El pulso geoestratégico entre China y Estados Unidos en Irán

La guerra en Oriente Medio tiene el objetivo de reforzar la presencia de EE.UU. en la región pero puede debilitar su influencia en Asia

PekínChina es una fuerza estabilizadora y de paz frente a Estados Unidos que siembran el caos en todo el mundo… O al menos este es el mensaje que transmite Pekín ante el ataque a Irán. El gigante asiático hace equilibrios para criticar la operación militar de Estados Unidos e Israel, pero no ofrece más que declaraciones de apoyo a su aliado, el régimen de los ayatolás.

En cambio, en lo que se refiere a los efectos económicos de la guerra Pekín se ha mostrado mucho más contundente. Exigió la apertura del estrecho de Ormuz y advirtió de que el cierre de este paso vital para el tráfico marítimo de petróleo perjudica al comercio mundial. Wang Yi, el jefe de la diplomacia china, dejó clara la posición de su país afirmando que "esta guerra nunca debería haberse producido" y pidiendo un alto el fuego para evitar que el conflicto se ampliara. Lo hizo el 9 de marzo en la única rueda de prensa que ofrece al año y que sirve para fijar la posición diplomática de China en la escena internacional.

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El caos desatado por Donald Trump que empuja al mundo a una crisis económica permite a Xi Jinping defender que China es un ejemplo de estabilidad y no una amenaza para el mundo, en contraposición a EEUU. Ahora bien, la buena reputación de la que presume Pekín no impide constatar que la guerra no le supone una buena noticia.

Irán es un socio estratégico para la República Popular porque le ha permitido ampliar su presencia en Oriente Medio. Y es un importante suministrador de petróleo: Pekín compra el 80% del crudo que exporta Irán y lo hace a precio rebajado a causa de las sanciones que le han impuesto los países occidentales. El cierre del estrecho de Ormuz le afecta especialmente, ya que alrededor del 45% de las importaciones de petróleo chino pasan por esta vía marítima. Y, aunque China tiene importantes reservas de petróleo, la crisis también afectará a su economía.

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El precio de la cesta de la compra

Desde Pekín, Yun, informática, se queja de que la gasolina subió a principios de semana y de que la guerra provocará un alza generalizada de precios. Cree que la guerra está relacionada con el intento de Washington de mantener el valor del dólar y controlar los recursos naturales. Y, por supuesto, defiende la actitud pacifista de China. Asegura que a los chinos sobre todo les preocupa el precio de la cesta de la compra y es de lo que hablan.

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Sin embargo, la guerra contra Irán no está tan presente en China como en las sociedades occidentales. Cuando a las siete de la tarde todas las cadenas de televisión chinas conectan con la primera para emitir el principal informativo, Xinwen lianbo, las noticias internacionales no aparecen hasta el final y son breves. El informativo comienza siempre explicando las actividades de Xi Jinping y sus discursos.

Lo que se destaca en los medios chinos es la posición de China defendiendo la vía diplomática. Los comentaristas chinos en distintos programas insisten en la decadencia de Estados Unidos y su actitud imperialista. La prensa, toda estatal, mantiene la misma línea crítica con Estados Unidos. En las redes sociales, también controladas por la censura, en un principio hubo apoyo en Irán y críticas a Donald Trump, pero el interés ha ido bajando.

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La posición de China, que defiende la integridad territorial y el derecho internacional y califica la guerra contra Irán de ilegal, contrasta con el mutismo sobre la invasión rusa de Ucrania. Nunca le ha condenado e incluso los medios chinos siguen hablando de "operación militar especial" rusa, nunca de invasión o guerra.

La lucha por la hegemonía

Una guerra larga en Irán debilitaría a Estados Unidos, especialmente su influencia en Asia, donde Corea del Sur y Japón pueden temer que rebaje el compromiso con su seguridad. Movimientos del Pentágono como los de esta semana, que ha trasladado defensas antiaéreas de Corea del Sur a Oriente Medio, refuerzan ese temor. También provocaría que la venta de armas a sus aliados asiáticos, como Taiwán, se ralentizara ante las necesidades de suministros para la guerra. A largo plazo, la situación puede beneficiar a China, ya que Irán puede ser más dependiente de su ayuda económica y el propio Xi podría fortalecer su posición en Asia.

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Detrás de la guerra contra Irán hay un pulso geoestratégico. Estados Unidos en poco tiempo ha atacado a Venezuela e Irán, y está negociando un cambio en Cuba. Los tres son socios preferentes de China. Venezuela e Irán son dos suministradores de petróleo que, además, utilizaban la moneda china (el yuan), y no el dólar, para las transferencias comerciales. Con Venezuela, y si se suma Cuba, Washington hace una demostración de fuerza para dejar claro que no quiere perder su hegemonía en Latinoamérica. Asimismo, la operación militar contra Irán también transmite el mensaje de que Oriente Medio seguirá siendo una zona de influencia de Estados Unidos a través de Israel.

En cambio, China emerge como líder del multilateralismo, del orden internacional y líder del Sur Global. Pero el conflicto también expone sus debilidades. Poco puede ofrecer Pekín más allá de su apoyo diplomático a un alto el fuego y ayuda económica para la reconstrucción. El actual ejército chino no está listo para competir con el de Estados Unidos y, mucho menos, lejos de sus fronteras.

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El comercio es el arma diplomática de China. Y, ante todo, lo que rige el comportamiento de Pekín es el pragmatismo. Irán es un aliado estratégico que le ha permitido abastecerse de petróleo barato. Pero el otro actor de la región, Israel, es también un buen colaborador con quien tiene importantes relaciones comerciales. Por eso, aunque también denunció los ataques a Gaza y siempre defendió la creación de un estado palestino, no cortó las relaciones con Tel Aviv ante el genocidio.