Escandinavia

En Suecia, la extrema derecha también está más cerca que nunca de gobernar

Por primera vez, los partidos tradicionales de derecha aceptan al partido xenófobo Demócratas de Suecia como socio de pleno derecho

12/09/2026 - 20:05 h.

BarcelonaEl partido de extrema derecha Demócratas de Suecia (SD, por sus siglas en sueco) podría estar más cerca que nunca de gobernar. Por primera vez, todas las formaciones del bloque de derechas del país están abiertas a que el partido forme parte de una eventual coalición de gobierno si consiguen suficiente apoyo en las elecciones parlamentarias de este domingo. El cordón sanitario que Suecia también había defendido se ha roto definitivamente, y el SD ya es considerado como un partido perfectamente legítimo para formar parte del bloque conservador, que aspira a mantenerse en el poder cuatro años más.

El actual ejecutivo de derechas tomó el poder en 2022 con un tripartito de conservadores, democristianos y liberales, con el apoyo externo del SD. Prácticamente desde entonces, el bloque de izquierdas, liderado por los socialdemócratas, ha encabezado las encuestas de intención de voto. Pero la distancia con la coalición de derechas se está estrechando a marchas forzadas a medida que se acerca el día de las elecciones. Hace solo tres semanas, más de diez puntos porcentuales separaban a los dos bloques y parecía casi imposible que el actual primer ministro, Ulf Kristersson, pudiera revalidar el cargo. Pero esta semana, los sondeos auguraban una ventaja para el bloque de izquierdas de solo dos o tres puntos.

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Hace cuatro años los Demócratas de Suecia se apuntaron dos victorias: hicieron el sorpasso a los conservadores tradicionales (Moderados), y se convirtieron en la segunda fuerza en el Parlamento. Y por primera vez consiguieron tener influencia en el gobierno, a pesar de que no estuvieran dentro. Ahora el objetivo es dar un paso más: conseguir ministerios. "En muchos sentidos, se ha tratado al SD como un partido de gobierno: el acuerdo de coalición fue negociado por cuatro partidos en igualdad de condiciones. Pero hay una gran diferencia en el hecho de controlar ministerios o no", apunta en el ARA el politólogo Nicholas Aylott, de la Universidad Södertörn de Estocolmo.

El líder de Demócratas de Suecia, Jimmie Akesson, ha dicho que el partido debería tener un número de ministerios "proporcional" al apoyo que reciba en las elecciones. A estas alturas, el SD ya es el partido con más peso del bloque azul, y Akesson ha apuntado que aspira a una docena de ministerios.

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Kristersson, sin embargo, ha dejado claro que el candidato a primer ministro será él. De esta manera, el líder conservador ofrece ministerios a la ultraderecha a cambio de asegurarse el cargo si su bloque gana, sea cual sea el partido más votado y a pesar de la baja popularidad del primer ministro. "Ahora Ulf será el primer ministro durante cuatro años más. Y después yo seré el primer ministro", decía Akesson convencido al diario Dagens Nyheter.

La cuestión de la posible entrada al gobierno del SD ha centrado en buena parte la campaña electoral. Los socialdemócratas, que aspiran a recuperar el gobierno con Magdalena Andersson al frente, han planteado una estrategia más defensiva que propositiva. "Vota por alguien que no tenga ideas extremistas", dice el lema de campaña. "Si me preguntas cuáles son las grandes ambiciones políticas de los socialdemócratas, el partido más grande de Suecia, me es difícil decirlo", resume el experto.

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Inmigración y seguridad

Desde su posición privilegiada, el SD, un partido populista, nacionalista y xenófobo, ha presionado durante los últimos cuatro años para implementar sus prioridades, sobre todo en lo que respecta al endurecimiento de las políticas migratorias y de seguridad. "El SD ya no es tan radical como en sus inicios, pero no hay duda de que han sido los tres partidos de la derecha tradicional los que se han movido hacia el SD y no al revés", afirma Aylott. "Lo que se ha implementado esta legislatura en materia de migración habría sido impensable hace ocho años", dice.

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En este ámbito, y siguiendo la ola europea, la Suecia de 2026 no tiene nada que ver con la de 2015. Ha pasado de sacar pecho de ser uno de los países más generosos del mundo con los refugiados –durante la crisis de refugiados sirios recibió 163.000 solicitantes de asilo; solo Alemania acogió a más– a defender un "cambio de paradigma" para dejar de ser un país de acogida.

Entre las medidas implantadas, destaca que ahora solo se emiten permisos temporales cortos para los refugiados y que se han introducido muchos requisitos para obtener la ciudadanía. También se han endurecido las condiciones para conseguir permisos de trabajo y se han dificultado las reunificaciones familiares. Y el mismo primer ministro ha utilizado el concepto de "remigración".

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El otro gran tema central de la extrema derecha es la seguridad. Hace cuatro años, los Demócratas de Suecia sacaron rédito de la creciente sensación de inseguridad en el país, sobre todo por las altas cifras de explosiones y tiroteos, vinculados a las luchas de bandas criminales. Durante esta legislatura, por ejemplo, se han endurecido las sentencias para determinados delitos y se ha rebajado la edad penal a los 13 años para detener el reclutamiento de niños sicarios.

Según los datos oficiales de la policía de la primera mitad de este año, tanto los tiroteos como las explosiones alcanzaron niveles mínimos desde que empezaron los registros en 2017. Durante el primer semestre, 39 tiroteos (8 de mortales), menos de la mitad que en el mismo periodo del año pasado. La policía lo atribuye a factores diferentes y al fruto de los esfuerzos de los últimos años, por ejemplo, con la colaboración internacional.

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"El gobierno puede destacar todo esto como un éxito –apunta Aylott–. La paradoja es que cuando estas cuestiones dejan de parecer tan urgentes, los votantes probablemente no votarán pensando en estos temas como lo hicieron hace cuatro años". En este sentido, dice que "el gobierno puede acabar siendo víctima de su propio éxito". "Cuando la situación ya no parece tan peligrosa, quizás los votantes volverán a las preferencias anteriores y podrán priorizar otros problemas", añade.

Diferencias entre las izquierdas

Gane quien gane, las negociaciones postelectorales serán complejas. Pero sobre todo lo serán si es el bloque de izquierdas el que tiene que intentar formar gobierno. Los cuatro partidos de derechas han demostrado en los últimos cuatro años que pueden ponerse de acuerdo, mientras que Magdalena Andersson tendrá que hacer muchos esfuerzos para conseguir que entren en el mismo saco formaciones tan distantes como el Partido de Centro, económicamente de tendencia liberal, y la Izquierda, de ideología socialista.

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