Putin se aferra a los servicios secretos para sofocar los fantasmas de un golpe de estado
El Kremlin utiliza los falsos rumores de levantamiento para endurecer la represión interna y sofocar el malestar de las élites
MoscúEn los últimos 25 años, el colapso de Rusia y del régimen de Vladímir Putin se ha vaticinado en incontables ocasiones. Últimamente, estos rumores han reavivado entre los analistas occidentales después de que la inteligencia europea hiciera correr informes sobre un posible golpe de estado y el miedo del presidente ruso a ser víctima de un asesinato por parte de su entorno. El descontento por la delicada situación económica, las crecientes restricciones en internet y la fatiga de una guerra que cada vez causa más estragos en las ciudades rusas están crispando a las élites, pero el sistema no se tambalea ni se agrieta. Al contrario, el malestar, la desconfianza y las intrigas pueden provocar un aumento de la represión interna y un empoderamiento aún mayor de los servicios secretos.
Los analistas coinciden en que los síntomas de estrés de las estructuras del régimen son anómalos. Los índices de popularidad del presidente se encuentran en niveles mínimos, los ciudadanos y los empresarios están desconcertados por el celo con que el FSB –la antigua KGB– intenta proteger a su líder a cualquier precio, incluso a riesgo de perjudicar una economía que hace tiempo que da señales de agotamiento, y el ejército no puede brindar al Kremlin ningún triunfo notable en el frente de Ucrania. Esto se traduce en dudas entre los altos funcionarios y los oligarcas sobre el rumbo del país y de quién lo capitanea. Pero Putin sigue confiando ciegamente en los siloviki, los servicios de seguridad. No tiene previsto relajar las limitaciones a internet, de las cuales está convencido, y descarga en sus tecnócratas la tarea de vender al público las prohibiciones sin aparecer él como culpable.
Según el periodista Aleksandr Koliandr, lejos de buscar la conciliación, esta presión social puede empujar al dirigente ruso a incrementar los esfuerzos militares para \u201ylegimitar un endurecimiento interno mayor y redirigir la ira pública hacia un adversario externo”. Desde su punto de vista, cuantos más ataques de larga distancia lance Kiev y más atentados selectivos lleve a cabo, más se disparará el pánico entre las fuerzas de seguridad y más autoridad se conferirá al FSB y al FSO, el cuerpo que protege a Putin. Al mismo tiempo, también ve probable que el Kremlin recurra a nuevas fórmulas de movilización para enviar hombres a luchar en primera línea.Un golpe de estado imposible
“Muchos de los acontecimientos que ahora se interpretan como signos de debilidad pueden ser utilizados por los servicios de seguridad para reforzar con más dureza los mismos métodos que han mantenido a Putin en el poder durante décadas”, escribe Sean Wisswesser, experto en inteligencia y espionaje rusos. Uno de estos signos es el rumor de conspiraciones alrededor del líder del Kremlin. Según el informe anónimo de los espías europeos publicado por varios medios, el jefe de esta conjura sería el exministro de Defensa Serguéi Xoigú, actual secretario del Consejo de Seguridad. El especialista en Rusia Mark Galeotti encuentra “especialmente ridículo” sugerir esta hipótesis. Xoigú fue destituido por los errores en los primeros días de la invasión y por la corrupción de su entorno. Por este motivo Galeotti considera “imposible imaginar que posea la autoridad y la credibilidad” dentro del ejército para derrocar a Putin, además de no tener ninguna ascendencia sobre el FSB.
“Sospechosamente, se parece más a una estrategia psicológica destinada a generar paranoia entre la élite rusa que a una evaluación seria”, añade el experto. Para Wisswesser, “la Rusia de Putin se construyó para sobrevivir precisamente a momentos como este” y las investigaciones, las detenciones y las purgas selectivas “pueden servir a finalidades políticas”, creando “incertidumbre dentro de los círculos de la élite”, al tiempo que “justifican medidas más duras en toda la sociedad.”
El experto en espionaje cree que este “dominio de los mecanismos de la supervivencia autoritaria” se explica porque Putin ya llegó al cargo “inmerso en la cultura y las operaciones de los servicios de seguridad soviéticos”. “No fue simplemente un político que adoptó el autoritarismo después de asumir el poder; fue un oficial de carrera del KGB que llegó al poder entendiendo la vigilancia masiva, la coacción y el control de la élite desde dentro.”, apunta. Además, sostiene que “ha aprendido de los fracasos de otros dictadores” y no se dejará cazar como Muamar al-Gadafi, Nicolás Maduro o Alí Jamenei.A todo esto hay que sumarle que las élites no tienen agencia, ni voluntad política, ni mecanismos de organización, tal como señala Borís Bondarev, diplomático ruso que abandonó el país como protesta por la guerra. “La élite rusa se encuentra en una trampa peculiar”, afirma. Según él, el principal problema es que “no existe una alternativa clara” a Putin y, como el conflicto en Ucrania es “una consecuencia directa de los esfuerzos por conservar las estructuras de poder existentes”, rebelarse contra el presidente ruso y abandonar la guerra “supondría el riesgo de perder su propia influencia”.