Cumbre de la OTAN en Madrid

La OTAN renace y se prepara para una era de confrontación con Rusia y China

La Alianza Atlántica se rearma y considera a Moscú como "la amenaza más directa" y a Pekín como "un reto para la seguridad"

MadridProbablemente, la nueva hoja de ruta que guiará el rumbo de la OTAN los próximos diez años y que se ha aprobado este miércoles durante la cumbre "histórica" de Madrid se resume en el siguiente cambio. El último concepto estratégico de la Alianza Atlántica se aprobó el 2010 en Lisboa. Entonces, Rusia era considerada "un socio estratégico" con quien cooperar y China no aparecía en ninguna de las páginas del documento. Ahora, doce años después, la distancia es significativa y muestra un nuevo rumbo geopolítico de consecuencias todavía imprevisibles: Moscú pasa a ser "la amenaza más significativa y directa" para la seguridad de los aliados y Pekín, consolidado desde hace años como candidato a usurpar a Estados Unidos el título de primera potencia mundial, "supone un reto para los intereses, valores y seguridad de los aliados". La OTAN, que ha resucitado a raíz de la invasión rusa de Ucrania, se prepara para un nuevo horizonte global, que ha mutado de manera abrupta durante los últimos meses y que compromete de una manera acentuada la estabilidad europea. A partir de esta premisa, pues, se entiende todo el documento presentado hoy y el camino que, desde ahora mismo, emprende la alianza militar más potente del mundo. Empieza una nueva era.

La estrategia de la OTAN de las últimas décadas se había basado en un cómodo condicionante: la hegemonía global de Estados Unidos, y, por lo tanto, también de la Alianza. Pero el paisaje geopolítico lleva años encaminándose hacia un planeta multipolar donde Washington está condenado a perder espacios de poder y donde todo aquello que pase en Asia y a sus alrededores se augura clave. El ataque de Vladímir Putin en Ucrania lo ha precipitado todo.

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La nueva hoja de ruta, que alerta del poder desestabilizador tanto de Pekín como de Moscú, hace referencia también a "la asociación estratégica" que los dos gobiernos están desarrollando y que busca "imponer el movimiento autoritario contra las reglas que regulan la orden internacional". En resumen, la OTAN cree que las amenazas se han multiplicado y la estrategia para los próximos diez años tiene que garantizar las herramientas para afrontarlas.

Rearme y más soldados

Uno de los grandes titulares del futuro inmediato de la alianza tiene forma de arma. Ya estaba previsto que la cumbre de Madrid fuera un punto de inflexión tanto para el rearme de la OTAN como para el incremento del despliegue militar en territorio aliado. Y así ha sido. En este sentido, la mayoría de los esfuerzos se centrarán en Europa del Este, la región que se considera más susceptible a sufrir un nuevo ataque ruso debido a su proximidad geográfica y también histórica. Los líderes han acordado comprometerse a desplegar fuerzas "sólidas y preparadas para el combate" para ampliar los actuales batallones desplegados en ocho países de la zona (Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, Rumanía, Bulgaria, Hungría y Eslovaquia).

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El refuerzo del despliegue militar que Washington tiene en el continente europeo, y que ha anunciado este miércoles el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, también sigue esta línea. Además del incremento del número de destructores en la base naval de Rota, que pasarán de cuatro a seis, EE.UU. incrementará los recursos militares destinados en Polonia, Rumanía, el Reino Unido, Alemania, Italia y los países bálticos (Letonia, Estonia y Lituania). Concretamente, se añadirá un cuartel de brigada permanente en Polonia, una brigada rotatoria de unos 3.000 militares en Rumanía, un refuerzo de la fuerza aérea rotatoria en el Báltico, un incremento de las defensas antiaéreas en Italia y Alemania y, finalmente, dos nuevos escuadrones de aviones F-35 en el Reino Unido.

Biden ha recordado que el nuevo paquete de medidas no deja de ser la continuación de un proceso de refuerzo que la Casa Blanca ya inició para hacer frente a la amenaza rusa. A principios de año, por ejemplo, envió 20.000 soldados, cosa que hizo que el total de militares norteamericanos que operan en el Viejo Continente superen ya los 100.000.

