La represión en Irán no termina con las protestas
Redes de activistas hablan de cientos de muertos, hospitales saturados y 'morgas' desbordadas en medio de un apagón informativo
BeirutIrán ha entrado en el decimoquinto día de protestas con las calles todavía encendidas y las comunicaciones prácticamente cortadas. Desde el viernes, el país vive un apagón digital que bloquea el acceso a internet e incluso las llamadas telefónicas y los mensajes SMS. Sin embargo, vídeos de ciudades como Teherán, Mashad, Tabriz y Qom, que pudieron burlar la censura, muestran multitudes que vuelven cada noche, coches incendiados y fuerzas de seguridad desplegadas masivamente.
Según la organización Irán Human Rights, al menos 192 manifestantes han muerto desde el inicio de las movilizaciones. Otras redes de activistas elevan la cifra y alertan de cientos de heridos por arma de fuego, hospitales saturados y morgas desbordadas. La carencia de información independiente dificulta verificar el alcance real de la represión, pero crece el temor de un aplastamiento a gran escala.
Paralelamente, la televisión estatal ha emitido funerales de miembros de las fuerzas de seguridad en Gachsaran, Yasuj y Esfahan. El jefe de la policía, Ahmed-Reza Radan, ha hablado de "detenciones significativas" de manifestantes y ha descrito las protestas como "disturbios organizados por enemigos extranjeros".
Lo que empezó como una reacción al encarecimiento del coste de la vida se ha transformado en un desafío abierto al sistema teocrático instaurado después de la revolución de 1979. Los cánticos ya no reclaman reformas, sino la caída del régimen. En varias ciudades, los manifestantes atacan símbolos oficiales y sus religiosas, mientras nuevas generaciones, sin memoria del período revolucionario, lideran la protesta.
Una escena resume el clima actual. En un vídeo viral grabado en una calle de Teherán antes del apagón total, un clérigo chií llama ante los peatones que se opone a un "gobierno criminal y asesino" y hace un llamamiento a la población para que se levante. A su alrededor, una mujer grita "¡Muerte a Jamenei!", el líder supremo de la República Islámica de Irán. La difusión de estas imágenes refleja una ruptura inédita y existen sectores del mismo clero que cuestionan públicamente el poder religioso. En varias ciudades se repiten consignas contra la autoridad clerical y se registran ataques en seminarios y mezquitas.
Encuestas internas filtradas meses atrás indicaban que más del 70% de los iraníes son partidarios de separar religión y política, toda una enmienda a la totalidad al régimen de los ayatolás. Hoy, esta tendencia se hace visible en el espacio público. El régimen responde haciendo piña. Jamenei acusa a "saboteadores" dirigidos desde el exterior. El presidente Masoud Pezeshkian pide a la población que no permita que "provocadores" alteren el orden. El mensaje está claro: "No habrá concesiones".
Esquivando la represión
La represión se hace sentir en todos los niveles. En barrios populares se denuncian redadas en domicilios, controles de vehículos y una vigilancia reforzada cerca de universidades y centros culturales. Las autoridades intentan impedir la formación de comités locales que organicen protestas o difundan información alternativa. Sin embargo, los vecinos improvisan redes de alerta y refugio, y los jóvenes recurren a métodos creativos para esquivar la vigilancia: se comunican por radiofrecuencia y señales visuales, cortan calles con neumáticos quemados y documentan los abusos de forma clandestina. La economía se detiene: el precio de la carne casi se ha duplicado y muchos comercios cierran antes de la noche para evitar enfrentamientos.
Desde Washington, Donald Trump ha declarado su apoyo a los manifestantes y ha amenazado con que responderá si las autoridades iraníes "empiezan a matar a su propio pueblo". El secretario de Estado, Marco Rubio, ha subrayado que "Estados Unidos apoya el valiente pueblo iraní y sigue de cerca los abusos del régimen". La ONU expresó su "profunda preocupación" por la escalada de violencia y alertó del riesgo de una "masacre bajo la cobertura de un apagón informativo".
La amenaza de Estados Unidos y de Israel
Israel sigue la crisis con atención. El ministro de Asuntos Exteriores, Gideon Sa'ar, pidió a la Unión Europea que considere designar a la Guardia Revolucionaria Islámica como organización terrorista y expresó su apoyo a "la lucha del pueblo iraní por su libertad". Este domingo, el primer ministro Benjamin Netanyahu afirmó que "el régimen de Teherán se encuentra en uno de los momentos más frágiles de su historia reciente" y advirtió de que Israel no permitirá que la inestabilidad interna se utilice para avanzar en programas militares o nucleares. Sin mencionar directamente las protestas, aseguró que su gobierno sigue la situación "minuto a minuto" y que cualquier intento de desviar la crisis hacia la región recibirá una respuesta firme. Israel mantiene la alerta máxima y no descarta acciones defensivas frente a cualquier escalada, especialmente después de la guerra de junio, en la que Washington y Tel Aviv atacaron objetivos iraníes.
El carácter político de las protestas se intensifica. Aunque todavía dispone de un aparato coercitivo considerable, el régimen no logra contener las grietas internas ni los focos de resistencia que renacen cada noche. Dos semanas después de la primera chispa de movilización, Irán sigue sin una salida visible. La contestación ha dejado de ser sólo una reclamación por necesidades básicas para convertirse en una crisis de legitimidad que ya figura entre los desafíos políticos más profundos desde 1979.