El fracaso del Brexit empuja a Londres hacia la UE ante la peor década de crecimiento económico en un siglo
La ministra del Tesoro afirma que es necesaria una integración "mucho más estrecha" con Europa, y la derecha acusa al gobierno de "traicionar" el referendo del 2016
LondresEl laborismo quiere echar atrás diez años, pero no sabe cómo hacerlo sin que le acusen de traicionar el mandato que los británicos emitieron con el referéndum del Brexit en junio del 2016. La ministra del Tesoro, Rachel Reeves, expuso este miércoles lo que supone, hasta ahora, el anuncio de cambio de rumbo más drástico desde la llegada de Keir Starmer al poder en julio del 2024.
Durante una conferencia en la London School of Economics, Reeves aseguró que el gobierno británico está "dispuesto" a llevar al Reino Unido hacia una integración "mucho más estrecha" con la Unión Europea. Durante un acto organizado por think tank Bruegel, Reeves calificó las negociaciones actuales sobre movilidad juvenil, estándares alimentarios y política energética como una simple "primera fase", señalando que el "premio mayor" para la economía británica es la recuperación de una relación preferente con el bloque comunitario. Una década después, al menos una parte de la clase política del país se da cuenta del enorme error que supuso aceptar las tesis del extremismo de Nigel Farage y el oportunismo de Boris Johnson.
Las palabras de Reeves han servido para que la derecha política y mediática de las islas alce la voz y destaque que contrastan con la postura que la propia ministra mantuvo hace sólo unas semanas en el Foro de Davos, donde aseguró que el país no podía "volver atrás en el tiempo". Pero lo cierto es que desde que Starmer ganó las elecciones ha hecho tímidos avances para acercarse más a Bruselas, aunque siempre mirando de reojo a Farage y los conservadores. Sin embargo, la economía no levanta el vuelo, y el Brexit, y toda la burocracia y trabas al comercio con su socio principal, lastran mucho el crecimiento.
De hecho, este jueves los datos oficiales han confirmado que en los últimos diez años han sido los peores en términos de crecimiento del último siglo. El producto interior bruto (PIB) de Reino Unido lleva un ritmo de expansión del 1,1% a lo largo de esta década. Sería el menor desde el 0,8% de los años veinte del siglo XX.
Desde su tribuna en la prestigiosa universidad londinense, Reeves no ahorró dramatismo a la situación. "La gravedad económica es una realidad. Comerciamos casi tanto con la UE como con el resto del mundo combinado", dijo, admitiendo que ningún acuerdo con EEUU o India podrá compensar la pérdida de mercado europeo. Durante la campaña del Brexit, la propaganda de Johnson y Farage no se cansó de hablar de los beneficios del Brexit y de "Gran Bretaña global".
Debilidad de Starmer
El giro de Reeves quizá no sea casual, aseguran algunos analistas. Y llega después de una semana catastrófica para Keir Starmer, cuya posición ha quedado muy debilitada por el escándalo Mandelson y por una rebelión interna que el lunes estuvo a un paso de descabalgarle de Downing Street. La crisis forzó el día antes la dimisión de Morgan McSweeney, su jefe de gabinete y arquitecto de la victoria electoral, que defendía enconadamente mantener las distancias con Bruselas para frenar el ascenso del Partido Reformista, que ahora lidera las encuestas de intención de voto.
Sin McSweeney, pues, el gobierno podría acentuar una política más proeuropea. No en vano, ministros como Wes Streeting (Sanidad) o David Lammy (Justicia) ya habían roto filas anteriormente sugiriendo los beneficios de la unión aduanera, una idea que ahora parece ganar peso pese a las líneas rojas del manifiesto laborista. Starmer, sin embargo, se ha opuesto, aunque durante el período más duro de las luchas por el Brexit era incluso partidario de un segundo referéndum.
La oposición no ha tardado en reaccionar. El ministro del Tesoro en la sombra, Mel Stride, ha acusado al gobierno de utilizar el Brexit como "chivo expiatorio" de sus propios errores económicos, olvidando que bajo los gobiernos conservadores la economía no sólo no crecía, sino que era un completo desastre. Por su parte, Suella Braverman, exconservadora que se ha incorporado al partido de Farage hace sólo tres semanas, ha hablado directamente de "la gran traición del Brexit". Pero lo cierto es que el divorcio con la Unión Europea ha sido un movimiento populista y xenófobo, que ha fracasado rotundamente en términos económicos y que ha llegado en el peor momento geopolítico para el Reino Unido.
El problema para el laborismo, sin embargo, es que el ascenso electoral de Farage parece imparable y las elecciones locales del 7 de mayo en Inglaterra, y nacionales en Escocia y Gales, pueden confirmarlo. En este caso, Downing Street no se atrevería a ir más allá e incluso frenaría el proyecto de movilidad juvenil y de integración de los estándares alimentarios y de la política energética.
El país –con un censo electoral que difiere en cinco millones de personas del del 2016, y que ahora no optaría por el Brexit– paga ahora el enorme error del divorcio con la UE y el laborismo también paga el hecho de que en todo este tiempo ha sido incapaz de hacer saber al electorado que los supuestos beneficios de '. Paradójicamente, la xenofobia y el populismo de Farage siguen dominando la escena política de las islas, y la sociedad puede comprarla mayoritariamente.