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Todo ello, como ya se esperaba, implicará un incremento del gasto militar. En la cumbre de Gales del 2014, se fijó como objetivo que los aliados destinaran a este concepto hasta el 2% de su PIB, pero muchos socios todavía estabann lejos de esta cifra. El ataque ruso contra Ucrania ha supuesto un rearme considerable entre muchos gobiernos occidentales: ahora, 9 de los 30 estados miembro igualan o superan la recomendación de la OTAN de dedicar a defensa más del 2% del presupuesto, pero 19 tienen el compromiso de llegar en 2022 y los 30 se han comprometido de hacerlo el 2024. Paralelamente, también se subirá la financiación del organismo, que ahora es de unos 2.500 millones de euros al año.

Desde el corazón de la guerra, Volodímir Zelenski debe de estar satisfecho al menos por esta tendencia. Se había especulado si el presidente ucraniano, convertido en un icono global de la resistencia contra Rusia, estaría presencialmente en Madrid. Finalmente, su gobierno lo desestimó: la guerra no afloja. El mandatario ha participado en la cumbre telemáticamente, vestido con su habitual camiseta de color verde militar, para recordar que cada día civiles inocentes mueren bajo las bombas a no tantos kilómetros de la capital española. Armas y dinero para defenderse de Moscú, ha pedido Zelenski, que ha recordado que en su país "se está jugando el futuro de la orden mundial".

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El Sahel, en su punto de mira

Uno de los otros puntos destacados es que el nuevo concepto estratégico nacido en Madrid pone en el punto de mira el Próximo Oriente, África del Norte y, sobre todo, el Sahel. Era una de las reivindicaciones de los estados del sur Europa, que miran con preocupación la creciente inestabilidad en esta región africana, donde en los últimos meses se han producido varios golpes de estado y donde el yihadismo tiene cada vez más presencia. "Los conflictos, la fragilidad y la inestabilidad en África y el Próximo Oriente afectan directamente nuestra la seguridad y la seguridad de nuestros socios", concluye el texto.

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También es decisiva una concreción importante sobre los ciberataques, que serán cruciales –de hecho, ya lo son– en las guerras del futuro. Según la hoja de ruta, la OTAN podrá invocar el artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte, que obliga a los aliados a actuar ante la agresión en el territorio de uno de los estados miembro, en caso de que "un solo ataque o un seguido acumulado de actividades cibernéticas maliciosas" afecte a uno de los socios. Se equipara, pues, este tipo de agresiones telemáticas con los ataques armados. No deja de ser un mensaje para Rusia y China, dos países notablemente potentes en este ámbito y que llevan tiempo utilizando estas tácticas híbridas para desestabilizar a sus rivales.

Paralelamente, el terrorismo permanece como una amenaza constante, "la más directa de carácter asimétrico contra la seguridad de los ciudadanos". La alianza también enfatiza el gran reto que supone la crisis climática y todas las consecuencias –sociales y económicas– que se derivarán de ello.

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Mostrar sintonía y unidad

La jornada del miércoles, intensa, se cerraba en el museo de Prado, donde todos los líderes estaban convocados a una cena en la que un pletórico Pedro Sánchez ejercía de nuevo como anfitrión. Ante las cámaras, los 30 jefes de estado y de gobierno exhibían una sintonía casi idílica: abrazos entre el alemán Olaf Scholz y el francés Emmanuel Macron, o entre Boris Johnson y el mismo Sánchez, risas en prácticamente todos los grupos que se formaban y rostros de admiración observando las obras de arte que pueblan el museo madrileño. Este ambiente de cohesión fue una constante a lo largo de toda la jornada. Y posiblemente, y como pasa a menudo en el arte de la diplomacia, estaba más que estudiado: el encuentro de Madrid, como llegó a confesar el mismo Stoltenberg, también quiere ser una muestra de "unidad" y "sintonía" ante la Rusia de Putin.

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En este sentido, hay otra gran noticia para la Alianza Atlántica: la luz verde al proceso de adhesión de Suecia y Finlandia, que el martes superó el bloqueo de Turquía y que este miércoles se oficializaba después de la invitación formal de todos los aliados. La neutralidad histórica de los dos estados nórdicos se acaba por miedo al anhelo expansionista del Kremlin. Varios analistas lo leen como una derrota importante para Moscú, pero seguramente fue Stoltenberg quien mejor supo definir la importancia simbólica de este movimiento: "Putin quería menos OTAN. Ahora tiene más OTAN, y junto a sus fronteras".