de 200 aviones Boeing. Como contrapartida, Trump se muestra receptivo a rebajar el apoyo a Taiwán.

Pero, por ejemplo, no se conoce ningún acuerdo en materia de inteligencia artificial, un sector en el que los dos países compiten por el liderazgo. Estados Unidos restringe el acceso a las empresas chinas a los semiconductores avanzados para frenar su desarrollo. Por su parte, Pekín controla otra parte de la cadena de producción, las tierras raras, que se necesitan para la fabricación de estos microchips. Ambos países necesitan llegar a acuerdos y no paralizar el desarrollo del sector.

En el caso de Rusia, y a pesar de la buena sintonía entre los dos mandatarios, Putin no ha conseguido cerrar un acuerdo para construir un nuevo gasoducto. El presidente ruso achaca el desgaste de los cuatro años de guerra en Ucrania y necesita asegurar un incremento de la venta de gas y petróleo a China. Xi Jinping no quiere depender en exceso de la energía rusa y sobre todo quiere continuar comprándola barata, pero el cierre de Ormuz también lo deja debilitado.

stats