Estados Unidos vuelve a desatar la guerra contra Irán: ¿qué queda del acuerdo?

Teherán responde a los ataques lanzando misiles contra bases militares estadounidenses en la región y despide a Jamenei en Mashad

09/07/2026 - 20:37 h.

BeirutPor segundo día consecutivo, los misiles han sustituido la diplomacia en Oriente Medio. Apenas dos semanas después de firmar el memorándum de entendimiento que permitió una pausa en los combates y abrió la puerta a nuevas negociaciones entre los Estados Unidos y el Irán, los ataques han vuelto a intensificarse. Durante la noche del miércoles y la mañana de este jueves, Washington ha vuelto a bombardear territorio iraní. El ejército norteamericano ha asegurado que desde el miércoles de madrugada ha golpeado cerca de 170 objetivos militares en el país, entre los cuales hay sistemas de defensa antiaérea, instalaciones de vigilancia costera y depósitos de misiles y drones. Según el ministerio de Salud iraní, los ataques norteamericanos de los últimos dos días han dejado al menos 14 muertos y 78 heridos en cinco provincias del país.

Entre los puntos afectados está la provincia de Bushehr, donde se encuentra la única central nuclear civil operativa de Irán. Un responsable local ha confirmado que varios lugares de la provincia han sido atacados, aunque las autoridades iraníes niegan que la central nuclear haya sido objeto de ningún ataque directo. La zona tiene una importancia estratégica que va más allá de su dimensión atómica. Frente a su costa se encuentra la isla de Kharg, la principal terminal petrolera iraní, desde donde salen la mayor parte de las exportaciones de crudo del país. La proximidad entre los dos puntos conecta dos elementos que hasta ahora se habían analizado por separado: el programa nuclear iraní y la capacidad energética de Teherán para influir en los mercados internacionales.

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El ministerio iraní de Asuntos Exteriores ha denunciado, además, ataques contra varias provincias del sur del país y contra dos puentes ferroviarios en el este, y los ha calificado de "crímenes de guerra". Los ataques han obligado también a suspender la circulación de trenes entre Teherán y Mashad, la ciudad santa donde, después de casi una semana de funerales, este jueves se celebra el último acto de despedida y el entierro del líder supremo Ali Jamenei, muerto en los ataques de Washington y Tel-Aviv del 28 de febrero.

Teherán ha asegurado que defenderá su soberanía y su integridad territorial y ha prometido "castigar a los agresores". Washington, por su parte, sostiene que sus operaciones están dirigidas contra capacidades militares iraníes para "reducir" la capacidad de Irán "de amenazar la navegación" por el estrecho de Ormuz.

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La respuesta iraní se ha dirigido de nuevo contra las instalaciones militares norteamericanas desplegadas en la región. La Guardia Revolucionaria ha anunciado ataques con drones y misiles contra bases norteamericanas en Kuwait y Bahréin, mientras que Teherán también ha confirmado acciones contra Catar, donde se encuentra la base aérea de Al Udeid, una de las principales instalaciones militares de Washington en Oriente Medio. Jordania ha activado sus sistemas de alerta y ha anunciado la intercepción de misiles iraníes, sin víctimas ni daños materiales. No se trata de una ofensiva contra estos países, sino contra la presencia militar norteamericana en su territorio. Pero el mensaje de Teherán es claro: cualquier operación contra Irán tendrá consecuencias más allá de sus fronteras.

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La red de bases norteamericanas construida durante décadas como elemento de seguridad regional se convierte ahora en una de las principales líneas de tensión entre Washington y Teherán. El caso de Qatar resume mejor que ningún otro esta contradicción. El emirato acoge Al Udeid, la base aérea norteamericana más grande de Oriente Medio, pero al mismo tiempo es uno de los pocos países que han sido capaces de mantener canales abiertos con Irán. Junto con Pakistán, Qatar ha participado en los esfuerzos diplomáticos para intentar contener la crisis. Ahora se encuentra en una posición difícil: su papel como mediador convive con su papel como pieza central de la presencia militar norteamericana en la región.

Según el general retirado Youssef Haidar, "Irán intenta demostrar que cualquier ataque contra su territorio tendrá un coste regional: su objetivo es mostrar que las bases norteamericanas en Oriente Medio no están fuera de su alcance", explica. Para el militar retirado, "Teherán no necesita necesariamente destruir todas estas instalaciones; busca demostrar que puede responder y que el conflicto puede no quedar limitado al territorio iraní".

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El memorándum de entendimiento, cuestionado

Pero más allá de la escalada militar, la pregunta central es otra: ¿qué queda, de del acuerdo alcanzado entre Washington y Teherán? Hasta ahora, Estados Unidos había situado el programa nuclear iraní en el centro de la negociación. Donald Trump ha insistido en que Irán le había garantizado que no buscaría desarrollar un arma nuclear y que este compromiso debía ser la base de cualquier acuerdo. Las conversaciones giraban en torno al enriquecimiento de uranio, las centrifugadoras y las inspecciones internacionales. Pero la ruptura de la tregua alcanzada tras el memorándum de entendimiento también ha desplazado el centro de la discusión.

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El estrecho de Ormuz vuelvea situarse en el centro de la crisis. Por esta vía marítima circula cerca del 20% del petróleo y del gas natural licuado del mundo. Cualquier amenaza sobre este paso tiene consecuencias inmediatas sobre los mercados energéticos. Teherán reclama imponer sus propias condiciones para mantener abierto el estrecho, mientras que Washington acusa a Irán de haber incumplido sus compromisos tras los ataques contra buques comerciales, y responde con nuevas sanciones sobre el petróleo iraní.

Según Fares Boustani, del Beirut Center for Strategic Studies, "durante años la preocupación internacional se centró en el programa nuclear iraní, pero esta crisis demuestra que la capacidad de presión de Teherán no depende únicamente del enriquecimiento de uranio". El analista considera que "Ormuz representa una herramienta estratégica, porque cualquier alteración de esta ruta afecta directamente la economía mundial y obliga a las grandes potencias a intervenir".

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A todo esto se añade otro elemento en discordia: Israel, que hoy mismo ha lanzado más leña al fuego. Benjamin Netanyahu ha asegurado que la guerra con Irán "todavía no ha terminado" y ha reiterado que su ejército está preparado para cualquier escenario. Durante un acto de graduación de nuevos pilotos militares, el primer ministro israelí ha elogiado la superioridad aérea de Tel Aviv que "llega a todas partes, desde Yemen hasta Irán" y ha advertido que "el eje iraní es más débil que nunca", mientras que "Israel es más fuerte que nunca".

El impacto de todo esto ya se refleja en los mercados. El precio del barril de Brent ha vuelto a subir este jueves hasta rozar los 79 dólares ante la incertidumbre sobre el futuro del estrecho. Mientras continúan los bombardeos sobre el sur de Irán y las alertas vuelven a sonar en diversos puntos del Golfo, la pregunta ya no es únicamente si el alto el fuego sobrevivirá. La cuestión es qué tipo de acuerdo quedará cuando Washington y Teherán vuelvan a sentarse cara a cara.

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