Trump, árbitro de las elecciones israelíes

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Una valla de publicidad electoral muestra al primer ministro de Israel y líder del partido Likud, Benjamin Netanyahu, y al exjefe militar israelí y líder del partido Yashar, Gadi Eisenkot, en Ramat Gan, Israel.
31/10/2026 - 19:03 h
Experto en Oriente Próximo

Los resultados de las elecciones israelíes pronostican una situación política todavía más polarizada. En este contexto de confusión, la figura de Donald Trump se erige en árbitro y no hay que olvidar que el presidente de los Estados Unidos siempre ha tenido una deferencia particular hacia el primer ministro, Benjamin Netanyahu.

Durante la campaña, Trump se ha pronunciado personalmente a favor de Netanyahu, a petición del dirigente israelí, e incluso ha pedido expresamente el voto de los electores. Todavía está abierto el debate sobre la influencia que han tenido sus palabras entre los votantes, pero el hecho de que Netanyahu haya solicitado dos veces en pocos días el apoyo de Trump indica que el primer ministro da peso a la ayuda electoral del presidente estadounidense.

Un gobierno del bloque opositor liderado por Gadi Eisenkot no parece viable porque le haría falta el apoyo tácito de los diputados árabes. Una coalición parecida se enfrentaría a una opinión pública judía hostil e, incluso, islamófoba que exige un gobierno estrictamente sionista, es decir, una coalición de partidos judíos que pueda gobernar sin contar con los árabes.

Esta hipótesis llevaría a la formación de un gobierno precario y su vida cotidiana sería inestable, con un desgaste continuo y considerable sobre las decisiones que tomaran Eisenkot y sus aliados, y, por lo tanto, parece razonable descartar una coalición de este tipo. Pero si esta opción se descarta, Netanyahu tampoco puede formar una coalición con la distribución de escaños que hay en el Parlamento, excepto si recluta a más de media docena de diputados del bloque de la oposición.

¿Gobierno de rotación?

Quedan, en consecuencia, dos opciones viables: volver a convocar elecciones o formar una coalición de unidad entre Netanyahu y Eisenkot, que es donde Trump entra en escena. Al día siguiente de las elecciones, la Casa Blanca dijo que el presidente de momento no considera intervenir en las negociaciones entre las facciones israelíes. Pero eso podría cambiar si Netanyahu se lo pide, una posibilidad que el primer ministro tiene sobre la mesa en la dirección de crear un gobierno de rotación con Eisenkot de dos años cada uno.

Dos días antes de las elecciones, Eisenkot reiteró solemnemente que en ningún caso formaría una coalición con Netanyahu, y añadió que antes de hacerlo dimitiría. A pesar de estas palabras tan claras, el exgeneral podría justificar un cambio de opinión invocando el interés supremo del país, alegando que Israel necesita estabilidad y una coalición responsable de mayoría sionista. El jueves, Eisenkot dijo que quiere un gobierno sionista que reclute a los jóvenes ultraortodoxos para el ejército y que cree una comisión estatal de investigación sobre los hechos del 7 de octubre de 2023. Estos planteamientos pueden interpretarse como un punto de partida en una posible negociación con Netanyahu.

Si Trump presiona a Eisenkot en esta dirección, a petición de Netanyahu, algo que es posible, tendremos una coalición de unidad. Y Eisenkot podría guardar las apariencias negociando un programa de gobierno aceptable para todos sobre algunas cuestiones discutibles, como detener la polémica reforma judicial impulsada por Netanyahu.

El segundo escenario es el de una nueva convocatoria a las urnas. En primer lugar, será necesario que el presidente, Isaac Herzog, organice consultas con los partidos, un proceso que podría alargarse dos o tres meses. Herzog es partidario de un gobierno de coalición, así que entre él y Trump podrían conducir la situación por este camino. En Israel casi todo el mundo está de acuerdo en que unas nuevas elecciones beneficiarían a Netanyahu. En todo caso, estos son los dos escenarios que parecen más viables hoy, pero podrían cambiar en las próximas semanas.

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