Estados Unidos

Una ola antiestablishment sacude la cúpula del partido demócrata de los Estados Unidos

Los nuevos candidatos progresistas ofrecen una fórmula alternativa de confrontar a Trump que tendrá su prueba final en noviembre

07/08/2026 - 22:29 h.

WashingtonEn 2024 la vicepresidenta Kamala Harris intentó reproducir el efecto de Donald Trump asumiendo parte de su marco político. Pero la estrategia de virar más hacia la derecha se tradujo en una derrota electoral que dejó sin rumbo a la cúpula del partido. Ahora, figuras como el progresista Abdul El-Sayed en Michigan o la socialista Melat Kiros en Colorado están ganando las primarias demócratas haciéndolo al revés: mantienen su propia agenda y rechazan elmarca de Trump, pero sí que emplean sus herramientas, como el ataque al establishment, para canalizar el malestar social.

El denominador común de este giro, más que la agenda, es la manera como se presenta la propuesta al votante. La atención se ha centrado mucho en la ola roja impulsada por los candidatos más escorados hacia la izquierda, como El-Sayed o los Socialistas Demócratas de América (DSA), que han cosechado victorias en primarias de Nueva York, Colorado y Michigan. Pero no son los únicos dentro de la órbita demócrata que han adoptado el discurso de "la gente contra las élites".

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En Texas, un estado marcado por el rojo republicano, el demócrata James Talarico podría hacer historia si consigue el escaño que hay en disputa en el Senado. El candidato, de 37 años, a menudo es etiquetado como moderado, por el fuerte componente religioso en su discurso. El seminarista presbiteriano se inspira en la vertiente más social del cristianismo para capitanear una agenda económica progresista en favor de las clases trabajadoras. Con diferentes palabras, Talarico vuelve a dibujar el eje de la gente frente a las élites para atraer el voto de los independientes y jóvenes.

Talarico denuncia que tienen una "crisis del costo de vida" porque tienen "una crisis de corrupción" y pide poner fin a las excepciones fiscales al 1% más rico. En la otra punta del país, El-Sayed defiende que quiere "sacar el dinero de los políticos, ponerlo en los bolsillos [de la gente] y aprobar el Medicare para todos". En Colorado, Kiros defiende: "Somos demócratas porque es el partido que lucha por el pueblo [...] y con todo lo que está en juego ahora, depende de nosotros impulsarlo de nuevo". En Nueva York, Mamdani llegó a la alcaldía prometiendo subir los impuestos a los más ricos de la ciudad. "La parálisis de la cúpula del partido derivó en una sensación de impotencia entre las bases. Mucha gente frustrada con esta situación quería justo eso: combatir el fuego con fuego. Y ahora es lo que están haciendo estos candidatos", explica a l'ARA Sidney Milkis, catedrático de la Universidad de Virginia que hace años que sigue el avance del populismo dentro de la política estadounidense. "La idea de que el dinero está corrompiendo la política es uno de los principales puntos a los que se aferran. El-Sayed dio la vuelta a la ingente cantidad de dinero que su rival recibía del lobby proisraelí AIPAC señalando esta idea".

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Los vínculos de Trump con los multimillonarios tecnológicos y los informes de cómo el magnate se ha enriquecido gracias a la presidencia se contrapone a los miles de estadounidenses que cada vez se tienen que apretar más el cinturón. Una encuesta publicada en julio por The Guardian señalaba cómo la mitad de los norteamericanos dicen tener problemas para pagar la cesta de la compra y la gasolina.

El nuevo bloque progresista que está tomando fuerza dentro del partido demócrata vuelve a estar enfocado en la idea de construir grandes mayorías a través de la interseccionalidad. No es que dejen de lado los colectivos minoritarios –como intentó hacer Harris hablando con la boca pequeña sobre las personas trans–, sino que buscan elementos comunes en las diferentes realidades, como la crisis de vivienda que vive el país o el coste de vida. De esta manera quedan fuera de juego ataques como el de 2024, en que Trump hizo un anuncio que decía: "Kamala es para ellos (they/them), el presidente Trump es para ti". El they/them se emplea para las personas no binarias en EE. UU.

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El impacto de la presidencia Biden

"En 2020 existía una especie de consenso de que Biden era la respuesta a Trump; un pragmático que devolvería una política menos colérica y menos polarizada. Creo que la presidencia de Biden mató esa idea. Y esa es una de las razones por las que la campaña de Harris fue un desastre: porque cuando le preguntaron «¿Qué habrías hecho diferente?», ella dijo: «Poco. Nada». Eso fue todo. Estaba muerta", señala Milkis.

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Esta sensación de orfandad que provocó la derrota de 2024 entre algunos sectores progresistas se ha ido extendiendo a medida que Trump ha desplegado su agenda. Con el Congreso también en manos de los republicanos y la mayoría conservadora en el Supremo, las preguntas que han planeado durante este año y medio han sido: ¿dónde está la oposición?, ¿dónde están los demócratas?

Es aquí donde aparecen todos estos nuevos candidatos progresistas y de corte más populista que dan respuesta a esta desafección ante un establishment incapaz de canalizar la rabia y la impotencia de muchos votantes. Un proceso que tiene ciertas similitudes al Tea Party republicano, el cual se produjo desde el otro extremo del espectro ideológico, con un fuerte componente de nacionalismo blanco. “Creo que la rabia que ves ahora tiene mucho que ver con Trump. [...] Así como Obama alimentó el surgimiento del Tea Party, creo que Trump, particularmente con su reelección, ha alimentado la rabia a la izquierda”, reflexiona.

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Ahora bien, este giro no está provocado únicamente por la segunda administración Trump, sino un proceso que se ha ido gestando desde 2016. Milkis señala como punto de inflexión el momento en que Hillary Clinton, más vinculada al establishment político, desbancó a Bernie Sanders, una de las voces más a la izquierda del partido, para la candidatura presidencial.

Otro elemento que caracterizó esta insurgencia dentro del partido republicano fue la “rebelión” contra la dinastía Bush, según apunta a ARA el historiador Matt Dallek. “La rebelión de 2016 fue, en muchos sentidos, contra la idea de una dinastía Bush. Fue contra Jeb Bush, ¿verdad? El hombre de los cien millones de dólares que no llegó a ninguna parte en las primarias. Por lo tanto, hay un cambio de página generacional con el Tea Party”. En el caso demócrata se trataría de una rebelión contra pesos pesados, como el líder de la minoría en el Senado, Chuck Schumer, o el líder demócrata en la Cámara de Representantes, Hakeem Jeffries.

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Aun cuando existen algunos paralelismos con la transformación que supuso el Tea Party para el partido republicano, Milkis se muestra prudente. Para el politólogo, lo que confirmaría que se trata de un Tea Party demócrata sería si todos estos candidatos llegan al Congreso y destronan a Jeffries.

La vía alternativa que está proponiendo la ola progresista todavía debe pasar el test final el próximo 3 de noviembre. Pero independientemente de lo que pase durante la jornada electoral, Milkis enfatiza que "el populismo se esparce" por toda la política estadounidense y es resultado de cómo la polarización está cambiando la forma de hacer política: "El populismo no es una ideología en sí misma. Con el Tea Party el populismo de extrema derecha tomó el control del partido Republicano, y ahora el populismo de izquierdas se está extendiendo por dentro del partido Demócrata". Si esto es síntoma o no de algo más grande a escala social, habrá que esperar para verlo.

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