El acuerdo de Trump con Arabia Saudí inquieta a Israel
El pacto con Riad abre la puerta al enriquecimiento de uranio y despierta el temor de Tel Aviv a una nueva carrera nuclear en el Próximo Oriente
JerusalénEstados Unidos y Arabia Saudita cerraron el miércoles un acuerdo de cooperación nuclear civil que abriría la puerta al desarrollo de un programa nuclear saudí sin algunas de las salvaguardias exigidas tradicionalmente por Washington. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha asegurado que “no habrá enriquecimiento de material nuclear” y que el programa será exclusivamente para usos civiles. También ha precisado que el pacto solo saldrá adelante si Arabia Saudita se adhiere a los Acuerdos de Abraham, impulsados por Estados Unidos en 2020, y si normaliza las relaciones con Israel. Riad todavía no ha reaccionado públicamente.
La oficina del primer ministro, Benjamin Netanyahu, que siempre se ha mostrado contrario a dar capacidades nucleares a los países de la región, ha celebrado que Trump haya puesto como condición que Riad reconozca el estado de Israel. En un comunicado ha afirmado que una eventual adhesión saudí a los Acuerdos de Abraham representaría “un salto histórico hacia la paz en Oriente Medio”, y ha recordado que las operaciones militares conjuntas de Estados Unidos e Israel contra Irán han creado una nueva oportunidad para ampliar el círculo de paz en la región.
La noticia, sin embargo, ha provocado una fuerte reacción dentro de Israel. La voz más contundente ha sido la del exministro de Defensa y de Asuntos Exteriores Avigdor Liberman, líder del partido Yisrael Beytenu y candidato que quiere disputar el liderazgo de Benjamin Netanyahu en las próximas elecciones. Liberman ha calificado el acuerdo de “completamente inaceptable” y ha advertido que “todo programa nuclear militar empieza como un programa civil”, en referencia al precedente iraní. “El acuerdo que permita el enriquecimiento de uranio en territorio saudí es una línea roja”, ha afirmado Liberman a la televisión pública israelí Kan. El exministro considera que el pacto podría desencadenar “una carrera nuclear loca en Oriente Próximo” y ha pedido a los grupos de presión proisraelíes de Estados Unidos que presionen al Congreso para bloquear el acuerdo.
La cooperación nuclear civil y las garantías de seguridad ya formaban parte de un acuerdo más amplio de la administración Biden que buscaba la normalización de la relación entre Israel y Arabia Saudita, pero la guerra de Gaza y la exigencia saudí de un horizonte hacia un estado palestino han alejado esta posibilidad.
“El principal temor no es tanto la Arabia Saudita tal como existe hoy, sino el precedente que podría crear el acuerdo. Si se permite a Riad enriquecer uranio, otros países podrían reclamar derechos similares”, explica a l’ARA Neil Quilliam, investigador del programa de Oriente Medio del centro de investigación Chatham House y especialista en política energética y las relaciones entre Israel y los países árabes. Según él, a Israel preocupa especialmente la posibilidad de una competición nuclear regional más amplia y un debilitamiento progresivo de los estándares de no proliferación que han estado vigentes durante años.
Reducir la dependencia del petróleo
Detrás del programa saudí hay una apuesta económica y geopolítica más amplia. Riad defiende que tener energía atómica es una herramienta para reducir su dependencia del petróleo y avanzar en su proyecto de transformación económica.
“Arabia Saudita busca diversificar su mix energético, reducir el consumo interno de petróleo y dar apoyo al proyecto económico Visión 2030. Pero al mismo tiempo el acuerdo refuerza su relación con Washington y le da acceso a tecnología avanzada que mejora su posición económica y geopolítica”, añade Quilliam. El pacto “incluye estas tres cosas: energía nuclear civil, garantías de seguridad e influencia regional”.
El acuerdo tampoco se puede entender sin Irán. El príncipe heredero saudí, Mohammed bin Salman, ha afirmado en diversas ocasiones que si Teherán desarrolla un arma nuclear, Riad seguirá el mismo camino.
Aunque todavía es pronto para determinar las consecuencias, incluso sin desarrollar armas nucleares el programa podría modificar el equilibrio regional. “Capacidad nuclear y armas nucleares no son lo mismo. Incluso un programa estrictamente civil puede aumentar el conocimiento tecnológico, la capacidad industrial y la influencia política de un país”, concluye Quilliam. Por eso, la cuestión central para Israel no es solo si Arabia Saudita desarrollará un arma nuclear, sino qué impacto tendrá el hecho de que adquiera una capacidad nuclear avanzada en una región marcada por la rivalidad entre potencias.