Nueva tendencia en Pekín: 'padres virtuales' que den amor y consuelo a los jóvenes chinos
Los influenciadores de las redes llenan el vacío emocional de una generación ahogada por los deberes familiares y por la falta de estima
Pekín"Estamos orgullosos de ti"; "no te esfuerces tanto", son mensajes cariñosos que muchos jóvenes quieren oír y que encuentran como sucedáneo en boca de padres virtuales en vídeos de internet. Es todo un contraste con las frías exigencias de las familias chinas reales.
La Zhao se queja de que su padre le dice constantemente que es vieja, a pesar de sus 29 años recién cumplidos. Él considera que, a pesar de tener un buen trabajo, seguir soltera la convierte en una fracasada. Los padres la presionan constantemente para que se case y tenga hijos con el argumento de que ahora ellos podrán cuidarles, que más adelante serán demasiado viejos. En China son los abuelos, que se jubilan entre los 50 y los 60 años, los que se ocupan casi exclusivamente del cuidado de los nietos.
La relación de la Zhao con sus padres es ambivalente: reconoce que se sacrificaron para que pudiera ir a la universidad, pero echa de menos que nunca la abrazaran o la premiaran cuando era niña o adolescente. Ahora, además, siente la presión de ser hija única y, por tanto, la única responsable de cuidarles y satisfacer sus expectativas.
Las relaciones familiares muchas veces son un campo de minas en la reglada sociedad china. Sobre los hijos únicos recaen muchas expectativas y exigencias para que triunfen después del esfuerzo familiar que se invierte en ellos. Además, pesa la tradición confuciana del deber filial, que muchas veces impide que los jóvenes desarrollen su proyecto de vida. Las presiones para que tengan un trabajo adecuado y se casen son enormes.
Asfixiados por las tradiciones familiares
En paralelo, la brecha generacional se va agrandando y muchos jóvenes se sienten asfixiados por las tradiciones familiares, que cada vez sienten más lejanas. Las redes sociales son un refugio y triunfan los vídeos donde supuestos padres envían a sus hijos mensajes afectuosos alejados de los interrogatorios familiares sobre el salario que cobran o si tienen un novio o novia conveniente y, sobre todo, exigiendo obediencia.
Entre los que tienen más éxito se encuentran las transmisiones de Pan Huqian y Zhang Xiuping, que se han hecho virales desde hace años en Douyin (el TikTok chino). La pareja, de mediana edad, habla directamente a la cámara como si lo hiciera con su hija simulando una vida familiar llena de afecto. Preguntan si es feliz, si está cansada de trabajar tantas horas; le piden que se cuide, que no sea tan exigente y sobre todo le dicen muy a menudo que la quieren y que se sienten orgullosos de ella. Son mensajes en el extremo opuesto de las presiones habituales de los padres chinos y la exigencia de más esfuerzo.
La cuenta de Pan y Zhang, "Compartiendo momentos cotidianos con nuestra hija", no es la única de estas características, pero es la que tiene más seguidores, cerca de dos millones registrados. Los vídeos recrean situaciones cotidianas: le compran regalos a su hija, la felicitan por su cumpleaños, van a recogerla al trabajo, cocinan sus platos preferidos, le hacen visitas inesperadas porque vive teóricamente en otra ciudad. Los espectadores interactúan con ellos e incluso les piden vídeos con temáticas especiales. Muchos se dirigen a ellos con el apelativo de padre y madre. La cuenta surgió en 2024 y continúa teniendo tanto éxito que numerosos influenciadores se han sumado a producir este tipo de contenidos, no solo para Douyin, también para la exitosa red social Xiaohongshu (pequeño libro rojo).
La generación Z o millennial rechaza cada vez más las encorsetadas relaciones familiares reclamando más empatía, respeto por sus decisiones y apoyo emocional. La presión sobre las mujeres es más intensa a causa de la preferencia atávica por el hombre y la maternidad.
Los niños "dejados atrás"
Jingxuan regresó esta primavera a su puesto de encargada en una cafetería moderna de la capital. Había pasado el último año en su pueblo, en la provincia de Shaanxi, cuidando de sus mellizas de once años y de su hijo de cinco, ya que la abuela enfermó. Ha sido un intervalo en su crianza, porque apenas los ve, solo una vez al año durante las fiestas delAño Nuevo chino. Trabaja de 9 de la mañana a 9 de la noche y tiene tres días de fiesta al mes. El salario, de unos 700 euros, es lo que hace que los niños y los abuelos puedan vivir bien en el pueblo, a cambio de prácticamente no tener contacto personal con ellos.
A los hijos de los emigrantes del campo a la ciudad se les conoce en China como "los niños dejados atrás", ya que los crían los abuelos y los padres se convierten en unos extraños que apenas conocen. Esta situación provoca desarraigo entre padres e hijos y relaciones de dependencia tóxica; los padres son el soporte económico, pero no el afectivo.
En la clase media también se produce este fenómeno si el trabajo de los padres es exigente. Zhu se siente atrapada por un entorno familiar que intenta controlar su vida. Se queja de que de pequeña estuvo ocho años sin ver a los padres que eran funcionarios del ministerio de Comercio y tenían destinos fuera de China. La crio su abuela, con quien mantiene el vínculo afectivo. Ahora, dice que sus padres le exigen que se prepare para cuidar de ellos. Trabaja en un organismo internacional y la han presionado para que rechace un trabajo en Bruselas. También la han ayudado a comprar un piso de 180 metros cuadrados en Pekín donde quieren que se vayan a vivir los tres. Se queja de que ellos nunca la cuidaron cuando era una niña.