Unión Europea

Del cordón sanitario al poder: la extrema derecha europea dos años después de las elecciones

Ahora juega un papel central en el Parlamento Europeo y se ha consolidado en diversos gobiernos

Lleno del Parlamento Europeo en Estrasburgo.
13/06/2026
3 min

BruselasAntes de las últimas elecciones europeas del 9 de junio de 2024, Ursula von der Leyen ya daba pistas en campaña electoral del nuevo rol que tendría la extrema derecha en la Unión Europea. Para asegurarse la revalidación del mandato al frente de la Comisión Europea, repetía una y otra vez que no todas las extremas derechas son iguales y se abría a negociar con formaciones como la de la primera ministra italiana, Giorgia Meloni. Aunque finalmente no necesitó sus apoyos, la relación entre los conservadores y la extrema derecha cambió totalmente. Sin cordón sanitario y con unos grandes resultados electorales, la extrema derecha se ha consolidado en gobiernos estatales y en la Eurocámara, y ya no solo se dedican a pitar, sino que también han adoptado un papel central y de poder en la Unión Europea.

ya lo han convertido en casi una alianzaya lo han convertido en casi una alianza.

Ahora bien, la extrema derecha no solo ha entrado en el núcleo del poder de la Eurocámara. Pese a la derrota de Viktor Orbán, la Unión Europea ha visto cómo Meloni se ha confirmado como una de las dirigentes más influyentes del bloque –sobre todo en inmigración– y cómo se radicalizaban o llegaban al poder nuevos dirigentes de extrema derecha en Eslovaquia, Chequia, Rumanía o Bélgica. Esto hace que su influencia sea creciente en el Consejo de la UE, el organismo comunitario que representa a los estados miembros, y jueguen un papel más decisivo en los encuentros de jefes de estado y de gobierno en los cuales se toman las grandes decisiones.

Además, el hecho de alcanzar el poder no les ha jugado en contra, sino más bien al contrario. Un estudio del centro de investigación European Policy Centre (EPC) desmiente las "narrativas optimistas sobre el declive de la extrema derecha" y asegura que, dos años después de las elecciones al Parlamento Europeo, su tendencia creciente se mantiene "intacta". "Tienen un espacio electoral consolidado y ya son como el resto de partidos tradicionales", asegura en una conversación a el ARA Javier Carbonell, uno de los autores del informe Dos años después: Por qué la extrema derecha europea sigue creciendo, junto con los investigadores Tabea Schaumann y Levente Kocsis.

, pero a la larga sale beneficiado al haber sido normalizado como una fuerza política más.

El efecto Trump

El estudio también diferencia entre liderar un gobierno y formar parte de él como socio minoritario. Pone como ejemplo más destacado el caso de Meloni o el flamenco Bart De Wever, que han ganado popularidad al frente del ejecutivo belga e italiano, pero lo contrapone al hecho de que entrar en el ejecutivo sin dirigirlo ha desgastado más a la extrema derecha. Aun así, también se trata de un arma de doble filo y hay casos como el de la FPÖ austriaca, que, a pesar de un primer revés electoral cuando estaba en el gobierno, después volvió a obtener resultados todavía mejores. Según Carbonell, esto se explica porque de entrada el partido de extrema derecha sufre electoralmente el hecho de dejar de ser la alternativa alstatu quo, pero a la larga sale beneficiado al haber sido normalizado como una fuerza política más.

El efecto Trump

Las amenazas de Donald Trump de aplicar más aranceles a la Unión Europea y de invadir Groenlandia, así como el ataque contra Irán y la guerra que se ha derivado en Oriente Próximo, parecían que podían hacer perder apoyos a sus principales aliados europeos. Con todo, Carbonell matiza que la actitud del presidente de los Estados Unidos "puede haber afectado electoralmente" a la extrema derecha, pero de manera "mínima". "La tendencia creciente se mantiene", asegura el investigador.

Carbonell asegura que la extrema derecha ha conseguido salir casi ilesa de Trump por dos motivos principales. En primer lugar, porque la gran mayoría de dirigentes y de partidos de extrema derecha se han espabilado a poner distancia con la Casa Blanca, sobre todo después de la derrota de Orbán. Y, en segundo lugar, porque "el resto de formaciones y líderes –aparte de algunas tímidas excepciones, como la de Pedro Sánchez– tampoco han plantado cara mucho al presidente estadounidense" y, por tanto, no han podido marcar mucha la diferencia con la extrema derecha.

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