Europa

Las otras islas danesas amenazadas por Putin y que ahora también temen a Trump

Las islas Feroe aspiraban a tener más autonomía de Dinamarca hasta el interés de los EUA por Groenlandia

Vista de la ciudad de Klaksvik, en las islas Feroe
05/04/2026
4 min

Aisladas geográficamente y con un clima inclemente (llueve 300 días al año y el viento llega a ráfagas huracanadas), las islas Feroe son otra pieza del Reino de Dinamarca que ha adquirido un peso creciente en el tablero geopolítico. Este archipiélago formado por dieciocho islas se encuentra en una posición privilegiada para vigilar el Atlántico Norte, donde las potencias mundiales compiten por tener el control de las puertas del Ártico. Por sus aguas confluyen las flotas pesqueras europeas, y los buques de guerra norteamericanos. A la vez, las islas Feroe mantienen un polémico acuerdo comercial con Rusia sobre pesca, el corazón de una economía que no depende de las donaciones de Copenhague (como sí que ocurre con Groenlandia). Las islas Feroe forman parte de la OTAN a través de Dinamarca, pero no son parte de la Unión Europea, ya que al gobierno autonómico no le interesa entrar en la normativa pesquera comunitaria.En estas circunstancias, los feroeses (55.000 habitantes) han elegido a finales de marzo un nuevo gobierno para gestionar su amplia autonomía, mientras que Dinamarca retiene las competencias sobre defensa, seguridad, política exterior, moneda y tribunales. La victoria del Partido Conservador en las urnas abre la puerta a Beinir Johannesen, de 29 años, a convertirse en el primer ministro más joven que haya tenido nunca el país.En un momento en que las ansias de Donald Trump por Groenlandia han generado ansiedad en la región, las elecciones han dejado de lado la geopolítica y se han centrado en la economía, que se encuentra en expansión. El PIB per cápita de la nación atlántica supera al de Dinamarca, gracias a las exportaciones de las granjas de salmón, que tienen un valor de mil millones de euros anuales. La cifra de paro roza el 1%, y el país cuenta con unas infraestructuras modernas, como la primera rotonda del planeta construida bajo el mar.Con todo, los precios de la vivienda en la capital, Tórshavn, son un quebradero de cabeza para quienes quieren vivir allí, al mismo tiempo que las islas se enfrentan a un grave problema de despoblación. Entre los feroeses de 25 años, el 40% optan por ir a vivir al extranjero y aproximadamente uno de cada cinco no regresa jamás. Otra controversia es el proyecto de construcción más grande de su historia: un túnel submarino de 23 kilómetros que costará el equivalente al 20% del PIB del país.En el trasfondo de las elecciones también ha habido la independencia con Dinamarca, una opción que defienden cinco de las seis principales formaciones políticas feroesas. En el año 1946 los feroeses votaron con un resultado ajustado separarse de Dinamarca, pero en aquel momento el rey danés Cristián X no lo aprobó. Finalmente, las competencias de autogobierno se ampliaron en el año 2005, después de que las islas Feroe y Dinamarca hayan estado conectadas durante más de 600 años.A principios de este año, el gobierno feroés debía reabrir las negociaciones con Copenhague con la intención de presionar para obtener más autonomía. Pero eso fue antes de que Trump desencadenara la peor crisis diplomática en el reino danés para obtener el control de la isla ártica de Groenlandia. Ante esta situación, los líderes feroeses decidieron que no era el momento de entrar a negociar a fondo con Copenhague por su soberanía: “Dado el clima que se generó, se vio que no era oportuno iniciar las negociaciones sobre la condición de un nuevo estado, ya que todo era imprevisible”, razona Heini í Skorini, experto en relaciones internacionales en la Universidad de las Islas Feroe.El experto explica que las razones del independentismo se sustentan en la voluntad de tener una voz propia en la escena internacional: “Para nosotros, el hecho de no ser una entidad soberana nos hace muy difícil negociar nuevos y mejores acuerdos de libre comercio porque esto se hace entre estados”, argumenta. Skorini también señala que “hay el consenso político de que el siguiente paso es conseguir la condición de estado, sin que esto implique necesariamente abandonar la Mancomunidad danesa”.Incremento de la tensión geopolítica

Mientras la cuestión de la soberanía ha quedado aparcada, el gobierno feroés ha prorrogado año tras año el polémico acuerdo pesquero con Rusia para intercambiar cuotas, a pesar de la guerra de Ucrania. Esta cooperación con la pesca ha irritado a Copenhague y Bruselas, aunque desde Tórshavn se justifica que los productos alimentarios no están sujetos a sanciones. También recuerdan que Noruega ha ratificado acuerdos similares con Moscú: “Por un lado, se han adoptado todas las sanciones de la UE contra Rusia porque queremos ser parte de Europa y de la OTAN, pero, por otro, se ha optado por mantener la cooperación pesquera con los rusos”, detalla Skorini.A pesar de que las islas Feroe han captado mucha menos atención que Groenlandia, los feroeses perciben el creciente interés de las superpotencias: “Hace unos años habría sido ciencia ficción ver un submarino nuclear estadounidense saliendo a la superficie de un puerto feroés, pero hoy ya no es así”, asegura el experto. El archipiélago se encuentra en el llamado pasaje GIUK entre Groenlandia, Islandia y Escocia, un punto que la OTAN tiene muy vigilado porque representa la salida al Atlántico de la flota rusa de submarinos que tienen base en el Ártico. Los políticos feroeses también han expresado su preocupación porque las embarcaciones de pesca rusas que fondean en las islas puedan estar haciendo operaciones de espionaje. Para monitorizarlo todo, los Estados Unidos instalarán nuevos radares para vigilar qué pasa en las aguas del archipiélago, “a pesar de que el incremento de la presencia militar de los EE. UU. también crea algunas suspicacias”, reconoce Skorini.

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