Vance mira al 2028 y pide a los republicanos que no lo "tiren todo por la borda" por las decisiones de Trump
El vicepresidente cierra la convención de Dallas, aunque el magnate ha tenido la última palabra: "Sabéis qué pasará si no votáis? Que iréis al infierno"
WashingtonEn noviembre de 2028, y no en noviembre de 2026. Es aquí donde el vicepresidente J.D. Vance tenía fijada la mirada este viernes de madrugada. Su intervención de clausura en la convención de Dallas ha confirmado lo que ya se intuía: que la cita de Texas sería más una cuestión personalista que de partido. Si el presidente estadounidense el jueves convirtió las elecciones de medio mandato en un referéndum sobre su persona –actualmente su popularidad está en horas bajas–, Vance ha aprovechado la ocasión para hablar de su libro. Concretamente, de su posible candidatura presidencial dentro de dos años.
El vicepresidente ha utilizado el reciente nacimiento de su hijo para hacer pivotar buena parte de su discurso sobre qué tipo de futuro quiere para la criatura. "Y que también quiero para vuestros hijos", ha dicho Vance dirigiéndose al público del American Airlines Center. No han faltado las referencias a las elecciones de medio mandato, como era de esperar, pero en dosis muy concretas y formuladas desde un ángulo específico: la amenaza del avance del bloque más a la izquierda dentro del Partido Demócrata. No solo porque buena parte de sus candidatos, si ganan, puedan romper el monopolio de Trump sobre el Congreso, sino también porque tienen el potencial de anclar los ejes desde donde se construirá la carrera presidencial. No en vano, por primera vez, los mercados de apuestas se han emocionado con la posibilidad de que la congresista demócrata Alexandria Ocasio-Cortez –una de las caras del sector más progresista– pueda competir por la candidatura presidencial en 2028.
Los ataques contra los candidatos de los Socialistas Democráticos de América (DSA) y otros demócratas progresistas que no están vinculados a ellos, como Abdul El-Sayed en Michigan o James Talarico en Texas, también apuntaban a este horizonte: los Estados Unidos post-Trump: "Este otoño, los demócratas presentan candidatos que dirán a vuestros hijos qué pueden decir, cómo pueden vivir y, sobre todo, a quién deberían odiar. Porque el Partido Demócrata en 2026 va de eso. [...] Debemos enviar un mensaje este noviembre: el país no pertenece a los radicales". Vance, que también ha reciclado los ataques de 2024 contra Joe Biden, ahora pinta al establishment demócrata como el mal menor: "Primarias tras primarias, hemos visto a los pocos demócratas razonables que quedaban ir perdiendo contra extremistas que odian a nuestra nación".
La fuerza de la izquierda
Al centrar sus ataques contra este sector, Vance ha reconocido implícitamente que la ola de izquierdas dentro del Partido Demócrata es una fuerza real. Ahora que él forma parte del ecosistema que crece en los pasillos de Washington, ve cómo estos nuevos candidatos avanzan a lomos del mismo sentimiento antiestablishment del cual se valió Trump para llegar al poder. Lo hacen desde el otro extremo del espectro político y con una agenda radicalmente distinta, pero con la promesa de cambio ante una ciudadanía que está cansada de ver cómo la vida se hace más difícil cada día que pasa. El bloque progresista está construyendo un futuro alternativo, con un discurso que logra rehuir el marco que había impuesto el republicano.
Vance subió al ticket presidencial de 2024 aferrándose a sus orígenes de clase trabajadora y luciendo la etiqueta redneck con orgullo. Aunque su tesis tenía algunas lagunas –estudió en Yale y se movía con la flor y nata de Silicon Valley–, ahora ya no puede jugar esa carta. Él forma parte del ecosistema que crece en los pasillos de Washington y que tanto prometió destruir. A todo esto se suma una contradicción flagrante: la guerra de Irán. El vicepresidente ha evitado mencionar la campaña militar en Oriente Medio durante el discurso, consciente de que puede ser la tumba de sus aspiraciones presidenciales.
Hace dos años, en Milwaukee, el vicepresidente se consolidó como la cara del sector aislacionista del trumpismo y contrario a que los EE. UU. se involucraran en conflictos exteriores. Ahora le toca capitanear los fallidos esfuerzos diplomáticos para poner fin a una guerra cada vez más impopular entre los estadounidenses y que ha provocado un sismo dentro del movimiento MAGA. Vance es consciente de ello, y por eso se ha esforzado en recordar al mundo conservador que él no es la administración Trump. "Lo que os pido es que hagáis lo que hacía Charlie: no lo tiréis todo por la borda. No, no dejéis el país en manos de un puñado de locos solo porque resulta que no estáis de acuerdo con nosotros en una cuestión política u otra", ha pedido Vance, haciendo referencia al influencer de extrema derecha Charlie Kirk, asesinado hace ahora un año.
Trump hace jurar a sus seguidores que harán trampas
El otro tema sobre el cual Vance ha evitado pronunciarse ha sido sobre el dividendo de 5.000 dólares que el jueves de madrugada Trump prometió para todos los estadounidenses adultos si los republicanos ganaban las elecciones de medio mandato. Más allá de la dudosa legalidad de la propuesta –la ley federal prohíbe explícitamente pagar por registrarse como votante o ir a votar– y de la probable inviabilidad –la última palabra la tiene el Congreso–, algunos miembros del Partido Republicano ya se han mostrado contrariados con la idea por el impacto que una acción así tendría en la elevada deuda pública del país. El pasado agosto el departamento del Tesoro anunció que la deuda pública había escalado hasta los 40 billones de dólares.
Ajeno a la polémica, Trump ha insistido en esta promesa durante su segunda intervención consecutiva en la convención. El presidente, que aunque ha superado los 15 minutos previstos ha sido mucho más conciso en el discurso, ha concluido el acto con una escena inquietante: ha modificado el juramento a la bandera y ha hecho que sus seguidores prometieran que este noviembre irán a votar "cueste lo que cueste". "Da igual si estoy inscrito en el censo electoral o no. Lo intentaré. Y haré trampas a conciencia, como hacen ellos", ha entonado el mandatario, y el público ha repetido palabra por palabra. Y ha añadido: "¿Sabéis qué pasará si no votáis? Que iréis al infierno".