La mejor noche de verano

Ramon Cugat: “Mi boda terminó con 300 personas refugiadas dentro de una casa en obras”

La mejor noche de verano del médico de los futbolistas

Ramon Cugat cortando el pastel el día de su boda
30/07/2026 - 20:01 h.
2 min

Cuando Ramon Cugat piensa en una gran noche de verano, no duda ni un segundo. Se va directamente al 17 de julio de hace cincuenta años, el día de su boda con Montse, con quien se conocieron cuando solo tenían diez y quince años. La ceremonia estaba preparada en la finca familiar, en Polinyà del Vallès: mesas en el jardín, piscina, pista de tenis y cientos de invitados dispuestos a alargar la fiesta hasta bien entrada la noche. El cielo, sin embargo, tenía otros planes.

“Hacia las siete de la tarde empezó a llover de una forma descomunal”, recuerda. No fue un chaparrón cualquiera. Cayó tanta agua que la piscina acabó desbordándose. Las mesas quedaron volcadas, y las copas y los cubiertos esparcidos por el suelo. “Fue una auténtica odisea”, dice.

La casa todavía estaba en obras, solo estaba hecha la teulada y el interior sin acabar. Pero aquel espacio a medio construir acabó convirtiéndose en refugio improvisado para cerca de 300 personas. “Organizamos mesas dentro con tablones de los albañiles y comimos como pudimos”, explica. La escena, asegura, era completamente caótica: vestidos mojados, maquillajes deshechos y cubiertos que aparecieron al día siguiente esparcidos por el césped. “La gente había venido peinada y maquillada y veías el maquillaje chorreando por la cara. Era muy divertido”, dice entre risas.

La boda del doctor Ramon Cugat.

Lejos de convertirse en un mal recuerdo, aquella noche acabó siendo una de las más celebradas por la familia y los amigos. “Nos lo tomamos con buen humor”, asegura. La lluvia paró hacia las nueve de la noche y finalmente hasta hubo baile. Medio siglo después, Ramon Cugat continúa viviendo en la misma casa de Polinyà con su mujer. La pista de tenis ya casi no se utiliza y los árboles frutales han dejado paso a cientos de palmeras. “Nos gustan porque siempre las ves verdes”, explica. Este verano harán cincuenta años de casados, y lo celebrarán ayudando a formar médicos y fisioterapeutas en Angola.

Cuando habla de las noches de verano de su infancia, el médico viaja aún más años atrás, hasta l'Aldea, en el delta del Ebro, donde creció hasta los quince años. Recuerda especialmente las fiestas mayores del pueblo: los bailes, los toros, las vaquillas y los helados al anochecer, un mundo muy diferente, asegura, de la Barcelona donde después se instaló para estudiar medicina.

Desde entonces casi no ha hecho vacaciones. “Se acababa un curso y empezaba otro”. Ahora, tanto él como su mujer continúan viajando por todo el mundo, vinculados a la medicina y la ciencia. ¿Y si tuviera que resumir los ingredientes de una buena noche de verano? “Que haya buena gente, amable, con sentido del humor y un poco de relajación mental”.

La boda de Ramon y Montse.
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