Estados Unidos

La ONU afronta su 81a Asamblea General en un mundo cada vez más alejado de sus valores fundacionales

La guerra de Irán y la escalada de tensiones en Europa acaparan la agenda de la semana de alto nivel que se vive en Nueva York

22/09/2026 - 08:00 h.

WashingtonLas Naciones Unidas miran al mundo con el extrañamiento que solo se puede tener cuando se han superado los 80 años. Un mundo que resulta desconcertante, pero no por ello más nuevo. El organismo que nació con la voluntad de evitar los estragos de las grandes guerras del siglo XX, afronta el debate general de la 81.ª sesión de la Asamblea General marcada por la sombra de la guerra. En los últimos tres años el atril del organismo ha visto cómo diferentes conflictos se pasaban un relevo que ha resultado acumulativo e inconcluso: Ucrania, Gaza y, ahora, Irán. El conflicto iniciado por Donald Trump será el gran protagonista de una cumbre más dividida donde se reestructuran las alianzas y los viejos amigos pasan a ser conocidos hostiles. La velocidad con la que se deshace el viejo orden internacional parece haber superado la del deshielo del Ártico, ahora visto más como una ventaja geopolítica que como una emergencia climática.

La isla ártica de Groenlandia se ha convertido en la protagonista de última hora después de que el viernes pasado Trump anunciara que había llegado a un acuerdo con Dinamarca para asegurar que los Estados Unidos asumen la defensa del territorio. Tras las presiones del magnate de anexionarse militarmente el territorio, el gobierno danés ha confirmado un pacto de seguridad con la Casa Blanca y está previsto que se firme este martes en el marco de la cumbre. Aún no se han revelado más detalles del documento, y está por ver si significará un cambio sustancial respecto al entendimiento que existe desde 1951 entre Washington y Copenhague.

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La rúbrica del texto llega en un momento de desconfianza dentro de la OTAN y de distanciamiento por parte de Europa. No pasa por alto que el anuncio del pacto llega justo después de que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, tendiera la mano a Canadá para convertirse en el primer miembro asociado a la UE. Ottawa, socio histórico de los EE. UU. por las circunstancias geográficas, se ha embarcado en una guerra comercial de desgaste y parece dispuesto a marcarle los límites a Trump. La decisión de Von der Leyen de festejar al primer ministro canadiense, Mark Carney, no gustó al republicano, que ya ha amenazado con "cortar relaciones comerciales" si considera que el acercamiento resulta una "acción hostil" para sus intereses.

A pesar del recelo, los representantes europeos probablemente mantendrán las sonrisas protocolarias. El presidente español, Pedro Sánchez, también tendrá que subir al atril después de que España se haya convertido en otro flanco sensible después de que Marruecos dejara entrar a más de 70.000 migrantes en Ceuta, desencadenando una grave crisis migratoria. La desesperación de miles de personas que buscaban un futuro mejor se ha convertido en un arma arrojadiza muy jugosa para Trump y los gobiernos de extrema derecha afines, que ven en Madrid uno de los pocos bastiones progresistas que quedan en Europa. Si el año pasado el republicano ya dijo que el Viejo Continente iba "camino del infierno" por la supuesta política de "fronteras abiertas" - la cual no ha existido nunca, ya que desde 2015 se ha reforzado el control migratorio, derivando en lo que se conoce como "Europa fortaleza"-, este año seguro que hurga en el drama ceutí.

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Primer discurso de Irán en guerra

Mientras que el departamento de Estado ha vuelto a prohibir la entrada a los EE. UU. de la delegación palestina, los iraníes sí podrán asistir a la Asamblea General. Una comitiva mucho más reducida está previsto que llegue a Nueva York para participar en la cumbre. El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, hará su primer discurso ante la ONU después de que se cumplan casi siete meses de guerra en Irán. El conflicto, iniciado conjuntamente por los EE. UU. e Israel, ha derivado en un pozo sin fondo que consume el arsenal crítico del Pentágono y dispara el precio de los carburantes. Un lodazal en el que Trump está metido hasta la cintura, mientras que los ayatolás han sacado rédito haciendo valer su control sobre el estrecho de Ormuz.

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Pezeshkian llega a Nueva York después de haberse reunido con su homólogo chino, Xi Jinping, y ruso, Vladímir Putin, en la cumbre celebrada en Kirguistán. Ni Putin, ni Xi asistirán a la cumbre. Aunque el mandatario chino sí se reunirá el jueves con Trump en la Casa Blanca, en otro desplazamiento de las placas tectónicas del poder.

Mientras China, Rusia e Irán exhiben una cierta unidad, las alianzas de Washington parecen resquebrajarse por todas partes. La guerra de Irán también está poniendo a prueba la alianza entre Washington y los petroestados del Golfo: en Yemen los hutíes se han activado y han comprometido la salida alternativa que Arabia Saudita tenía en Bab el-Mandeb para dar salida a su petróleo. A pesar de que la monarquía saudí ha pedido a la Casa Blanca que intervenga, las fuerzas estadounidenses por el momento están evitando intervenir en socorro de su socio. El único actor en la región que sigue contando con el apoyo firme de los EE. UU. es Israel, a quien la semana pasada el Congreso autorizó la venta de un nuevo paquete de armamento.

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Probablemente, esta sea una de las asambleas generales más incómodas para el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. No tanto por las fricciones con Trump sobre la guerra con Teherán, como por la campaña de denuncia del actual alcalde de la ciudad, Zohran Mamdani. A pesar de que en verano reconoció que no tenía competencias para detener a Netanyahu, el socialista ha vuelto a poner el foco sobre la orden de detención del Tribunal Penal Internacional que pesa sobre el sionista. Los Socialistas Democráticos de América (DSA) y otras organizaciones ya han convocado manifestaciones en los alrededores de la ONU para protestar contra el genocidio en Gaza y en contra del mandatario israelí.

Venezuela y Ucrania

Como otro síntoma de los nuevos tiempos que corren, la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, hablará en la Asamblea General a pocos kilómetros de la prisión de Brooklyn donde el líder chavista depuesto por los EE. UU., Nicolás Maduro, espera su juicio. Será la primera vez que un jefe de estado venezolano intervenga en la Asamblea después de que Maduro lo hiciera en 2018.

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Mientras tanto, el presidente ucraniano Volodímir Zelenski volverá a subir a la tribuna para recordar que en Europa siguen muriendo hombres bajo la ofensiva rusa. La sequía de interceptores Patriot que sufre el Pentágono en Irán también está repercutiendo en Kiev, que sufre numerosas bajas debido al aumento de misiles que lanza Moscú. Zelenski, que ha conseguido mejorar las relaciones con su homólogo estadounidense, volverá a aprovechar la coincidencia para hablar con Trump en los pasillos de la ONU,

Pero, para tranquilidad de los líderes mundiales - y en especial de Trump - parece que este año las escaleras mecánicas del edificio funcionarán perfectamente. Al menos es lo que asegura António Guterres, quien inaugurará por última vez el debate general como secretario general de la ONU después de haber sido reelegido en 2022. El año pasado, el presidente estadounidense acusó al organismo de haber saboteado las escaleras mecánicas mientras estaba subiendo de camino a la entrada de la Asamblea General. Un inconveniente que no impidió que el republicano subiera a la tribuna para menospreciar al organismo. Unas palabras que meses después se materializaron en la creación de la Junta de la Paz, una organización de la que el magnate es presidente vitalicio y con la que parece querer disputar la legitimidad a las Naciones Unidas.