Trump convierte a California en el principal blanco de las injerencias electorales en las 'midterms'

La administración detiene a una decena de personas acusadas de haber cometido fraude electoral en el bastión demócrata

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Trump y su fiscal general, Todd Blanche, este miércoles en la Casa Blanca

WashingtonCalifornia, el gran bastión progresista que representa una sustanciosa parte del pastel parlamentario de los demócratas, se ha convertido en principal blanco de las injerencias electorales de Donald Trump. A dos semanas de las midterms, la administración estadounidense ha ejecutado lo que ha bautizado como "Operación Proteger el Voto", la cual está orientada a reforzar sus teorías de fraude electoral sobre la existencia de personas sin papeles que votan en favor de los demócratas. También alimenta la idea de que todavía hay en los registros electorales personas ya muertas o que se mudaron a otros estados.

Bajo esta operación, el lunes se arrestó a once personas en diferentes ciudades de California, mientras que diecisiete más fueron imputadas. El Departamento de Justicia (DOJ) las acusa a todas de haberse registrado ilegalmente para votar, y en algunos casos, de haber emitido el voto. Las detenciones se enmarcan en una ofensiva más amplia contra los funcionarios electorales de California, a quienes el DOJ acusaba el jueves pasado de negarse a colaborar con la administración para verificar si hay más de 20.000 no ciudadanos inscritos en el padrón electoral. Una vez más, los tiempos de la demanda contra los trabajadores electorales son muy ajustados.

A pesar de que esta sea la tesis del presidente estadounidense, que afronta las elecciones legislativas del 3 de noviembre como un plebiscito en medio de un pico de impopularidad histórico, los cargos presentados no están probados. Tan solo son acusaciones esgrimidas por parte del Departamento de Justicia –ahora controlado por el antiguo abogado de Trump, Todd Blanche– que difícilmente un tribunal podrá resolver antes de los comicios.

"Se trata de un intento triste y desesperado de Trump para utilizar a su Departamento de Justicia politizado para intentar suprimir el voto de los californianos", denunció en X el gobernador de California, Gavin Newsom. Más allá de la rivalidad con Newsom, la Casa Blanca está redoblando sus ataques contra California porque es el estado que reparte más escaños en el Congreso federal: un total de 52 en la Cámara de Representantes y dos en el Senado. En la cámara baja es donde se nota más el peso del bastión demócrata, donde la cifra mágica para llegar a la mayoría es de 218 escaños.

En septiembre California ya aprobó trece nuevas leyes que buscan blindar los comicios del 3 de noviembre ante posibles injerencias del gobierno federal. En otros estados como Nueva York, Rhode Island, Nuevo México y Virginia también se han aprobado normas similares que van desde restringir operativos de agentes federales en los alrededores de los centros de votación hasta impedir el uso de la Guardia Nacional en acciones que puedan intimidar a los votantes.

El martes el Washington Post revelaba que un pequeño grupo de oficiales de seguridad nacional han estado aconsejando a gobiernos estatales y congresistas sobre cómo prepararse en caso de que la Casa Blanca intente interferir en las elecciones de medio mandato. En paralelo, entidades civiles y organizaciones prodemocracia ya han formado a miles de voluntarios en todo el país ante el temor de que Trump pueda desplegar agentes del ICE en los puntos de votación.

Una estrategia antigua

A principios de año, cuando las encuestas ya auguraban unas legislativas complicadas, Trump ya empezó a preparar el terreno acusando a los estados demócratas de permitir votar a los migrantes sin papeles para así poder retener el poder. Unas acusaciones que se remontan a la campaña electoral de 2024, aunque el magnate nunca necesitó ejecutar porque acabó ganando. Cuando, hace dos años, el recuento le entregó las llaves del Despacho Oval, Trump se olvidó de toda la bilis que había vertido sobre supuestas injerencias.

En febrero de este año varios furgones del FBI se plantaron en el condado de Fulton (Georgia) sin avisar y confiscaron 700 cajas llenas de votos de las elecciones de 2020, en las que Trump perdió contra Joe Biden. El gesto buscaba reforzar las acusaciones de Trump de que las elecciones le fueron robadas. Junto con Maricopa (Arizona), Fulton fue uno de los otros grandes epicentros de las teorías del fraude electoral durante aquella campaña.

En julio, cuando Trump ya veía que la guerra de Irán no sería una "excursión" y que hundía aún más los pronósticos electorales de su partido, see dirigió a la nación para insinuar que China había interferido en las elecciones de 2020 en su contra. En aquella comparecencia, el presidente estadounidense ya anunció que había detectado "vulnerabilidades" en el sistema electoral del país, que quería "corregir" de cara a las elecciones del 3 de noviembre.

En la recta final de las midterms, la ratio de aprobación de Trump ha alcanzado un nuevo mínimo histórico, con solo un 36% de los electores que aprueban su presidencia. El malestar por el encarecimiento del coste de vida ha hecho que carreras para el Senado en bastiones republicanos como Texas y Kansas se hayan convertido en carreras disputadas. Que ahora Trump redoble sus ataques contra el gigante progresista de California vuelve a ser otro síntoma de su talante: cuando el republicano se siente acorralado, ataca.

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