Los intereses de la deuda de EE. UU. suben ante la incertidumbre generada por Trump
El rendimiento de los bonos del Tesoro estadounidense se sitúa por encima del 5,3% y supera el pico anterior a la crisis financiera
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WashingtonLos intereses de los bonos del Tesoro estadounidense a diez años se dispararon este miércoles por encima del 5,3%, de modo que superaron el pico que alcanzaron en 2007 –el año previo al estallido de la burbuja inmobiliaria– y se situaron en el nivel más alto desde 2002. La cifra es un indicador de cómo entre los inversores está cambiando la percepción del riesgo asociado a la economía estadounidense bajo el gobierno del presidente Donald Trump.
El factor too big to fail (demasiado grande para quebrar) de los Estados Unidos como principal potencia económica del mundo siempre había hecho que los bonos fueran tratados como un activo refugio. Pero ahora la guerra comercial y la guerra de Irán están resquebrajando parcialmente esta imagen. Este elemento es uno de los que explican por qué, desde el retorno de Trump a la Casa Blanca, los intereses de la deuda norteamericana han subido de manera intensa.
El aumento de los intereses de los bonos del Tesoro también se explica, en parte, por el rápido crecimiento de la deuda del país, que este agosto ya se situó por encima de los 40 billones de dólares. En 2024, justo antes de que Trump fuera investido presidente, la deuda del país se situaba en torno a los 35 billones de dólares. Cuanto más endeudado está un país, más altos son los intereses que piden las empresas e individuos a título privado para comprarle la deuda, ya que el riesgo de un hipotético impago se incrementa cuanto más dinero debe un gobierno.
En este sentido, la guerra de Irán se ha convertido en un acelerador del endeudamiento del país. Más allá del efecto inflacionista que ha provocado –por el encarecimiento del petróleo y el gas natural–, el despliegue de tropas en la región y el uso continuo de armamento han disparado el gasto de la administración de los EE. UU.
Esto se suma a otras decisiones y anuncios del presidente estadounidense que han puesto en alerta a los inversores. Por ejemplo, la promesa que lanzó a los votantes de dar 5.000 dólares a cada ciudadano adulto del país si los republicanos ganan las eleccionesde medio mandato sería un golpe duro para las arcas públicas. En total, hacerlo costaría más de un billón de dólares, hecho que también tendría un fuerte impacto en la deuda pública del país.
Las políticas comerciales erráticas de la Casa Blanca, con una guerra arancelaria abierta con rivales directos como China pero también con viejos socios y vecinos –sobre todo Canadá, México y la Unión Europea–, han favorecido el encarecimiento del coste de vida de los estadounidenses. La comida y la gasolina no son lo único que sube; las tasas de las hipotecas no hacen más que aumentar en medio de una crisis de vivienda rampante en el país. Los intereses de las hipotecas a 30 años han pasado del 7,03% al 7,28%, el mayor salto desde octubre de 2022, según Freddie Mac, una empresa dedicada a comprar hipotecas a los prestamistas.
La deuda sigue la política de la Fed
Este encarecimiento de los intereses del crédito tiene como origen la política de la Reserva Federal (la Fed, el banco central del país). El efecto inflacionista de la guerra obligó a este organismo a aumentar los tipos de interés por primera vez desde 2023 –concretamente un cuarto de punto los tipos, entre el 3,75% y el 4%– porque la inflación ya roza el 3,4%. La decisión del banco central de subir tipos también es uno de los otros factores que han incentivado que los prestamistas exijan al gobierno estadounidense que pague más intereses a la hora de vender su deuda.
La economía estadounidense se encuentra en un momento complicado: la inflación continúa lejos de los objetivos que fija el banco central (un 2% a medio plazo), mientras que la economía crece a pesar de que el mercado de trabajo no está reflejando esta creación de riqueza, en parte porque prácticamente todo el crecimiento es fruto de la industria de la inteligencia artificial (IA), un sector que presenta dudas entre economistas por la posibilidad de que se acabe convirtiendo en una burbuja. De hecho, antes de dejar la presidencia de la Fed, Jerome Powell ya reconoció que parte de estos buenos datos macroeconómicos estaban vinculados al boom de la IA en los mercados de valores y que había que vigilar su evolución.