Guillermo, Andrés, Mandelson y Bin Salman: cuatro príncipes, dos monarquías y un canalla
LondresDe un mal puede salir un bien, siempre que haya suerte. Es el poco consuelo con el que, de momento, el gobierno y la corona británica se pueden contentar después de los distintos acontecimientos que han sacudido a Londres en las últimas 72 horas. Por un lado, la crisis que ha asumido el primer ministro británico, Keir Starmer, que casi acaba con su liderazgo y que le ha dejado en la UCI política. Por otra parte, los comunicados extraordinarios que Carlos III y el príncipe Guillermo y su esposa Kate Middleton han hecho públicos en relación con el asunto Epstein y la mancha cada vez más sucia que se esparce sobre Andreu Mountbatten-Windsor, hermano del rey, tío del heredero al trono y, hasta hace unos meses, también príncipe (título del que fue despojado el año pasado).
Si acabara cayendo en las próximas semanas o meses –la posibilidad es muy alta–, Keir Starmer sería el séptimo primer ministro británico en una década, todo un récord para un país que, con o sin razón, antes del Brexit estaba considerado estable y serio. Mientras este lunes se vivía una de esas jornadas frenéticas a las que se ha acostumbrado Westminster desde el 2016, en la que la prensa huele sangre de premier y se lanza al cuello para seguir el espectáculo, el príncipe Guillermo cogía el avión para ir a encontrarse, por encargo del gobierno de Starmer, con otro príncipe. En este caso, otro poco honorable, el asesino intelectual del periodista del Washington Post Jamal Khashoggi, el heredero de Arabia Saudí, Mohammed bin Salman.
Poco antes de que Guillermo despegara hacia Riad, el palacio de Kensington –residencia de Guillermo y Kate Middleton– dio a conocer, a través de un portavoz, un comunicado de dos líneas en el que se decía: "Puedo confirmar que el príncipe y la princesa están profundamente preocupados. víctimas". No se mencionaba al pederasta, ni tampoco al amigo del pederasta, pero no era necesario. Tampoco se decía nada en relación con las nuevas revelaciones según las cuales Andreu compartió información confidencial con Epstein mientras era enviado comercial del Reino Unido en 2010 y 2011, lo que podría constituir un delito. Uno más.
Horas más tarde intervenía el rey, fatigado por los quebraderos de cabeza constantes que su hermano inflige a la familia y por las dos abucheadas públicas recibidas en las últimas dos semanas por parte de algunos asistentes —pocos, pero bastante ruidosos— en varios actos oficiales. A la luz de los nuevos documentos que el 30 de enero difundió el departamento de Justicia de Estados Unidos, Carlos III decía: "En cuanto a las reclamaciones específicas en cuestión [la presunta corrupción como enviado comercial] corresponde al señor Mountbatten-Windsor abordarlas, pero si la policía se pone en contacto con nosotros, estamos dispuestos a apoyarles, como es de esperar".
¿Ha caído el último anillo de protección de Andrés? Dicho de otra forma, si hay pruebas fehacientes de corrupción sistemática que afecten a los intereses del estado británico, y la policía las investiga, el palacio de Buckingham colaborará en lo necesario. ¿Pero las investigará? O hará lo mismo que con las acusaciones de violación contra el ex príncipe por parte de Virginia Roberts Giuffre, ¿que nunca han tenido una derivada judicial? Esto, aunque uno de los encuentros con el entonces menor Giuffre tuvo lugar en Londres.
¿La víctima es Carlos III?
La corona habla y esparce humo de honorabilidad. Y los medios de comunicación, con la BBC a la cabeza, piden a favor de la monarquía. Este martes por la mañana, en una entrevista con la cadena pública, Ailsa Anderson, jefe de prensa de la reina Isabel II entre 2001 y 2013, intentaba hacer aparecer a Carlos III como una víctima más de su hermano y de Epstein. "Que el rey sea abucheado dos veces recientemente es desconcertante para él, y por supuesto, el distrae de la increíble labor que él y la reina hacen por el bien de las organizaciones benéficas y las empresas del Reino Unido", ha dicho, y ha añadido: "Este es un hombre que, como sabéis, intenta concentrarse en ser monarca. negatividad y la sordidez que le rodea, tendrá un gran impacto en él".
Diplomacia y política están suficientemente reñidas con la ética, lamentablemente. Carlos y Guillermo han querido hacer ver que la monarquía no. Pero, ¿qué hizo, por ejemplo, el Carlos príncipe casándose con la jovencita Diana? Lo mismo de siempre. La monarquía británica juega feo. Como todas y como siempre. Y si se debe hacer un papel muy galdoso ante Donald Trump, Carlos III lo hace. Y si Guillermo debe encajar la mano con un príncipe sin principios, lo hace, y encima le regala la camiseta de la selección de fútbol inglesa.
Y por eso, Andreu debe caer aún más bajo, si Carles y Guillem deben parecer muy diferentes y alejados de la estructura de poder en la que nacieron y crecieron los tres. Y por eso los medios británicos destacan que Guillermo se interesa mucho por el deporte femenino en su viaje a Arabia, justificando así la relación con un régimen opresor de chicas y mujeres.
Y por eso el verdadero canalla del caso Epstein en Reino Unido acabará siendo, aún más que Andreu, Peter Mandelson, el ex embajador británico en Estados Unidos nombrado por Keir Starmer. Mandelson, que también pasó información crítica del gobierno a Epstein cuando era ministro, es conocido en las islas como el príncipe de las tinieblas. Y desde sus tinieblas puede acabar precipitando la caída del premier, por su error de juicio al designarlo, que puede ser la gota que colmará el vaso de los muchos errores políticos que ha cometido en menos de dos años en el poder. El escándalo Epstein-Mandelson ha tapado, en este caso, el escándalo –que ya no lo es– de la santificación hecha por un príncipe inglés a un príncipe alauí. ¿Días extraordinarios en Londres y Riad? En absoluto. Nuestro pan de todos los días desde hace siglos.