Empieza una nueva era sin límites en las armas nucleares
El fin del tratado New Start entre Rusia y EEUU abre sus puertas a una carrera armamentista atómica
MoscúEste jueves 5 de febrero de 2026 es una fecha histórica, de las que honran este adjetivo en sobreuso. Expira el New Start, el último tratado que pone límites a las armas nucleares estratégicas de las grandes potencias atómicas, Rusia y Estados Unidos. Con su vencimiento, termina más de medio siglo de control sobre el desarrollo militar de la tecnología más mortífera que ha creado la humanidad. Vladimir Putin lleva meses ofreciendo a Donald Trump prorrogar un año el acuerdo, pero Washington ha ignorado sus súplicas, temeroso de una China que no tiene intención de abandonar la producción de cabezas nucleares.
El tratado establece límites a las armas atómicas estratégicas, es decir, aquellas que cada bando utilizaría para golpear a los centros políticos, militares e industriales clave del oponente en caso de una guerra nuclear. Acota el número de cabezas desplegadas a 1.550 por cada país, con un máximo de 800 sistemas de lanzamiento (misiles terrestres, submarinos con misiles cargados y bombarderos), de los que sólo 700 pueden estar activos y operativos. Además, contempla un sistema de inspecciones presenciales y una base de datos compartida para que cada parte pueda asegurarse en cualquier momento que la otra cumple los compromisos.
Ahora bien, la confianza entre estados, fundamental para este tipo de mecanismos, ya hace tiempo que estaba agrietada. Con la pandemia del coronavirus se cancelaron estas visitas de supervisión, y en 2023, en plena guerra de Ucrania, Putin anunció que suspendía el tratado por el apoyo estadounidense a Volodímir Zelenski. Y, sin embargo, unos y otros siguieron ciñiéndose a los límites fijados por el pacto.
El regreso de Trump a la Casa Blanca, sin embargo, precipitó un cambio de posición en Estados Unidos. Entre los políticos y expertos estadounidenses fue extendiéndose el consenso de que había llegado la hora de ampliar el arsenal atómico estratégico. Los principales argumentos son los supuestos incumplimientos del tratado por parte de Rusia y el miedo a que las armas nucleares de Moscú y Pekín combinadas rompan el equilibrio entre potencias. Por eso Washington quiere disponer del potencial de atacar ambas capitales simultáneamente.
Según explica al ARA Pavel Podvig, uno de los principales especialistas rusos en armamento nuclear, los argumentos estadounidenses son, en gran medida, "ideológicos". Desde su punto de vista, buscan eliminar "cualquier limitación impuesta en Estados Unidos" y "simplemente quieren aprovechar el momento". El estudioso cree que la administración Trump intenta enviar "un mensaje de firmeza a China", pero les advierte: "Se arrepentirán. Algunos sectores piensan que, si ganaron la carrera armamentista con la Unión Soviética, también la ganarán con China. Pues buena suerte".
El Kremlin, mientras, ha llevado a cabo una campaña de presión sobre la Casa Blanca, alertándoles de un futuro catastrófico sin medidas para frenar la expansión nuclear. Por un lado, según Podvig, Putin quiere presentarse como un socio "responsable", pero la realidad es que elstatu quo conviene a Rusia: lleva ventaja en la carrera armamentista, siendo que su seguridad está garantizada y, por tanto, no quiere alentar a Estados Unidos a coger impulso y romper el equilibrio.
¿Una nueva carrera armamentista?
Sobre el papel, una vez expirado el tratado, cada bando tendrá libertad para incrementar sus arsenales nucleares, pero esto no ocurrirá de un día para otro. Podvig no ve factible que los estadounidenses aumenten sustancialmente sus misiles o submarinos atómicos porque están teniendo ya problemas de presupuesto con los sistemas antibalísticos terrestres. Rusia, mientras, está inmersa en una guerra que tampoco le permite invertir más allá del campo de batalla de Ucrania. Y en cuanto a China, que podría tener mayor margen, "tampoco es esperable una expansión significativa", dice. "Incluso en el peor escenario, en el que los chinos lograran mil ojivas en el 2030, comparadas con las que tienen Rusia y Estados Unidos, no se podría hablar de una verdadera carrera armamentista", concluye.
Sin embargo, tanto Putin como Trump llevan meses desencadenando el fantasma de la escalada nuclear. Por un lado, Moscú, sacando pecho de las pruebas del misil de crucero propulsado con energía atómica Burevéstnik, el submarino nuclear Posidón, o el misil balístico Oréshnik, capaz de llevar una ojiva. Ninguno de estos sistemas se incluye dentro de las limitaciones del New Start. Y por otra, Trump, que ha respondido ordenando pruebas nucleares y ha continuado impulsando el proyecto de la Cúpula Dorada, un escudo antimisiles de última generación, que Moscú y Pekín entienden como una amenaza al equilibrio estratégico global.
¿Es posible un nuevo acuerdo?
El presidente de Estados Unidos está obsesionado con incluir a China en un nuevo tratado de control de armas atómicas, pero Xi Jinping no quiere ni oír hablar hasta que no alcance la paridad con Washington. También Putin quiere sentarse en la mesa de negociación Francia y Gran Bretaña. "Soy muy escéptico", afirma Podvig, quien explica que "los tratados reflejan el estado general de las relaciones" entre potencias y que, mientras no mejoren, no es plausible un nuevo acuerdo.