Elecciones presidenciales en Portugal: el gran altavoz del Abascal portugués
El paso histórico en la segunda vuelta del líder de la extrema derecha, André Ventura, le ha permitido catapultar su relato para "sacudir" el sistema democrático surgiendo de la Revolución de los Claveles
BarcelonaTodos los sondeos dan la victoria al candidato socialista en las elecciones presidenciales de este domingo en Portugal, pero en la práctica, André Ventura, líder de la extrema derecha portuguesa, tiene entre manos convertir la derrota en su mejor momentum. De alguna forma, el presidente de Chega y jefe de la oposición, ya ha ganado. Primero porque el 19 de enero ya hizo historia y logró forzar una segunda vuelta electoral en unas presidenciales por primera vez desde 1986. Y segundo porque ha puesto sobre la mesa una dicotomía que ya secunda a uno de cada cuatro los electores portugueses –que pueden crecer hasta un tercio a partir del domingo–. Se ha abrazado el debate, también desde los medios, de si es necesario continuar con el sistema democrático nacido hace cincuenta años con la Revolución de los Claveles o impulsar una "cuarta república". Es "el mayor cambio en el sistema político portugués desde el 25 de abril" de 1974, en palabras del propio Ventura.
Las presidenciales de este domingo en Portugal se celebran en un clima de estado de emergencia por los temporales que asolan la Península desde hace dos semanas. Primero fue la dana Kristin, con vientos huracanados que dejaron millones de casas en el centro del país sin luz; después la crecida de los ríos con el Leonardo, que ha desbordado tanto al Tajo como al Duero, y el domingo está previsto que el temporal Marta acompañe a los votantes a las urnas. Una tormenta meteorológica y política que puede alterar a última hora los resultados que vaticinan los sondeos a causa del incremento de la abstención.
Según los últimos sondeos, el candidato António José Seguro, exministro socialista y compañero cercano al ex primer ministro António Guterres –actual secretario general de la ONU–, lograría un 67% de los votos. Ventura, a su vez, sumaría un tercio de los electores. Una cifra remarcable si se tiene en cuenta que su techo de voto es del 23%, el mismo que sacó en las legislativas de mayo del pasado año en que Chega se convirtió en la segunda fuerza parlamentaria de Portugal.
"Ventura llega a la segunda vuelta de las presidenciales con exactamente el mismo resultado electoral que sacó hace siete meses –detalla al ARA António Costa Pinto, sociólogo e historiador especializado en fascismo y salazarismo–. Ahora el gran interrogante, que Ventura venderá como una victoria y arma negociadora con el gobierno actual, sondeos". Esto significará, en función de la participación, que el líder de Chega lograría sumar más votos con la decisión de presentarse a las presidenciales después de hacerlo en las últimas legislativas. Una anomalía, según Costa Pinto, que deja clara la "personalización extrema" del partido en torno a la figura de su líder.
Llamamiento al aplazamiento
La recta final de la campaña ha estado marcada por los temporales, después de que Ventura pidiera el aplazamiento una semana –viendo que el viento le soplaba en contra por el descontento creciente por la gestión del gobierno– y el primer ministro conservador, Luis Montenegro, le respondiera que no está contemplado en la ley. De hecho, los ayuntamientos tienen la potestad de hacerlo en algunas zonas, tal y como ha ocurrido en tres de las localidades más afectadas por las inundaciones de hace dos semanas, que acabarán votando el domingo de la próxima semana.
El caso es que las inclemencias climáticas de este invierno han puesto de manifiesto la falta de inversión en infraestructuras y sobre todo en el cableado eléctrico, que dejó a casi medio millón de personas sin luz. Un malestar que respalda los problemas de saturación en el sistema sanitario, la inflación sumada a sueldos bajos y dificultades de acceso a la vivienda en las grandes ciudades.
El diferencial populista
Los resultados del domingo pondrán sobre la mesa el techo electoral de lo que en el 2025 se llamó el terremoto Chega. Por primera vez en cincuenta años de democracia, los partidos tradicionales, el socialista y el socialdemócrata (PSD, que actualmente gobierna) no lograron sumar una mayoría constitucional de dos tercios. Desde entonces, el partido de Ventura se ha convertido en pieza clave en las negociaciones del ejecutivo de Montenegro y ha condicionado sobre todo la política migratoria. Acostumbrado a ser un país que expulsa a los jóvenes, la ola migratoria de los últimos años ha aumentado los índices de xenofobia, de persecución de personas racializadas y el gobierno ha respondido aprobando una de las leyes migratorias más restrictivas de la Unión Europea –actualmente detenida en el Tribunal Constitucional.
Se acababa así el diferencial ibérico formado por dos gobiernos socialistas con políticas progresistas con un fenómeno más tardío que el de Vox en España pero con más apoyos. Ahora bien, los analistas portugueses coinciden en remarcar las diferencias entre Ventura y Abascal. Aunque ambos proceden de partidos de centroderecha, como PP y PSD, para Costa Pinto, el líder de Chega tiene un perfil "mucho más populista". El periodista Miguel Carvalho, autor del libro Miedo dentro de Chega (2025), fruto de una investigación de años, va más allá: "Comparar a Chega con Vox, por ejemplo, desde el punto de vista ideológico, es como comparar el agua y el vino. Dentro de Chega no hay un debate ideológico porque su líder es quien lo decide todo". Según Carvalho, se trata de una formación política que supone un "peligro para la democracia" de Portugal porque pone en duda la "separación de poderes y el estado de derecho".
Ventura contempla ser presidente de la República y al mismo tiempo seguir siendo presidente de Chega. Una posibilidad que no es ilegal, pero que nunca ha pasado a la historia. Su campaña ha sido la de la "victimización constante", en palabras de Costa Pinto, que celebra que al menos haya servido para que la mayoría de candidatos de la derecha pidieran el voto para una opción "democrática" como la de Seguro. El próximo presidente portugués sustituirá al carismático Marcelo Rebelo de Sousa después de diez años y tendrá que hacer de "árbitro" de las decisiones del Parlamento, como ha hecho el hasta ahora jefe de Estado con las polémicas leyes migratorias.